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jueves, junio 02, 2011

Sobre Julio Robles y Ortega Cano (Santi)

Javier: Ya poca gente recuerda los años de competencia de Ortega Cano con otro gran torero que fue el malogrado Julio Robles y alguna tarde en que pusieron las Ventas en pie con sus quites. Sí, en los quites, otra víctima del simulacro de la suerte de varas, otra cosa que ya no vemos nunca. Pocos se acuerdan de que este atildado personaje que ha generado la prensa rosa, se caracterizó por un valor y un arrojo estoico, firme, serio: todavía lo estoy viendo arrojarse entre los cuernos de un toro para cobrar una estocada impresionante y salir por la puerta grande de Madrid, puerta que abrió, no lo recuerdo con precisión, cuatro o cinco veces y tres Julio Robles. Recuerdo aquellos años, 1986, 1987, 1988 como los de consolidación de una afición que ya tenía desde casi niño, yo era más partidario de Julio Robles aunque, ahora lo se, seguramente por aquello de hacer patria (o sea, una tontería) pero lo cierto es que uno y otro tenían un concepto verdaderamente clásico y serio del toreo, es una verdadera pena que tanto el uno como el otro, por motivos distintos (cualquier buen aficionado de cierta edad recuerda la terrible cogida de Julio Robles que lo apartó de los ruedos y prácticamente de la vida), hayan tenido tan fatal destino: sic transit gloria mundi
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Foto: estocada de Julio Robles. Creo recordar que la foto la cogí de blog de Agustín Hervás

lunes, mayo 30, 2011

Sobre Ortega Cano




"Cómo toreó Ortega Cano al cuarto toro. ¡Cómo toreó! Cualquiera que estuviese en la plaza y no conociera la biografía del torero, habría jurado que es de Ronda se llama Cayetano. Y no: es de Cartagena y se llama José. (...)
Era un toro de una vez, con trapío muy serio y agresivo de pitones. Es decir, un toro importante. Llegó noble y encastado al último tercio y admitía faena, como luego se vio, pero había que hacérsela. Había que plantearla en el terreno preciso y cogerle el ritmo, que es el temple del toreo. El terreno lo fijó Ortega Cano en los medios y el ritmo fue suyo en cuanto le embarcó en una tanda de redondos, de asombrosa ejecución.
La plaza ya se desbordaba en entusiasmo cuando Ortega Cano cuajó esos redondos y loquita la volvió al recrear el toreo natural en su versión más pura. ¿Loquito estaba el público? Pues más fuera de sí lo puso el artista cartagenero con los muletazos con que devolvió el toro al tercio, y allí, con otra serie de redondos, cruzándose en el cite, parando en el embroque ; mandando en el semicírculo del viaje; vaciando detrás de la cadera para ligar , apenas sin solución de continuidad, el siguiente muletazo, que aún era mejor. Después , se dobló por bajo a dos manos y ese toreo también fue de alta escuela. (...)"
Esto escribía Joaquín Vidal trás la faena de Ortega Cano , en Las Ventas, a un toro de Martínez Benavides el 25 de mayo de 1985.

miércoles, noviembre 19, 2008

Ortega Cano (Joaquín Vidal )

Escribe Joaquín Vidal sobre la faena de Ortega Cano al toro de Baltasar Ibán del 22 de mayo de 1986:
"Ortega Cano, primero a la verónica, después en la brega, por último en la faena de muleta, toreaba despacio. No toreaba con la lentitud de los perezosos, sino con el cadencioso ritmo de los que tienen el pulso bien templado para traducir en estética los sentimientos del alma. Se recreaba en las suertes y cuando cerraba en un círculo mágico el natural o el redondo, afianzando la hondura del muletazo, su persona y la fosca mole negra coronada de media luna componían una sola figura, que era el monumento al arte de torear”.
Nota: enlazo a la crónica del mismo Joaquín Vidal a la faena de Ortegas cano al toro de martínez Benavides de mayo de 1985

martes, julio 17, 2007

José Ortega Cano


"Cómo toreó Ortega Cano al cuarto toro. ¡Cómo toreó! Cualquiera que estuviese en la plaza y no conociera la biografía del torero, habría jurado que es de Ronda se llama Cayetano. Y no: es de Cartagena y se llama José. (...)
Era un toro de una vez, con trapío muy serio y agresivo de pitones. Es decir, un toro importante. Llegó noble y encastado al último tercio y admitía faena, como luego se vio, pero había que hacérsela. Había que plantearla en el terreno preciso y cogerle el ritmo, que es el temple del toreo. El terreno lo fijó Ortega Cano en los medios y el ritmo fue suyo en cuanto le embarcó en una tanda de redondos, de asombrosa ejecución.
La plaza ya se desbordaba en entusiasmo cuando Ortega Cano cuajó esos redondos y loquita la volvió al recrear el toreo natural en su versión más pura. ¿Loquito estaba el público? Pues más fuera de sí lo puso el artista cartagenero con los muletazos con que devolvió el toro al tercio, y allí, con otra serie de redondos, cruzándose en el cite, parando en el embroque ; mandando en el semicírculo del viaje; vaciando detrás de la cadera para ligar , apenas sin solución de continuidad, el siguiente muletazo, que aún era mejor. Después , se dobló por bajo a dos manos y ese toreo también fue de alta escuela. (...)"
Esto escribía Joaquín Vidal trás la faena de Ortega Cano , en Las Ventas, a un toro de Martínez Benavides el 25 de mayo de 1985.