Los biempensantes de
cada época no se caracterizan sólo porque sus creencias y prácticas sean mayoritarias
o dominantes, sino por la virulencia con que tratan de imponérselas al conjunto
de la sociedad. Hoy ya no se exige —como en el XIX, y aquí hasta la muerte de
Franco— religiosidad, respeto a los símbolos y a los padres, amor a la patria y
cosas por el estilo. Hoy ha cambiado lo “sagrado”, pero la furia y la
persecución contra quienes no se adscriben a los nuevos dogmas adolecen del
mismo fanatismo que las del pasado. La burguesía biempensante exige, entre
otros cultos, lo siguiente: hay que ser antitaurino en particular y defensor de
los “derechos” de los animales en general (excepto de unos cuantos, como las
ratas, los mosquitos y las garrapatas, que también fastidian a los animalistas
y les transmiten enfermedades); hay que ser antitabaquista y probicis, vetar
puntillosa o maniáticamente por el medio ambiente, correr en rebaño, tener un
perro o varios (a los cuales, sin embargo, se abandona como miserables al
llegar el verano y resultar un engorro), poner a un discapacitado en la empresa
(sea o no competente), ver machismo y sexismo por todas partes, lo haya o no.
(A eso ha ayudado mucho la proliferación del prefijo “micro”: hay estudiantes
que ven “microagresión” cuando un profesor les devuelve los exámenes con
correcciones; asimismo hay mujeres que detectan “micromachismo” en el gesto
deferente de un varón que les cede el paso, como si ese varón no pudiera
hacerlo igualmente con un miembro de su propio sexo: cortesía universal, se
llamaba.) Ver también por doquier racismo, y si no, colonialismo, y si no,
paternalismo. Lo curioso es que la mayoría de estos nuevos preceptos o
mandamientos de la actual burguesía biempensante los suscriben —cuando no los
fomentan e imponen— quienes presumen de ser “antisistema” y de oponerse a todas
las convenciones y doctrinas. No es cierto: tan sólo sustituyen unas por otras,
y se muestran tan celosos de las vigentes —con un espíritu policial y censor
inigualable— como podían serlo de las antiguas un cura, una monja, un general,
un notario o un procurador en Cortes, por mencionar a gente tradicionalmente
conservadora y “de orden”.
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Marías. Mostrar todas las entradas
domingo, mayo 28, 2017
miércoles, octubre 14, 2015
Las palizas y las frases (Javier Marías)
La
frase más tosca y peor redactada ha debido pensarse mínimamente
antes de darle a la tecla. Ha debido construirse. Por seguir con la
rabia antitaurina, si un torero es cogido gravemente, el comentario
en el bar sería más o menos: “Ojalá el toro lo hubiera matado”.
Un tuit, se quiera o no, es siempre un poco más elaborado: “Lo
único que lamento es que no te reventara la femoral y te desangraras
como un cerdo, hijo de puta asesino”, por ejemplo. Esto queda, se
retuitea y se propaga, a diferencia del comentario oral. Guste o no,
hay ahora un lugar plagado de frases deseándoles la muerte a otros,
o amenazándolos con ella. Frases que flotan indefinidamente, que
permanecen, que no se las lleva el viento, como se decía
tradicionalmente que ocurría con las palabras. Pasar a la
realización de los deseos es tanto más tentador y fácil cuanto
menos efímera es la expresión de esos deseos, o cuanto es más
persistente. En lo escrito no se suele matizar con el tono, sea de
exageración, de guasa, de ganas de provocar y escandalizar… sin ir
del todo en serio. Cabe la literalidad en mucha mayor medida que en
lo dicho. A todo esto tampoco se le concede importancia, o apenas. El
paso siguiente a la literalidad, sin embargo, el que jamás debería
darse, es cumplir las amenazas y los deseos… eso, al pie de la
letra, como si aún fueran sólo frases.
Javier Marías- Las palizas y las frases-
martes, octubre 13, 2015
Retrato-fantasía (Javier Marías)
Muchos
ciudadanos de nuestro país (pero no sólo del nuestro) se han
dibujado un retrato-fantasía de sí mismos. Cuando se miran al
espejo sólo admiten ver esa composición idealizada, y con
frecuencia necesitan o exigen que sus gobernantes y compatriotas se
amolden también a ese retrato y sean armónicos con él, para que
“el cuento acabe bien” y su ideal salga triunfante; y de ahí que
a menudo no consientan la discrepancia, ni la objeción ni la pega.
Un prototipo de retrato-fantasía (bastante predominante, o por lo
menos extendido) es el que obliga a ser amante de los animales por
encima de todo (y a tener perro o gato); defensor a ultranza de la
naturaleza (como si ésta, no contenida, no fuera causante de
catástrofes sin cuento); fanático de la bici (aun en perjuicio de
los peatones, que son quienes menos contaminan); enemigo de la
tauromaquia (esto por fuerza), y del tabaco y del alcohol y de la
carne (aunque no tanto de las drogas); vagamente “antisistema” y
vagamente republicano; respetuoso del “derecho a decidir” (lo que
sea, excepto para los que deciden fumar, usar el coche en el centro o
ir a los toros, claro); y, sobre todo, mostrarse compasivo, solidario
y humanitario. Si el espejo no devuelve esa imagen –la conciencia
bien limpia–, el que se mira en él no lo soporta.
martes, junio 30, 2015
Tiranía de los pusilánimes (Javier Marías)
Si se erige la subjetividad de cada cual en baremo de lo que está bien o mal, de lo que es tolerable o intolerable, no les queda duda de que dentro de poco todoestará mal y nada será tolerable, empezando por el mero intercambio de opiniones, porque siempre alguien “delicado” se dará por ofendido. Si se pone la “percepción” de cada cual como límite, estamos entregando la vara de mando a los pusilánimes (y el mundo está plagado de ellos, o de los que se lo fingen): a los que se escandalizan por cualquier motivo, a los que quieren suprimir las tentaciones, a los que encuentran “hiriente” toda discrepancia, a los que ven “agresión” en una mirada o en una ironía, a los que les “duele” que no se esté de acuerdo con ellos o se sienten “inseguros” ante la menor objeción o reparo.
(...)
Es más, lo que anuncia es algo que conocemos bien en el pasado: la piel demasiado fina como pretexto para eliminar lo que no nos gusta; la persecución del pensamiento que contraviene nuestras creencias; la prohibición de lo que nos inquieta o fastidia; la imposición del silencio. De manera un tanto simple, sin duda, eso se viene resumiendo en una o dos o tres palabras: fanatismo, totalitarismo, fascismo. Elijan o busquen otra, da lo mismo.
Javier Marías - Tiranía de los pusilánimes .
nota: llego a este artículo gracias a mi amigo Gastón
(...)
Es más, lo que anuncia es algo que conocemos bien en el pasado: la piel demasiado fina como pretexto para eliminar lo que no nos gusta; la persecución del pensamiento que contraviene nuestras creencias; la prohibición de lo que nos inquieta o fastidia; la imposición del silencio. De manera un tanto simple, sin duda, eso se viene resumiendo en una o dos o tres palabras: fanatismo, totalitarismo, fascismo. Elijan o busquen otra, da lo mismo.
Javier Marías - Tiranía de los pusilánimes .
nota: llego a este artículo gracias a mi amigo Gastón
viernes, enero 08, 2010
Sobre el artículo "Los exterminadores de toros" de Javier Marías
"Que dice Javier Marías (...) que entre los torturadores taurinos y los exterminadores antitaurinos él se queda con los primeros, porque al menos hacen que exista el animal. A los pobres taurinos esto les parece un gran argumento intelectual, y lo pasan de boca en boca."Ignacio Ruiz Quintano (blog Salmonetes ya no nos quedan)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




