martes, noviembre 13, 2007

Juan Barjola (el papa negro)





En el invierno del año 2004 murió el pintor Juan Barjola.
Extremeño , nacido en Torre de Miguel Sesmero. Es autor de una “Tauromaquia” extraordinaria.
( Semblanza de Umbral )
JUAN BARJOLA
FRANCISCO UMBRAL
Por estas fechas se cumplen dos años del fallecimiento de Juan Barjola, hombre que había luchado toda su vida por ser quien ya era y murió cuando lo tenía todo: la fama, la gloria, el dinero, el renombre antes que el nombre y ese parentesco artístico con Bacon que él interpretaba como una mentira, pero era una verdad honrosa.
Cogíamos el mismo autobús en la Moncloa -ah, días felices en Argüelles- y viajábamos siempre de pie, al fondo del autobús y ventilando el mismo tema: si él era o no era un discípulo de Bacon. De pronto tuvo una fundación por Extremadura, que era su tierra, y un buen hoyo para enterrar sus trabajosos dineros, que también tenía fama de apañón. Este tópico, o sea que había robado a la pintura para enterrarlo todo en su huerto de Extremadura, eran dos cosas que amargaron su vida, pues Juan tenía tendencia a la melancolía, al dolor del bien ajeno, como dijera Gracián.
Después de tomar unos cafés en el Gijón, que es adonde íbamos, Barjola, que tenía conocimiento de mi afición sincera por su pintura, me invitaba a coger otro autobús o un tranvía para seguir hasta su taller, que estaba por los altos de la carretera de Valencia, al otro lado del río. Allí me mostraba su obra en marcha cuando las estrellas municipales se apagaban y unas estrellas de aceite palpitaban en cualquier lejanía. Todavía tengo en casa algunos buenos cuadros de Barjola. En Puerta de Hierro, la Tauromaquia del pintor, que es lo más cercano a la Tauromaquia de Goya.
El viejo reloj de Juan Barjola iba con el Gijón, o sea que a las dos o tres de la tarde se tomaba el primer café con Quirós, Novillo, Antonio López y toda la tertulia de pintores que allí se fraguaba, cerca del mostrador, para hacer crítica de arte en serio en lugar de esas mariposas de papel que escriben los pintores cuando se ponen a teorizar. Luego se despedía a media voz, porque tenía voz de tímido, y se iba al taller para seguir creando. Efectivamente, tenía un parentesco con el inglés Bacon, pero los diferenciaba el tono, el acento. Barjola pintaba el monstruo español y Bacon el monstruo inglés para la Tate Gallery. Juan tenía menos imaginación que Bacon, pero más sentimiento de la vida y sus niños solitarios y deformes. No pintaba boxeadores negros ni millonarios carnívoros, pero era absolutamente pintor y ahí está. Yo creo que últimamente pintaba más iluminado por la distante luz de Extremadura, que es una tierra de lejanías se pinte desde donde se pinte. Barjola tenía, más o menos, la cabeza de Góngora, pero en obrero. Él pintaba como si no supiese lo artista que era. Pertenecía, como todos, a la generación de pintores de posguerra y todo él tenía algo de carpintero equivocado.
Yo cogía el autobús porque era pobre, pero Juan sólo era un millonario vestido de pobre y racaneado de arriba abajo. Era un hombre bueno, hizo una gran fundación en Extremadura y ahora hace dos años que las chispas no iluminan su trabajo nocturno. Los contertulios hacían broma de su pobreza, pero era el único millonario en sandalias que pisaba por el café.

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