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martes, febrero 24, 2015
Un mirón
Soy aficionado al planeta de los toros, aficionado a secas, no un aficionado práctico pues nunca me puse delante de uno. Por lo tanto, soy lo que los franceses llaman voyeur, un mirón, dicho en el lenguaje con el que se escribió el Siglo de Oro.
Y como mirón que soy, sé a ciencia cierta que no puede darse goce en contemplar artes estáticas, pintura, escultura, fotografía, ya que impiden el disfrute, pues el mirón no espía tanto el objeto como el movimiento del mismo. Por eso me gustan los toros y por eso me gusta tanto leer novelas donde el escritor muestra aquello que nadie puede ver y te invita a echar un vistazo por el ojo de la cerradura.
Montero Glez - "Manoleteras Escritas" , publicado en El Monosabio
miércoles, abril 10, 2013
Sobre Montero Glez
-¿Su vida es como la imaginó?
No, yo quería ser torero. Lo que pasa es que el miedo no me dejó y me tuve que meter a este oficio de maricones. Aunque en este oficio de maricones no aspiro a ser gay, que es a lo que suelen aspirar todos, sino solamente a ser maricón. Recuerdo que al principio, cuando terminé en la facultad, quise irme por ahí como corresponsal, pero nunca me dieron nada. Si hubiese tenido valor de ser matador de toros, hubiese sido tan jodidamente bueno como lo soy de escritor. Hubiese acabado hasta con José Tomás. Dentro de unos años, eso sí, me veo escribiendo crónicas taurinas para un periódico, no sé si en Ipad, en Internet o en qué formato.
Vía: Blog de Daniel Heredia ¡A los libros!
Nota : otras referencia a este autor en nuestro blog.
Nota : Al leer estas lineas de la entrevista: "Me despierto cuando termino de dormir" me he acordado de esta cita de Rafael el Gallo que recoge JRM en su libro "Gente pa tó":
Unos días madrugo y otros días no. Lo que me pide el cuerpo.
No, yo quería ser torero. Lo que pasa es que el miedo no me dejó y me tuve que meter a este oficio de maricones. Aunque en este oficio de maricones no aspiro a ser gay, que es a lo que suelen aspirar todos, sino solamente a ser maricón. Recuerdo que al principio, cuando terminé en la facultad, quise irme por ahí como corresponsal, pero nunca me dieron nada. Si hubiese tenido valor de ser matador de toros, hubiese sido tan jodidamente bueno como lo soy de escritor. Hubiese acabado hasta con José Tomás. Dentro de unos años, eso sí, me veo escribiendo crónicas taurinas para un periódico, no sé si en Ipad, en Internet o en qué formato.
Vía: Blog de Daniel Heredia ¡A los libros!
Nota : otras referencia a este autor en nuestro blog.
Nota : Al leer estas lineas de la entrevista: "Me despierto cuando termino de dormir" me he acordado de esta cita de Rafael el Gallo que recoge JRM en su libro "Gente pa tó":
Unos días madrugo y otros días no. Lo que me pide el cuerpo.
Él sabe lo que quiere y me dejo llevar.
Si quiere madrugar, madruga, y si le cumple estarse en la cama, se está.
Yo no intervengo en el asunto
miércoles, noviembre 28, 2012
Una fotografía en la habitación de Chet Baker
Momentos después la policía recibió una llamada telefónica. Se da por supuesto que fue hecha por el mismo hombre que había encontrado su cuerpo. Los de la policía no tardaron en llegar. Envolvieron el cadáver en una sábana y al depósito. A falta de identificación fue registrado como anónimo y aunque todo parecía improvisado, el destino llevaba mucho tiempo ensayando el acto final. Cuando la policía entró en la habitación encontró la trompeta y un reloj - en el informe no ponía la hora que marcaba - , también unas monedas, algunos billetes y un sobre con mi remite donde había una foto de época. Era en blanco y negro. En ella se podía ver a un hombre frente a un toro, en mitad de la calle. El toro estaba de espaldas, por no poner otra cosa, y el hombre aparecía ataviado con sombrero, traje y corbata. Por si fuera poco, mientras el hombre sostenía el estoque en una mano, en la otra una gabardina le servía de engaño. Me reconfortó saber que la foto había llegado a su destino.Montero Glez ("Polvo en los labios" ,editado en Lengua de Trapo, 2012)
martes, noviembre 27, 2012
"Polvo en los labios" (Montero Glez)
Montero Glez :"Polvo en los labios" (Edit. Lengua de Trapo, noviembre 2012)-With the raincoat - dijo, soltando una carcajada de risa seca.
Me sorprendió su salida, pues yo no había prestado demasiada atención al relato del taxista e imagine que él todavía menos, tal como iba, rascándose el mono durante el camino, sumido en la necesidad de un pinchazo. Pero, por lo visto, había pegado la oreja de lo lindo, no había perdido detalle de la historia que que el taxista contó en un inglés roto y castizo, genuino de la Ribera de Curtidores. Supuso que yo también era extranjero y, señalando la marquesina de Mc Donald's, el taxista empezó con lo del toro bravo que una vez se escapó de la plaza y fue llegando a la Red de San Luis, cuando el toro se encontró perdido. En esto un torero-medio retirado y que apenas vestía de luces- iba paseando hacia el Retiro y, al encontrarse con el toro, se sacó la gabardina. "The raincoat". Y con "the raincoat" a la manera de muleta, se puso a torear. Fue todo un acontecimiento, los taxistas colaboraron bloqueando la Red de San Luis con sus coches, formando así una plaza de toros en plena Gran Vía. La gente, arremolinada, lanzaba olés y vítores al valiente matador. Hasta hubo uno que se acercó al Casino militar a coger un sable para que el diestro pudiese ejecutar el último lance.El trompetista quedó asombrado por la historia del toro y yo quedé más asombrado aún de ver al trompetista tan asombrado. Un círculo de asombro que a partir de entonces se iría alimentando. A parir de aquel momento la historia del toro escapado sería nuestro vínculo.
martes, diciembre 16, 2008
Montero Glez

Escribe, en su blog, Montero Glez:
Soy aficionado al planeta de los toros, aficionado a secas, no un aficionado práctico pues nunca me puse delante de uno. Por lo tanto soy lo que los franceses llaman voyeur, un mirón, dicho en el lenguaje con el que se escribió el siglo de Oro.
Y como mirón que soy, sé a ciencia cierta que no puede darse goce en contemplar artes estáticas, pintura, escultura, fotografía, ya que impiden el disfrute, pues el mirón no espía tanto el objeto como el movimiento del mismo. Por eso me gustan los toros y por eso me gusta tanto leer novelas donde el escritor muestra aquello que nadie puede ver y te invita a echar un vistazo por el ojo de la cerradura.
Las corridas de toros excitan al mirón por ser arte dinámico y, por lo mismo, fugaz. Hemingway aprovechaba la fugacidad para clasificar el toreo como arte menor. La fugacidad le impide ser arte mayor, dejó dicho en su libro, Muerte en la tarde. La posición del mirón en los toros es nueva, si es que viejos no son 200 años. Cuentan las crónicas que es a partir del siglo XIX cuando el público ya no toma papel activo, antes saltaba a torear y los alguacilillos tenían faena pues su labor era la de guardar el orden en el redondel frente al caos que significaban los espontáneos. Hasta hace 200 años la gente no iba a mirar, iba a participar.
Por todo esto resulta que, la figura de Don Tancredo, al ser arte estático, no ha sobrevivido. Tancredo López, inventor del tancredismo o suerte del pedestal demostró que el animal embiste sólo a los estímulos. Tancredo López hizo esta suerte famosa pero no fue idea suya pues estando en Cuba, en 1898, se la vio hacer a un mejicano de nombre Orizabeño. Lo leo en el Cossío.
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