“El
toro debe imponer su fuerza y su casta, pero hoy los toreros deben
mimarle y las ganaderías están en caída libre. Antes, había una
gran diversidad de encastes y todos embestían: Santa Coloma, Núñez,
Atanasio... Hoy todo es uniforme. Los ganaderos intercambian su
sementales y venden en pública subasta los toros indultados. Jamás
vi un toro tan pequeño y con tan poca fuerza como el que fue
indultado en Sevilla... Es cualquier cosa”. Lo mismo ocurre entre
los toreros: ¿dónde están las grandes personalidades de antes,
como Belmonte, que atraía a la intelectualidad de su tiempo, o
Manolete, Dominguin, Ordóñez y El Cordobés, que encarnaban, con
razón, a los iconos de su época, al mismo nivel que las estrellas
de Hollywood que atravesaban el Atlántico, para fotografiarse en su
compañía? Esta pérdida de aura, Ojeda lo explica sin dificultad:
“No se aprende a torear. Aprendemos a dar pases, pero no a sentir
el toreo. Lo que tú haces de manera natural, es lo que harás toda
tu vida. Tu intuición y tu inteligencia dictan tu toreo. Y debes
servirte de eso para llenar el espacio. Hay que torear como somos”.
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martes, septiembre 23, 2014
miércoles, septiembre 17, 2014
Sobre José Escobar
En
1940, las cuatrocientas cabezas compradas a Graciliano -que habían
permanecido cuatro años cerca de Ciempozuelos, en unas tierras
alquiladas a la familia Esteban Hernández- emprendieron el viaje
hacia el sur. Entonces, Santiago tenía dieciséis años y trabajaba
con su padre, mayoral en casa de Sánchez Rico, donde
el astuto José Escobar le convenció para que se trasladara a la
marisma. Santiago hizo el viaje
en tren con los animales, una novedad en la historia de la ganadería
brava, después participó en el traslado a
Salteras y, finalmente, en
la última recta del periplo a pie. “Los ganaderos de la
comarca -Pablo Romero, Concha y Sierra, Pérez de la Concha,
Miura...- participaron enviando ochenta cabestros y decenas de
jinetes... Separamos la manada en seis camadas y, dos días después,
los gracilianos llegaron aquí”.
Desde
los primeros años de su aventura, José Escobar encontró un hueco
en las ferias. Impulsados por su etapa
salmantina, los gracialianos de la marisma participaron en las tardes
más bellas de Manolete -y a la inversa-, hasta el punto que, a
menudo, éste los imponía, como en Pamplona o Valencia, para
corridas triunfales. Algo que dio pie a una jugosa
anécdota, cuando el ganadero, tan anglófilo, viajó a Londres para
ofrecerle a Winston Churchill la cabeza disecada de uno de los toros
lidiados por Manolete -concretamente el 23 de julio de 1944 en
Valencia-, que tenía en la testuz una mancha blanca en forma de V dela victoria similar a la inmortalizada por el primer ministroinglés...
Tierras Taurinas - Opus 28 "Viaje a la Marisma"
martes, septiembre 09, 2014
Sobre La Huerta del Algarrobo
Urbanizada hoy en su totalidad, la Huerta del Algarrobo, en el número
2 de la antigua calle de La Fuente, en Gelves, fue el primer
escenario donde se coció la Edad de Oro. Allí, a seis kilómetros
de Sevilla y a unos 12 de La Puebla, vivió la familia de Fernando El
Gallo, a quien la casa de Alba le había concedido un puesto de
guardia para que pudiera mantener a su familia. Se le consideraba uno
de los primeros toreros con sello artístico, de mucho repertorio y
grandes conocimientos, y tuvo en su cuadrilla, nada menos, que a
Rafael Guerra “Guerrita”. Pero, una vez retirado, la economía
familiar no estaba para tirar cohetes. Cuando su hijo mayor, Rafael,
cumplió seis años, don Fernando mandó construir una placita de
toros a la vera de su casa para enseñarle todo lo que él sabía. Y
mientras crecía Rafael, fueron uniéndose a las clases su hermano
Fernando, y hasta el pequeño José, que con dos añitos ya
estoqueaba a sus hermanos bajo la mirada del padre, que falleció ese
mismo año. Con trece años, Rafael encabezó una cuadrilla de niños
toreros donde ingresó un muchacho cordobés anunciado como “Reondo”,
el futuro “Machaquito”. Para la gitanería de la huerta de
Gelves, Rafael tenía un destino marcado: sacar a todos los Gallos de
la penuria donde sobrevivían con desenvoltura. Justo antes de
fallecer, en agosto de 1897, Fernando el Gallo llamó a una de sus
hijas, le pidió papel y pluma, y trazó las siguientes líneas: “A
mi compadre Guerrita. En la hora de mi muerte que no deje sin pan a
mis hijos. Se lo pide moribundo su compadre”.
Tierras Taurinas . Opus 28 "Viaje a la marisma del Guadalquivir"
Foto: Vista de Gelves en 1899. En primer plano, Joselito -entre sus hermanosFernando y Rafael- frente a la entrada de la Huerta del Algarrobo, donde vivía con su familia. ( La razón incorpórea)
Foto: Joselito entrando a matar con su hermano mayor, Fernando
bajo la atenta mirada de su padre
miércoles, septiembre 03, 2014
"Viaje a la Marisma". El nuevo número de Tierras Taurinas ya a la venta
Cuna de mitos y
leyendas, la marisma del Guadalquivir ha sido la patria de todos los
encastes fundacionales : Rivas, Vistahermosa, Cartujos, Ulloa,
Vazqueños, Cabrera... A partir de este toro autóctono que criaron
ahí mismo, siglos antes, los Tartesicos y los Fenicios, nacieron las
ganaderías más emblemáticas de nuestra Historia. Desde todas se
veía la Giralda pero de este esplendor pasado sólo quedan hoy las
de Escobar, Peralta, Garcia Campos, y algo de Pablo Romero. Ahí
también los Gallos empezaron a volar y Juan Belmonte a hacer luna.
Ahí nació el último gran revolucionario del toreo, Paco Ojeda, y
el que lo fue del rejoneo, Ángel Peralta.
La foto de esta portada
simboliza a la perfección el profundo cambio producido en la
idiosincrasia de la marisma : en la plaza en ruinas de una de las
ganaderías más emblemáticas de la zona, la de Pérez de la Concha,
Morante simula el primer pase que dio en este mismo escenario siendo
un crío. El mensaje es sencillo : antaño cuna de las ganaderías de
postín, la marisma lo es hoy del torero más artista, quien
descubrió su vocación precisamente en este lugar por su
indiscutible entorno torista. Lo cual permite establecer un paralelo
evidente entre la evolución de la marisma y la Fiesta : ambas han
avanzado hacia una explotación racional de sus recursos naturales,
mientras que el precio de su éxitoha supuesto la renuncia de una
parte de su identidad.
Ofrece reportages a las
ganaderías de Hato Blanco, Campos Peña, Escobar, Peralta, Pérez de
la Concha, otros a Paco Ojeda, Diego Ventura, así cómo un amplío
estudio dedicado a Morante y a su Puebla.
Y por supuesto, cuenta
la historia mítica y real de la marisma.
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