A principios del s xx era novillero sin picadores. Un día toreó en su ciudad, Valencia. Estaba dispuesto a enfrentarse a un elefante con cuernos. Le salió un becerro ridículo. Llapisera: "Me entró tal tristeza que estuve a punto de tirarme al suelo. No lo hice. Entonces decidí menospreciarle. Y empecé a dar vueltas a su alrededor, a besarle el morro, a darle patadas". El público se partía de risa. El organizador le hizo firmar sobre la marcha dos contratos , pero para que haga reir.(...)
Torear un becerro mirando al tendido hace partirse de risa a la España de 1920(...)