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domingo, junio 11, 2017

Trigésima primera y última de feria


Toros de Miura para Rafaelillo, Dávila Miura y Rubén Pinar.

Dávila Miura ha venido a matar toros de la ganadería de su familia y no lo ha conseguido, los dos toros que le correspondían han sido devueltos por inválidos y se ha tenido que conformar con un toro de Buenavista y otro de El Ventorrillo.
Estos dos sobreros, aunque flojos han dado mejor juego que los anunciados de Miura, el que ha sustituido al quinto ha empujado en el caballo más que todos los otros juntos, otra cosa es que Dávila se acoplara con ellos lo cual no ha ocurrido y nos ha ofrecido dos amagos de faenas deslucidas y tediosas al igual que Rafaelillo y Rubén Pinar con los semovientes que han tenido que pelear.
Rafaelillo ha salido a saludar al término de su faena al cuarto de forma incomprensible en medio de una oleada de protestas que le desautorizaba con creces, ha toreado toda la tarde muy despegado y aliviándose en exceso. Al primero le han dado una primera vara criminal y el toro se ha venido abajo, ha empezado la faena recortando el viaje descaradamente con dos doblones y un pase por alto que han terminado de estropear al toro, luego no nos lamentemos de que no haya faena, en esas condiciones es imposible. Muy parecido ha hecho al enfrentarse con el cuarto, que tenía un trapío perfecto de Miura y cinco años cumplidos en febrero, es el que más nos ha gustado, un toro listo que traía mucho aprendido y el resto se lo han enseñado durante la lidia y al que no se podía perder la cara, pero Rafaelillo se ha confiado, el toro ha hecho por él y suerte ha tenido de que haya sido una cogida de poca importancia, el torero ha pasado a la enfermería después de matar y salir a saludar como decíamos.

Rubén Pinar ha tenido el peor lote, es decir: dos toros inválidos, mansos y descastados con los que no ha logrado ningún lucimiento.

Los toros que Miura ha traído a Madrid no pueden ser lo mejor que tenía en su ganadería, seguro que tiene mejor ganado y se verá en otras plazas, ¿acaso la empresa no ha pagado lo suficiente y ha comprado un saldo? ¿O son tan torpes sus veedores que no distinguen un toro de lidia de un buey?

Muy desnaturalizada corrida de Miura, de escaso trapío, descastada, mansa e inválida.
Pero eso no justifica el lanzamiento de almohadillas al ruedo al finalizar el festejo que hace varios años que no se veía.

Jandro
domingo, 11 de junio de 2017
Fotos: Andrew Moore



viernes, julio 15, 2016

Sobre la corrida de Miura en Pamplona




Seis toros de Miura.
Rafaelillo, saludos y vuelta. Dávila Miura, oreja y saludos tras dos avisos. Javier Castaño, que sustituyó a Manuel Escribano, vuelta tras un aviso y silencio.
Brega buena de Joselito Rus y Raúl Ruiz. Pares excelentes de Fernando Sánchez.
LA CORRIDA DE Miura lo fue. El escaparate bastante más que el poder. Impresionantes arboladuras.
(...)
Miura fue la bandera del torismo genuino de Pamplona. Lo sigue siendo. Incluso con corridas de más guerra y resabios que entrega, como esta última. Penúltima, antepenúltima. Hilo sin fin.
Para celebrar la cifra redonda decidió torear en Pamplona Eduardo Dávila Miura, retirado hace un tiempo, todavía en edad de merecer, en estupenda forma, ni un gramo de más, cuerpo de torero. Torero alto y largo, y capaz. Preparadísimo para la ocasión: bastó verlo andar con sus dos toros, los dos, y la manera de entenderlos y gobernarlos. Las distancias, que el toro de Miura prefiere largas; el toque por delante para abrir el viaje y soltarlo sin violencia, y servirse así del viaje de vuelta, que es cuando de verdad aprieta el miura de ley; la medida de las tandas, obligadamente breves, cortadas como en seco, y despidiendo al toro hacia fuera.
Todo eso hizo bien y mejor Eduardo Dávila, encajado a modo, suelto, fácil. Esa gota de torería que conlleva la edad: veinte años de alternativa se cumplen ahora. Torería en los remates a muleta plegada en el medio desplante. Dibujo bueno en los ayudados con la izquierda. Mucha autoridad. Temple para sujetar y tener al toro, o tirar de él. Empaque que presta la figura misma. Y un exceso de confianza que en el quinto toro, traído de pronto hacia dentro como si fuera de los dóciles, y no lo era, estuvo a punto de costarle un grave disgusto. Varetazo al chaleco, la cara por las nubes.
Los doblones de apertura, buenos y bellos, le parecerían a Eduardo medicina suficiente. El toro embistió despacio, despacito toreó Eduardo. Hasta el momento de la cogida. Joselito Rus sujetó al toro en los medios con oficio superior. Refrescado, volvió Eduardo al tajo, compuesto, prevenido, prudente. El viento descubría, se alargó el trasteo, se soltaba el toro. La espada, que no entró. Un aviso, dos. El toro barbeó tablas en huida después de herido. Un descabello certero. ¡Uff…! Ese quinto toro tan despampanante se lo había brindado Dávila a su tío Antonio Miura. Arrastrado el toro, Eduardo salió a los medios para despedirse. Probablemente, para siempre.
El toro colorado de los anuncios se empleó en varas, cortó en banderillas y llegó a la muleta más pendiente de Rafaelillo que del engaño. Toro revoltoso y correoso, faena cuerpo a cuerpo entorpecida por el viento. Una estocada buena. El tercero asomó al trantrán, como si estuviera corriendo el encierro todavía, pero se hundió al cobrar la primera vara, se rebrincó, rebañó en viajes cortísimos, se apoyó en las manos. Javier Castaño, repescado para la feria como sustituto del convaleciente Escribano, le anduvo seguro. De la reunión de la estocada salió perseguido. En el último minuto le salió al toro el genio miura.
Rafaelillo saludó en tablas con larga cambiada de rodillas al cuarto, que cobró contra un burladero un estrellón que casi lo desbarata. Se derrumbó el toro en los primeros compases de faena, se defendió cabeceando después por falta de fuerza. Le dio ventajas Rafaelillo. Una estocada monumental. No cundió la petición de oreja. Rafael se indispuso con la gente del palco. Y el último toro de la feria, el miura listo que se frenó y orientó a las primeras de cambio, pegó derrotes de los desarmar, se apalancó. Mal carácter. O peor. A pesar de eso, asiento y oficio de Castaño, que conoce la ganadería y se la sabe de memoria. Los ve venir.

Barquerito


martes, abril 28, 2015

¡ Viva Miura !


Seis toros de Miura. Corrida seria y variada. Prontos y bravos en varas los seis. Segundo, cuarto y quinto dieron buen juego. Se defendió el primero. Artero el tercero. Incierto el sexto.
(...)
La corrida -600 kilos de promedio en báscula- fue de hechuras y catadura bastante diversas. Se enlotaron juntos los dos toros de más distinta traza: un segundo cárdeno claro y ojalado, largo y más bajo de lo habitual en la ganadería, y un quinto cinqueño, alto, un punto ensillado, muy alto, fuerte, de temible apariencia. Fueron los dos mejores de la corrida. Pero distintos. El segundo tuvo llamativa elasticidad y galopó en banderillas. La prontitud tan característica de los miuras pero salpicada por un son nada agresivo.
Los seis toros se emplearon en el caballo, los seis sin excepción. Este segundo vino a la segunda vara con tranco rico. Es muy de Miura que un toro de salida se vuelva, se descare y se entere. Y que se duela de la divisa. De la divisa no se dolió ninguno de estos seis. Volverse y descararse sí lo hicieron tres.

Barquerito- aquí la crónica-