lunes, julio 10, 2017

Fallecimiento del padre de Javier

Esta tarde ha fallecido el padre de Javier y queremos estar con él en estos duros momentos, estar con él de corazón, sentir con él la pérdida de la vida de un ser tan querido, acompañarle en su pena y también a su madre y a su hermano, darles ánimos para seguir adelante…
Y no nos olvidamos de Victoria que ha perdido a su abuelo, un beso muy fuerte para ti.
Fundámonos todos en un cariñoso abrazo, juntemos nuestros corazones y tengamos un especial recuerdo para esta familia tan querida.


Jandro

viernes, julio 07, 2017

martes, julio 04, 2017

Manolete


"Carmen Acosta, conocida en el barrio cordobés de La Lagunilla como Carmeluchi, recuerda cuando su abuela le comenta a su señora que el niño, con no más de seis años, apunta maneras de torero. Es una alerta para Doña Angustias, que parece estar de nuevo en la senda de un destino que siempre le llevará a la muerte. Éste es el pasaje al que se refiere Carmen:

Doña Angustias le dijo a mi abuela: "Oye, oye, Manuela, donde está el niño que se ha perdido", "Pero mi ama, ¿tú no has visto nunca a tu hijo donde está?". "Yo, no". Y ya le tuvo que decir mi abuela: "Mira, yo llevo ya unos pocos días que se me pierde el trapo del polvo y el escobón". "Entonces tendría unos cinco o seis añitos". "¿Que se te pierde el escobón, y dónde está?". Como era un niño tímido, le dijo donde estaba el niño: "Pues haciendo la corrida". "Y dónde?". "En tu dormitorio". Efectivamente, el niño daba su paseíllo, ponía sus banderillas, cogía el escobón, se subía en el barandal de la cama y hacía de picaor, y luego cogía el trapo del polvo y toreaba. La madre se quedó... ¿Desde cuando lo hace?". "Pues ya lleva haciéndolo". La madre reaccionó: "Pues yo no quiero que sea torero". Y entonces mi abuela le contestó: "Pues yo creo que éste... va a ser de los grandes". "Anda, ya, Manuela, de los grandes..." Y mi abuela insistía: "Pero tu has visto de qué manera coge el trapo, con qué elegancia...". "Manuela, éso son cosas tuyas". "Acuérdate, ama".

"El día que mataron a Manolete", de Tico Medina.

Nota: Hoy en el Club Cocherito de Bilbao


A las 19:00 h se proyectará el documental “Manolete 50 años después”. 

A las 19:30 h cautivadora conferencia titulada “Manolete. La culminación de un sueño”. El aficionado y escritor José Morente nos desvelará la importancia de Manolete en la historia del toreo, ya que como él afirma: “sin entender el toreo de Manolete, no se puede entender el toreo de hoy”. Las palabras del conferenciante estarán amparadas por una gran colección de imágenes.

lunes, julio 03, 2017

Sobre la buena novillada de María Cascón en Las Ventas


porque la verdad es que la corrida de los lisarnasios de doña María fue una espléndida lección de que todos los prejuicios hay que dejarlos en casa cada vez que se va a los toros, porque la novillada de hoy de Madrid ha sido un regalo para el aficionado, lo mismo en presentación, que ha sido pareja y equilibrada, que en comportamiento, que ha sido marcado por la casta pero también por la franqueza en la embestida, con su poco de mansedumbre -y esto no se dice ni mucho menos como nota negativa-, por la manera en que han rebatido ese lugar común de la frialdad de lo de Atanasio en los primeros tercios, y por la pena mora de que no hayan caído en otras manos que los hubiesen lucido más y les hubiesen dado más fiesta, que en esta vida hasta para ser novillo hay que tener suerte.

(…)

A la finalización del festejo la bondadosa afición venteña, a quien algunos interesados quieren pintar como ogros furibundos, aplaudió con sinceridad al conjunto de los cascones haciendo salir al mayoral a saludar. Yo disfruté una barbaridad con esta corrida, pero creo firmemente que esto que han traído dentro los novillos no es, ni mucho menos, lo que de ellos esperaban quienes los compraron. Desearía fervientemente estar equivocado



José Ramón Márquez – Aquí la crónica completa -

viernes, junio 30, 2017

Richard Ford


¡Qué extraño el encanto de este insólito espectáculo al aire libre, à l'antique, bajo el palio del cielo azul! Es cierto que apartamos nuestros ojos cuando se producen momentos especialmente desagradables, pero estos se disipan en la ferocidad poética del conjunto. El interés de la terrible tragedia es innegable, irresistible y arrollador. La exhibición de bravura varonil, de nervio, de agilidad -todo al borde mismo de la muerte- es excitante a más no poder"

Richard Ford "Manual para viajeros por España"
Grabado: G. Doré

martes, junio 27, 2017

Sobre la tarde de Iván Vicente en Las Ventas


En su puesto salió un toro, que debía llevar en los corrales desde inicio de temporada. Era manso y huidizo, al que costo picar, vamos lo de picar es un decir. Iván Vicente comenzó doblándose por bajo con él sacándoselo hacia fuera, de forma firme, algo que, a mi parecer, marco el desarrollo posterior de la faena. Con la derecha estuvo firme, con mando, bajando la mano y mucho. Pero cuando se echó la muleta a la mano izquierda, fue apoteósico. Temple, mano baja, trincherazos de lujo. Toreo del caro, pero muy caro, esos naturales de Iván Vicente. Y el final, naturales con la mano baja, temple, suavidad y trincherazos de ensueño. Aun se me eriza la piel cuando recuerdo esos naturales, arrastrando la muleta, despacio, a cámara lenta. Mata de una entera y un descabello después de un aviso. Petición mayoritaria y una oreja. Iván Vicente debe tener su sitio. He visto los mejores naturales de la temporada. Hacía tiempo que no me emocionaba como ayer.


lunes, junio 26, 2017

El día que se considere sólo como arte...

El día que se considere sólo como arte y caiga en una búsqueda desenfrenada por la estética, el espectáculo taurino entrará en una fase de decadencia que acabará provocando su desaparición. El fundamento ético de la Tauromaquia, muy anterior a la noción del arte, y más aún a la de esteticismo que nació apenas hace un siglo, surge de la capacidad del hombre para encarnar la sublimación de la Humanidad, desde el estado de naturaleza al de cultura, enfrentándose a un toro que representa, a su vez, la naturaleza salvaje, con su fiereza, su casta, su peligro y su poder. Sin esa base indispensable, el espectáculo carece de fundamento, y lo que llamamos arte se convierte en una exhibición carente de sentido, que poco tiene que ver con el rito taurino auténtico.

André Viard - prólogo del opus 44 de Tierras Taurinas-
Foto: Campos y Ruedos

miércoles, junio 21, 2017

Fandiño ( Antonio Díaz)


Tampoco ha pasado tanto tiempo desde que los yonkis de andanada, adictos a la papelina diaria de solymoscas, sonreíamos, ya desenganchados, por fin, del viejo vicio, de la puta tauromaquia, cuando apareció, como de la nada, una pantasma gallista, el montaraz Fandiño, a mi escaso entender, el matador más importante de lo que llevamos del XXI. El advenimiento del orduñés nos valdría para volver a las andadas, con una sutil diferencia: por fín había alguien que anteponía la autenticidad a la banalidad; la integridad a la corrupción -verdadera Fiesta Nacional-; la hombría castellana a la mojigatería clavelera y la heroicidad a la pamplina esa del arte.



Fandiño fue, es, y será por los siglos de los siglos, ojito derecho de la denostada afición torista, sectarios del toro cabrón, tertulianos de cossío y tuiter, esa chusma selecta a la que con tanto agrado pertenece uno. Nunca olvidaremos sus faenas, ya reproducidas en la retina en blanco y negro, a lo toreo de autor, el pulso a los jésiete, luego a los jédiez, el ni un paso atrás, ese no claudicar en despachos y su expresión de fiereza haciendo el paseíllo: sólo le faltaba el puro en la comísura para ser Clint Eastwood. Y siempre con los cojones por bandera.



 Qué perturbador ese caos que envolvía al maestro como el fuego del espíritu santo, el uys y el ays, las chicuelinas desbocadas, los óles tragando saliva, que son olés que estrangulan, las gaoneras a tragantón, la bancarrota de los vendedores de pipas -los verdaderos triunfadores de San Isidro, dos años más de Simón Casas y todos amanciosortega-; esas guerras napoleónicas de muleta repletas de enganchones, mando, gañafones y verdad; el par de zapatillas, clavadas al albero, como astronauta a la luna, mientras el manso con resuello a azufre te muge en la nuca. Y el tío sin pestañear. Qué cojones, Iván. Como te tiraste a matar sin trastos contra un hijoputa de seiscientos kilos y dos navajas cuando los histéricos del tendido no somos capaces de tirarnos así a la piscina por si el agua está muy fría. 



Todavía deben retumbar en los tímpanos del starsystem el "no me alivio porque no me da la gana", chulería -la chulería en un torero debería de darse en alternativa y ser obligada, como la peineta en la martirio- que escupió en una radio allá por el trece, cuando estaba moviendo el avispero y algunas puertas se le cerraban. Y buena fe que pueden dar aquellos bienaventurados que lo vieron en capeas carnavaleras, plazas portátiles de Ikea y talanqueras propias del spaguetti western sin volver la cara en ningún momento. 



La encerrona de Madrid, momento clave de la tauromaquia moderna, terminó representando eso tan español de lo que pudo ser y no fue.  El cartel, biografía y lápida de una vida, continúa estremeciendo al más pintao: lleva su a coronada, su herradura, la pé con la cruz, la uve en el hexágono, la eme con boina y su jota con la e; laberinto del minotauro cañí, un mapa de la historia de España trazado con sangre y oro; cuenta la leyenda que si te concentras en el cartel y le chistas eeeje toro tres veces antes de dormir se te aparece cazarratas en sueños. 



Y allí que estábamos todos, como una familia -o una secta de iluminatis, para las buenas gentes del clavel y gintonic-. Veintitantos mil, un ejército, pero eramos más, bien lo estamos viendo estos días. Con Iván abriendo plaza, al abordaje de cultura, desafíando al monoencaste, preparados para escupirle a la cara al toreo moderno, con el colmillo retorcido y la navaja afilada, contra el empresario mangante, el ganadero juampedrero y las figuras de pitiminí,  prestos a abanderar un nuevo tiempo con raíces en lo viejo que, como no puede ser de otra manera tratándose de nosotros, fracasó con estrépito. 

Hasta para fracasar hay que tener suerte.



Nota: He hecho un copia-pega de todo el post que Antonio ha publicado en “Hasta el rabo todo es toro”


martes, junio 20, 2017

En la muerte de Iván Fandiño (Peña Taurina "Los de José y Juan)


Ante el lamentable fallecimiento del torero Iván Fandiño, la Peña Taurina “Los de José y Juan” se une al dolor de todo el mundo de la tauromaquia y desde aquí desea sumarse al pésame hacia sus familiares y amigos.
Iván ya no se encuentra entre nosotros; ha alcanzado, eso sí, la gloria de la inmortalidad y goza ya en el cielo de los héroes taurinos fallecidos en el ejercicio de la profesión, de su vocación, la más auténtica y humana posible, junto con José y Sánchez Mejías, junto a Gitanillo o Manolete, Paquirri o el Yiyo, Pepe-Hillo, Curro Guillén, Pepete o el Espartero, junto al añorado Víctor Barrio. 
Afrontando cara a cara a la muerte, también Iván ha dado una lección de vida: de entrega, de sacrificio, de honestidad vital, de superación personal, de valor, técnica e inteligencia, todos ellos valores cada día más ausentes en nuestras sociedades globalizadas y acomodadas en el conformismo consumista.
La tauromaquia es la exaltación de la vida, con el reconocimiento de la muerte; la superación de los temores hacia una naturaleza hostil, su sometimiento a valores -exclusivos de nuestra propia condición humana-, como la técnica, la inteligencia, el valor; el compromiso de su protección por el ser humano porque estamos ya por encima de ella; el hombre suele salir triunfante del enfrentamiento con el totémico animal –el toro de lidia- merced a esos valores inequívocamente humanos y que no son propios de la animalidad tan defendida por algunos. Desgraciadamente, también la tauromaquia se cobra, de tanto en cuanto, su tributo de sangre, como le pasó a Víctor Barrio o le ha pasado a Iván; accidentes inevitables en la propia esencia del rito, porque el enfrentamiento se hace desde la ética de la existencia de un toro bravo, indómito, encastado, y la exposición frágil y sincera de un ser humano que sólo cuenta con débiles engaños y sus propios elementos definitorios como ser humano. 
Iván ha fallecido en tierras francesas, toreando en una de esas plazas donde se estima la autenticidad y la integridad del espectáculo por encima de todo; donde se reconoce al toro en su plena acepción y el auténtico mérito de un diestro capaz y entregado a la verdad, donde la tauromaquia es un baluarte de independencia, culturalidad y vida. 
Sin embargo, no ha fallecido para todos nosotros, repetimos, se ha convertido en un glorioso héroe que perdurará en la historia, de cuyo nombre y hazañas se vanagloriarán generaciones futuras; que no caerá vana e inútilmente en el olvido como tantos otros seres humanos que no han dado muestras de grandeza, ni aportado nada a la humanidad o a sus círculos más próximos. Iván vive, inequívocamente, ya para siempre, en la memoria de los aficionados, y de tantas personas de bien, porque como dijo Ignacio Sánchez Mejías, poco antes de su muerte en Manzanares, allá por 1934, “Joselito está vivo. Más vivo que Belmonte y que yo, porque se murió valientemente en la plaza mientras que nosotros nos metimos cobardemente en la casa; dejamos de existir mientras él hace de continuo acto de presencia en todas las corridas”. Iván vivirá, como ya lo hace Ignacio, cada vez que los vibrantes tonos de los clarines anuncien un nuevo paseíllo y otros héroes se dispongan a concelebrar una nueva liturgia taurómaca.
Descanse en paz. 
           
Rafael Cabrera
Presidente de la Peña

domingo, junio 18, 2017

Adiós Iván Fandiño, torero, torero, torero!!!


La fina línea que separa la vida de la muerte está presente cada tarde en todas las plazas de toros del mundo en las que una pequeña falta de atención, un despiste o un traspiés puede resultar fatal, al toro se le rebaja la casta para hacerle menos agresivo, minimizar el riesgo y facilitar su trato con los toreros durante la lidia, pero inevitablemente de vez en cuando la mala suerte trae la muerte a los ruedos.
Nadie cuenta con la muerte, el aficionado que va a la plaza cada día, aun sabiendo que es posible, la tiene descartada de sus previsiones, el torero puede triunfar o fracasar o como mucho pasar por la enfermería por una cogida más o menos grave, pero morir no entra en nuestros cálculos, porque la corrida de toros es el reflejo de la vida misma como siempre nos dice Juan, y en la vida no contamos con la muerte, aunque irremediablemente acaba llegando.

Tantas veces cada tarde las astas de los toros acarician las ingles de los toreros o les ponen los cuernos en el pecho o en el cuello, tantas veces se juegan la vida para ofrecernos su arte, o al menos un espectáculo digno que apenas valoramos el esfuerzo de todos juntos en la plaza: matadores, picadores, banderilleros y hasta los monosabios se juegan la vida y de vez en cuando la muerte cobra su tributo.

La fatalidad se ha cebado ayer con Iván Fandiño, un torero cabal cuya carrera se basaba en sus triunfos y que pagaba muy caros sus fracasos, que de todo hay en el difícil mundo taurino, que estaba intentando remontar una mala época y que se merecía, al menos, tener la oportunidad de continuar vivo para seguir intentándolo, pero un toro de Baltasar Ibán le vio caer en el albero y no le perdonó, le corneó y le mató. Así de cruda es la vida en los ruedos, descansa en paz Fandiño, queda en nuestra memoria tu afán de superación y los maravillosos momentos que nos ofreciste en las Ventas, plaza en la que vivimos contigo importantes triunfos.
Los aficionados queremos compartir el dolor con tu familia, tus amigos y allegados y siempre te recordaremos con cariño y agradecimiento por tu entrega a nuestra fiesta.
Un abrazo eterno, torero.

Jandro

domingo, 18 de junio de 2017

Fandiño, serio, tal como era, junto a Dani (con la cerveza en la mano) aficionado comprometido