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martes, septiembre 23, 2014

Habla Paco Ojeda



El toro debe imponer su fuerza y su casta, pero hoy los toreros deben mimarle y las ganaderías están en caída libre. Antes, había una gran diversidad de encastes y todos embestían: Santa Coloma, Núñez, Atanasio... Hoy todo es uniforme. Los ganaderos intercambian su sementales y venden en pública subasta los toros indultados. Jamás vi un toro tan pequeño y con tan poca fuerza como el que fue indultado en Sevilla... Es cualquier cosa”. Lo mismo ocurre entre los toreros: ¿dónde están las grandes personalidades de antes, como Belmonte, que atraía a la intelectualidad de su tiempo, o Manolete, Dominguin, Ordóñez y El Cordobés, que encarnaban, con razón, a los iconos de su época, al mismo nivel que las estrellas de Hollywood que atravesaban el Atlántico, para fotografiarse en su compañía? Esta pérdida de aura, Ojeda lo explica sin dificultad: “No se aprende a torear. Aprendemos a dar pases, pero no a sentir el toreo. Lo que tú haces de manera natural, es lo que harás toda tu vida. Tu intuición y tu inteligencia dictan tu toreo. Y debes servirte de eso para llenar el espacio. Hay que torear como somos”.

Tierras Taurinas. Opus 28 "Viaje a la Marisma" 

miércoles, septiembre 17, 2014

Sobre José Escobar


En 1940, las cuatrocientas cabezas compradas a Graciliano -que habían permanecido cuatro años cerca de Ciempozuelos, en unas tierras alquiladas a la familia Esteban Hernández- emprendieron el viaje hacia el sur. Entonces, Santiago tenía dieciséis años y trabajaba con su padre, mayoral en casa de Sánchez Rico, donde el astuto José Escobar le convenció para que se trasladara a la marisma. Santiago hizo el viaje en tren con los animales, una novedad en la historia de la ganadería brava, después participó en el traslado a Salteras y, finalmente, en la última recta del periplo a pie. “Los ganaderos de la comarca -Pablo Romero, Concha y Sierra, Pérez de la Concha, Miura...- participaron enviando ochenta cabestros y decenas de jinetes... Separamos la manada en seis camadas y, dos días después, los gracilianos llegaron aquí”.

Desde los primeros años de su aventura, José Escobar encontró un hueco en las ferias. Impulsados por su etapa salmantina, los gracialianos de la marisma participaron en las tardes más bellas de Manolete -y a la inversa-, hasta el punto que, a menudo, éste los imponía, como en Pamplona o Valencia, para corridas triunfales. Algo que dio pie a una jugosa anécdota, cuando el ganadero, tan anglófilo, viajó a Londres para ofrecerle a Winston Churchill la cabeza disecada de uno de los toros lidiados por Manolete -concretamente el 23 de julio de 1944 en Valencia-, que tenía en la testuz una mancha blanca en forma de V dela victoria similar a la inmortalizada por el primer ministroinglés...

Tierras Taurinas - Opus 28 "Viaje a la Marisma"

martes, septiembre 09, 2014

Sobre La Huerta del Algarrobo


Urbanizada hoy en su totalidad, la Huerta del Algarrobo, en el número 2 de la antigua calle de La Fuente, en Gelves, fue el primer escenario donde se coció la Edad de Oro. Allí, a seis kilómetros de Sevilla y a unos 12 de La Puebla, vivió la familia de Fernando El Gallo, a quien la casa de Alba le había concedido un puesto de guardia para que pudiera mantener a su familia. Se le consideraba uno de los primeros toreros con sello artístico, de mucho repertorio y grandes conocimientos, y tuvo en su cuadrilla, nada menos, que a Rafael Guerra “Guerrita”. Pero, una vez retirado, la economía familiar no estaba para tirar cohetes. Cuando su hijo mayor, Rafael, cumplió seis años, don Fernando mandó construir una placita de toros a la vera de su casa para enseñarle todo lo que él sabía. Y mientras crecía Rafael, fueron uniéndose a las clases su hermano Fernando, y hasta el pequeño José, que con dos añitos ya estoqueaba a sus hermanos bajo la mirada del padre, que falleció ese mismo año. Con trece años, Rafael encabezó una cuadrilla de niños toreros donde ingresó un muchacho cordobés anunciado como “Reondo”, el futuro “Machaquito”. Para la gitanería de la huerta de Gelves, Rafael tenía un destino marcado: sacar a todos los Gallos de la penuria donde sobrevivían con desenvoltura. Justo antes de fallecer, en agosto de 1897, Fernando el Gallo llamó a una de sus hijas, le pidió papel y pluma, y trazó las siguientes líneas: “A mi compadre Guerrita. En la hora de mi muerte que no deje sin pan a mis hijos. Se lo pide moribundo su compadre”.

Tierras Taurinas . Opus 28 "Viaje a la marisma del Guadalquivir"

Foto: Vista de Gelves en 1899. En primer plano, Joselito -entre sus hermanosFernando y Rafael- frente a la entrada de la Huerta del Algarrobo, donde vivía con su familia. ( La razón incorpórea)
Foto: Joselito entrando a matar con su hermano mayor, Fernando
bajo la atenta mirada de su padre 

miércoles, septiembre 03, 2014

"Viaje a la Marisma". El nuevo número de Tierras Taurinas ya a la venta

Cuna de mitos y leyendas, la marisma del Guadalquivir ha sido la patria de todos los encastes fundacionales : Rivas, Vistahermosa, Cartujos, Ulloa, Vazqueños, Cabrera... A partir de este toro autóctono que criaron ahí mismo, siglos antes, los Tartesicos y los Fenicios, nacieron las ganaderías más emblemáticas de nuestra Historia. Desde todas se veía la Giralda pero de este esplendor pasado sólo quedan hoy las de Escobar, Peralta, Garcia Campos, y algo de Pablo Romero. Ahí también los Gallos empezaron a volar y Juan Belmonte a hacer luna. Ahí nació el último gran revolucionario del toreo, Paco Ojeda, y el que lo fue del rejoneo, Ángel Peralta.
La foto de esta portada simboliza a la perfección el profundo cambio producido en la idiosincrasia de la marisma : en la plaza en ruinas de una de las ganaderías más emblemáticas de la zona, la de Pérez de la Concha, Morante simula el primer pase que dio en este mismo escenario siendo un crío. El mensaje es sencillo : antaño cuna de las ganaderías de postín, la marisma lo es hoy del torero más artista, quien descubrió su vocación precisamente en este lugar por su indiscutible entorno torista. Lo cual permite establecer un paralelo evidente entre la evolución de la marisma y la Fiesta : ambas han avanzado hacia una explotación racional de sus recursos naturales, mientras que el precio de su éxitoha supuesto la renuncia de una parte de su identidad.
Ofrece reportages a las ganaderías de Hato Blanco, Campos Peña, Escobar, Peralta, Pérez de la Concha, otros a Paco Ojeda, Diego Ventura, así cómo un amplío estudio dedicado a Morante y a su Puebla.

Y por supuesto, cuenta la historia mítica y real de la marisma.