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jueves, julio 21, 2011

Sobre la corrida de La Quinta en Valencia



Leo, copio unas lineas y enlazo a Andrés Verdeguer:
-La corrida de La Quinta no decepcionó. Hubo uno muy cabrón, otro soso que ni mordía ni se rebozaba, uno que apuntó pero que se quedó a medias y dos que pusieron la pasión por las nubes con tal parsimonia en sus embestidas que el regusto dejado tardará en perderse. Y encima fueron seis tíos la mar de serios. Aunque el conjunto, un tanto desigual en tamaños
(...)
Y ya veremos si queda una corrida de toros así o alguien torea así de puro, así de lento, como José Calvo o Alberto Aguilar torearon a los luceros. Ojalá.
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Nota añadida: Subo las fotos que nos envía Florent con el siguiente texto:

Buenas tardes
primero les queria felicitar por la calidad de su blog que sigo todos los dias y tambien por su clara posicion en favor de una fiesta mas integra. Enhorabuena y que siga asi mucho tiempo.
 
 
les escribo desde Valencia donde pude asistir a la corrida de la Quinta con estos 3 toreros (de verdad) que son José Calvo, Tomás Sanchez y Alberto Aguilar. Aún quedan toreros para hacer las cosas  lo mejor posible y jugándose el tipo. En fin, EMOCIONANDO con el TORO de verdad.
les remito estas fotos (no se si les interesa pero alli estan)
 
un abrazo
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El público, que no lleno medio aforo del coso de la calle Xàtiva, pudo asistir a una de esas corridas que se salen del guión habitual de la tauromaquia actual, el guión del monoencaste, monofaena, monotonía, simplemente porque con todos los defectos que fueron más que las virtudes los toros tuvieron casta, que produce emoción, peligro, sensaciones, todo menos aburrimiento.

martes, marzo 22, 2011

Sobre la corrida de Adolfo Martín en Valencia (Barquerito)


He leído hoy la crónica de Barquerito y, la verdad, es que vimos de un modo muy parecido lo acontecido en el ruedo. Les copio:
Corrida de espléndidas hechuras. Un espectáculo distinto. De seria conducta pero desiguales fondo y fortuna. Limpio éxito de Tomás Sánchez. Guerrero Alberto Aguilar
Valencia, 20 mar.
Domingo, 20 de Marzo de  2011. Valencia. Última de Fallas. Media plaza. Soleado, fresco.
Seis toros de Adolfo Martín. Corrida de soberbias hechuras, gran trapío y hermoso cuajo. Espléndido el remate de los tres primeros. Descarado un sexto espectacular. Corrida más encastada que poderosa en general. El primero, lesionado, y el cuarto, tullido, apenas contaron. Los otros dieron juego y guerra. El tercero tuvo temple y bondad; clase el sexto. El segundo, cierta fiereza. El quinto, listeza.
Rafael Rubio “Rafaelillo”, de carmín y oro, silencio en los dos. Tomás Sánchez, de verde botella y oro, oreja tras un aviso y aplausos tras dos avisos.  Alberto Aguilar, de añil y oro, silencio tras un aviso y una oreja.
Herido menos grave por el sexto Alberto Aguilar.
LA CORRIDA DE ADOLFO Martín tuvo una seriedad imponente. Los tres primeros y el sexto, los cuatro más en el tipo de los albaserradas clásicos, fueron cromos de colección. El sexto estaba al borde de la edad reglamentaria –cumplía los seis años el próximo abril- y llevaba puestas encima las señas de identidad. Vuelto y paso de cuerna, muy descarado y astifino, degollado, proporcionado, fue el más espectacular de los seis. Pero no el único que de partida y con su sola presencia tuvo tomada la plaza. A los tres primeros se les recibió con otras tantas ovaciones. Para reconocer su trapío, su cuajo, su espléndido remate. Todos eran cinqueños cumplidos y el redondeo que confiere un año más de vida se tradujo al primer golpe de vista. Los tres primeros toros, además, galoparon de salida con vivo ritmo y buen compás. Saltó la barrera el segundo y estuvo a punto de hacerlo el tercero. Y el sexto también. En el toro de Albaserrada el salto de barrera no es indicio de mansedumbre. Cuarto y quinto fueron de líneas diferentes: en Saltillo viejo el uno, veleto, astigordo y escobillado, de pechuga formidable, un pavo en toda regla; tocado arriba, astigordo también, menos ágil de cuello el quinto.
Sin ser corrida realmente fiera, fue encastada, sólo que, lesionado tras cobrar en varas, el primero, aleonado y cárdeno, de son felino y humillador, se vino abajo por falta de motor. Arrastraba cuartos traseros, en corto se asfixiaba. Rafaelillo, listo con  el capote en lances de dominio pero desiguales, pareció cortar de raíz esa agilidad natural del toro, que, después de perder las manos, tendió a reponer el viaje como los toros celosos. Un pinchazo hondo o una estocada corta. Y un descabello.
Segundo y tercero fueron para el público y para los toreros los dos toros mejores de la corrida. Más suave el tercero, vuelto de pitones, negro entrepelado, de la reata de los Barateros, de mucha bondad por la mano derecha, con más temple que fuelle. Más díscolo el tercero, de la familia de los Aviadores, que claudicó y protestó en  el caballo tras lanzazo trasero, pero toro de inquietante personalidad, de rabear y esperar, de atacar, cuando lo hizo, con su carga de dinamita y su correa. La bravura antigua, que es emoción.
Con ese toro arriesgó y peleó el valenciano Tomás Sánchez con entereza, decisión y firmeza. Y paciencia, que es clave para resolver con el toro revoltoso que descubre los errores de la mala colocación, por ejemplo, pero repite por instinto agresivo y permite ligar el natural con el obligado de pecho. Cuando pasó eso, la gente vibró. Cuando el toro vino enganchado del hocico por la mano izquierda, que fue la buena, vibraron todos: toro, torero y gente. La estocada fue de gran habilidad.
 A Alberto Aguilar, dispuesto como un gladiador desde el arranque, le costó más acoplarse al aire bonancible del tercero, que le vino de largo y repitió con nobleza. Pero pesaba lo suyo, porque el toro fue pronto. El motor justo: no quería tirones.  Justa de recursos, no de gestos, la faena tuvo su hervor. Pero, larga sin motivo, fue de más a menos. Pinchazo y media trasera.
Parte de la apabullante presencia del cuarto estribaba en el saliente de su frente –y era toro cabezón- y, sobre todo, en su densa badana de toro viejo. No tuvo fuerza, renqueó después de varas, se abrió de manos en banderillas, se sentó dos veces en la muleta, estaba cojo. Rafael abrevió. Estocada de gran profesionalidad. Y un descabello.
El raro quinto fue también de rara conducta, distinto en todo a los demás. Roto por un puyazo trasero, fue de mutante condición. Tomás Sánchez sorprendió con  verónicas poderosas y de aguante y trazo caros. Después, como en el primer turno, volvió a entregarse con paciencia, sin locuras ni trampa ni cartón. Se quedó al descubierto en un cite y el toro, que se metía por la mano derecha pero descolgó por la otra, lo prendió, arrolló y dejó descalzo pero ileso. Fue toro celoso y en un principio rebrincado. La faena tuvo pausas, momentos de cuerpo a cuerpo, logros sueltos buenos, mucha emoción. Dos pinchazos, una estocada y un descabello. Dos avisos justicieros.
Y el último toro de Fallas, que fue el de los cinco años y once meses recién cumplidos, y que, recibido con admiración, descolgó y humilló con gentileza, se resignó a no poder saltar, perdió las manos después de varas y respiró con fijeza y bondad a las primeras de  cambio. De largo vino por la mano diestra, se lo pensó más por la otra, repetía pero dejaba estar. Era, con todo, listo porque no hay toro que no lo sea a esa edad. Inquieto y nervioso Alberto Aguilar de paso en paso, lo veía el toro, lo prendió por la pantorrilla, le pegó por debajo de la rodilla y en la cara anterior del muslo una cornada que hizo mucha sangre. La épica propia del caso, en un ay la plaza y las cuadrillas, cojera terrible del torero de Fuencarral que, en detalle de honor, decidió montar la espada para atacar dos veces y enterrar en el segundo intento una estocada mortal.

lunes, marzo 21, 2011

Leandro, Tomás Sánchez y Alberto Aguilar

Tres toreros a destacar tras la feria de Valencia
Fotos: I. Tena para Burladero

Sobre Alberto Aguilar

Escribe Andrés Verdeguer:
Tomás Sánchez y Alberto Aguilar le pusieron la guinda de la dignidad y la torería a la Feria de Fallas. Hacía mucha falta. Ellos no son precisamente adalides de nada, ni van de defensores de esto o de aquello. No están aquí por figurar ni por reunirse con ministros, presidentes autonómicos o diputados, pero con su actitud durante toda la tarde demostraron mucho más que otros que hicieron el paseíllo en esta feria y no fueron capaces de hacerle el mínimo favor a la Fiesta y más bien le metieron una puñalada.
(...)
para Tomás Sáchez y Alberto Aguilar, herido y todo, que triunfaron por derecho. De eso no cabía duda. Tampoco de que no hace falta ser figura del toreo para defender la verdad de la tauromaquia donde primero debe defenderse, en el ruedo; y con lo que es más importante, con el toro. 

Antonio Díaz:

Y el gran triunfador de la feria, a medias con Leandro, es Alberto Aguilar. Aunque los premios de la cátedra revistera vayan destinados a Manzanares, que es la figura que quieren poner de moda esta temporada. A pesar de que no haya visto un Toro como Dios manda en su vida
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Foto: I. Tena

viernes, marzo 18, 2011

domingo, julio 25, 2010

Juan José Esquivel picando al toro "Pajarillo" de La Quinta


El quinto fue un señor, de nombre 'Pajarillo'. Un pavo que para imponerse no le hacían falta más de 510 kilos. Manseó y midió de inicio, pero se vino arriba en el primer tercio. Así, el segundo puyazo de Juan José Esquivel fue el de ésta feria y también el de muchas. Cita el picador al toro, el toro se fija, escarba, lo piensa, lo repiensa y se lanza: puyazo en toda la yema y ovación de las que ponen los pelos de punta por todo lo que significa la lidia y la bravura. Un lujo, que desaprovechó a espadas solamente, Rafaelillo
Nota: Juan José Esquivel también protagonizó un buen tercio de varas en Ceret
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Nota añadida: Copio el comentario de Antonio Mechó:
Efectivamente, fue un gran puyazo -el único de la tarde porque los demás deprimentes-. Y más que habríamos visto en ese toro si hubiese querido el matador.

De hecho ese quinto fue uno de los toros más enteros del encierro. Entero en el sentido de que muchos mostraron falta de fuerza -a alguno no se le sacó sangre ni para un análisis- y todos, absolutamente todos, eran para cortar orejas: pastueños, no miraban nunca mal y humillaban muchísimo -cual victorinos, como el sexto-. Para mi faltó más emoción de casta santacolomeña; pero ya se sabe, La Quinta está entrando ya por otros derroteros.

Eso sí, con cuatro toros por debajo de los 500 kilos y hubo mucho trapío y cabezas. Precisamente alguno más escurrido fue el sexto, uno de los dos por encima de esa cifra.

Ángel de la Rosa: fueracacho y perdido en la lidia.

"Rafaelillo": bastante bien, especialmente en ese quinto al que le hizo una buena faena en su línea habitual. ¡Díficil es que decepciones este torero!.

Tomás Sánchez: puso ganas y en varias tandas buena predisposición, pero se diluia bastante en los momentos de más fuste.

Recordar que ya en mayo, con la novillada de la misma ganadería, esta sangre recordó que, al menos, aún conserva algo de lo bueno de la selección de antaño.