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domingo, diciembre 11, 2016

Toros (Fernando Savater)

Una de las ventajas de ser francés –se me ocurren varias- es la de no tener que pasarse la vida justificando sus ideas ante la Ilustración, el Racionalismo y otras intimidatorias deidades. Después de todo son también francesas, de modo que las llevan incorporadas de fábrica. En cambio los españoles tenemos horror a parecer irracionales, bárbaros, supersticiosos, etc…Estamos obligados a ganarnos la bula de la modernidad a pulso, porque nada se nos da por supuesto. Y a veces quedamos disecados por el qué dirán. Véase la afición a los toros. Baste que alguien nos invoque en contra que es una muestra de atraso, como si supiera lo que toca hoy en cuestión de ritos lúdicos, o que es bárbara y cruel, como si le hubieran nombrado juez de la dulzura civilizada, para que los más decentes empiecen a balbucear excusas y a proponer enmiendas regeneradoras. Así nos quedaremos con nuestros complejos y sin los toros…


Pero la tauromaquia la salvarán los aficionados galos. Dos instituciones del país vecino, la Unión de Ciudades Taurinas Francesas (¿se la imaginan aquí?) y el Observatorio Nacional de Culturas Taurinas (culturas, así como suena) han organizado un Museo Itinerante de las Tauromaquias Universales. Su catálogo, preciosamente ilustrado, al que acompaña un pedagógico DVD, recorre la historia de la fiesta desde sus precedentes prehistóricos hasta José Tomás, sin olvidar obviedades ecológicas contra los ecólatras: “la corrida es el símbolo de la gestión respetuosa de una especie en su medio ambiente”. Recomiendo su lectura a los que sufran el gusto taurino con indebido sonrojo por remar contra la corriente del progreso. Y también a quienes creen ser ilustrados porque pretenden prohibir todos los placeres que no comparten, como si la inquisición fuese moderna. ¿Por qué no prueban a ilustrarse ocupándose de sus asuntos?

Fernando Savater “Toros” , El País 10/12/2016

Foto: André Viard 

domingo, julio 17, 2016

"Hay quien lo entiende y quien no"

"En la corrida de toros vemos la figura de un hombre que afronta sólo, ante los demás, el destino de los humanos. Todos los humanos tenemos como destino la muerte pero todos nos pasamos la vida poniendo pantallas y ayudándonos unos a otros a ponerlas para intentar ocultar lo inevitable, lo que antes o después llegará. El torero simboliza la soledad del hombre ante lo inevitable. Él se queda sólo frente al toro y afronta con valor lo que todos los demás miramos desde el tendido con cobardía. Esa es la clave de la corrida de toros. Hay quien lo entiende y quien no".
Fernando Savater
Foto: Curro Díaz en Teruel tras matar a "Lorenzo". Foto André Viard
Nota: La cita la he tomado del excelente blog de la "Asociación Toreo en Red Hondo"

martes, octubre 19, 2010

Una entrevista a Fernando Savater

La hace Ramón González Férriz y se publica en letraslibres.com. Enlazo y copio una respuesta:
Creo razonable tratar a los animales que criamos de acuerdo con los fines para los que fueron criados. La forma de tratar bien a un toro de lidia y criado para la lidia es, precisamente, lidiarlo.

lunes, septiembre 20, 2010

Tauroética


El Capitán Alatriste nos manda estos dos textos del libro Tauroética de Fernando Savater:


TAUROÉTICA- Fernando Savater
(Ediciones Turpial)

“En las corridas de toros lo que hay es propiamente más crudeza que crueldad: porque vemos en el ruedo una cruda realidad que alcanza niveles simbólicos y sugestiones alegóricas sin enmascarar nunca por completo su fiereza desasogante y cruda. Esa realidad que se muestra es la realidad de la muerte, cuya anticipación ciertísima constituye el elemento clave que funda nuestra conciencia humana”. (pág. 67)

“Los hombres somos los animales que vemos morir y comprendemos la fatalidad que encierra la muerte, frente a la cual buscamos ánimo como podemos: nuestra mirada sobre la muerte, convertida en poesía o en juego arriesgado, se vuelve contra nosotros y es la venganza de los animales que perecen sin súplica ni protesta. A través de los siglos y de las diversas culturas la escena primordial –el hombre, la fiera, la muerte y la habilidad para esquivarla- ha debido tener lugar según rituales muy diferentes. Algunos, elementales y sin matices en su crudeza sanguinaria, han desaparecido con el refinamiento cívico de las costumbres y la estética; otros se han ido estilizando, codificados como una danza popular en la que se expusiera la vida. Las corridas de toros pertenecen a este último género y quizá lo representan ya de forma única y por tanto insustituible, pese a las degeneraciones comerciales y turísticas que no es difícil señalar en ellas. Para decirlo todo, son estas formas de degradar la fiesta lo que constituye la mayor amenaza para su supervivencia, mucho más que las iniciativas prohibicionistas de los antitaurinos”. (pág. 51-52)

jueves, septiembre 16, 2010

Tauroética de Fernando Savater


Copio de la página de la editorial Ediciones Turpial:
El debate en el Parlamento de Cataluña sobre la abolición de las corridas de toros en esa comunidad ha vuelto a poner de actualidad una vieja polémica: ¿Es un espectáculo cruel y brutal, residuo de lo peor de nuestro pasado? ¿O una manifestación artística de pura raigambre española? El núcleo de la discusión es sin duda de carácter ético. Quienes piden que se prohíba la fiesta taurina no lo hacen por razones estéticas ni dudan de que sea tradicional sino que cuestionan su moralidad. A fin de cuentas, se trata de una cuestión filosófica, no folklórica o sentimental. En ella se centra este libro.
No es un alegato a favor de las corridas de toros, sino contra las argumentaciones moralistas de quienes quieren suprimirlas. Sobre todo, es una reflexión sobre nuestras relaciones con los animales y la diferencia esencial entre los miramientos que debemos tener con ellos y las obligaciones éticas que tenemos con los humanos.
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martes, noviembre 20, 2007

¿Antitaurinos? Larga cambiada y Media Pauloba”. (el papa negro)



A los toros, como es sabido, hay quien no los puede ver. No los pueden ni ver, dice Bergamín, mucho menos gustar o sentir. Claro que esto no sólo les pasa a quienes atacan la fiesta --que, afortunadamente, lo es todo menos "nacional" y cada vez lo irá siendo menos-- sino también a quienes, a falta de cosa peor que hacer, se sienten obligados a defenderla. Lo más difícil es que la fiesta logre salvarse de sus defensores: si logra sobrevivir a éstos, no hay mejor garantía de inmortalidad. ¿Cómo van a resistir los toros justificaciones tales como que "hay crueldades peores" (!) que a los cretenses ya les divertía el esparcimiento (!!) o la de que inspiraron a Ortega páginas brillantes?
La fiesta de los toros es injustificable, es decir, milagrosa; y no hay razonamiento antropológico o culturalista que logre hacer ver un milagro a quien no lo puede ver.
Al contrario, hay quien se previene contra los milagros, quien experimenta azorada repugnancia al olfatear su cercanía. Este rechazo visceral, que brota de lo que Nietzsche llamaba "el ideal ascético, negador del engaño y, por tanto, de la vida", es más estimable que las apologías de a perra gorda. Y más conmovedor: cuando Manuel Vicent, por ejemplo, maldice "el tedio costumbrista con que se contempla a un morcillán asaeteado, lleno de cuajarones y vomitando los menudillos y media espada asomada por la tripa"... ¿a quién recuerda, sino al padre de la Iglesia que desde su cilicio clamaba contra la mujer, "saco impuro de inmundicias", y contra el acto amoroso, "babeante intercambio de humores fétidos, entre gruñidos bestiales"?
Ni Vicent puede ver el milagro taurino ni el eremita el milagro carnal, pero desde luego sería inútil justificárselos, cuando en el propio asco que rezuma su prosa flamígera ya está presente la tentación de la verónica y del súcubo...

(“DESENGAÑO DEL TOREO”/ FERNANDO SAVATER)
--“Sobras Completas” Ed. Libertarias 1983--