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lunes, abril 22, 2019

Juan Ortega



ya desde el principio se manifestó Juan Ortega con ganas de mostrar el sello de su estilo y su personalidad y lo hizo en dos lances a la verónica en los que acaso resaltó más la óptima colocación del torero que la pura ejecución de los mismos; luego llevó al toro al caballo con gracia, rematando con una airosa revolera plena del aire de Sevilla en primavera y después, ahí sí, dejó dibujadas tres verónicas y una media plenas de encaje y torería. Para comenzar el trasteo se fue a las rayas del 7 y ahí dejó un inicio de puro clasicismo, tres ayudados por bajo y un pase de trinchera que eran oro molido, estropeados por la caída del toro. Luego, en el tercio (¿había aire?) la manera de presentarse ante el toro, pisando el terreno, la verticalidad sin impostar, la muleta agarrada con la derecha por el centro del palillo, el cite suave y mandón, la posición erguida, el toreo hecho de pura naturalidad, como quien va por la calle y se encuentra a un conocido, y el toro conducido hasta el final del muletazo y ligado, cosido, con el siguiente de manera limpísima, luego otro remate por trinchera de mucha enjundia y se pasa la muleta a la zurda donde acaso no acaba de dar el paso adelante, y no plantea el cite con la nitidez que lo hizo en los redondos anteriores y no consigue la ligazón, estando en el toreo al natural por debajo de lo demostrado con anterioridad. Luego vuelve a la diestra y tras un final algo embarullado con algunos enganchones deja una estocada baja. Da una vuelta al ruedo de mucho peso, más que decenas de esas orejas que antes de llegar a la boca del Metro ya se han ido para siempre de la cabeza.

José Ramón Márquez- Aquí la crónica completa-
Fotos: Andrew Moore




domingo, mayo 28, 2017

Decimoséptima de feria




Toros de El Torero para Joselito Adame, Francisco José Espada y Ginés Marín

Menudo regalito la corrida de El Torero, desaparecen las figuras del cartel y vuelven los moruchos: sin clase, sin casta, sin fuerza y alguno derrengado total. Se cayó el tercero descaradamente durante los dos primeros tercios y el Presidente Don Javier Cano Seijo no de dignó devolverlo perjudicando seriamente a Ginés Marín, que no tuvo más remedio que renunciar a la faena y matarlo y al público, al que privó de la posibilidad de ver a un torero de recientísima puerta grande medirse con un toro en condiciones.
Y como tampoco tuvo suerte Marín con el sexto que se lidió en quinto lugar ya que no tenía ninguna de las condiciones que debe tener un toro bravo, no fue posible revalidar mínimamente el triunfo obtenido dos días antes.

Peor suerte tuvo Espada que el entrar a matar al toro de su alternativa fue volteado por el animal sufriendo un fortísimo golpe que le dejó sin sentido, fue trasladado de inmediato a la enfermería y evacuado al hospital. Le deseamos un pronto restablecimiento y que tenga mejor suerte cuando vuelva a Madrid, donde lo poco que le vimos pareció que estaba algo falto de oficio.

Joselito Adame mató por tanto tres toros que apenas alcanzaban semejante condición y no le permitieron en ningún momento realizar un toreo digno ni lograr un mínimo lucimiento con lo que la tarde discurría en un sin sabor y sin sustancia proclive al aburrimiento más absoluto cuando durante la faena del sexto (que hubiera pertenecido a Espada) se transformó en un volatinero que más parecía de circo que de tauromaquia y después de unos pases de imposible adjetivado mató sin muleta  y apareció debajo del animal que cayó muerto.
Este folclore suscitó en el público una sensación de simpatía y pidió la oreja que el Presidente se apresuró a conceder.

Lo que ocurrió el sábado en las Ventas es un síntoma más de la decadencia de la fiesta, que toma un rumbo vertiginoso hacia la irrelevancia.

Jandro

sábado, 27 de mayo de 2017
Fotos: Andrew Moore

lunes, mayo 19, 2014

De un tentadero en la ganadería El Torero

Juan Bautista en un tentadero de Lola Domecq (ganadería el Torero) 
Vía: Twitter oficial del torero


Así luego pasa lo que pasa.... Como escribe Rogelio Reyes
(...)Y monotonía -y esto es lo más grave de todo en la escasa fortaleza del ganado, tal vez más “noble” y “bonancible” que nunca, acometiendo en el mejor de los casos, una y otra vez a la muleta con la regularidad de un autómata pero con la flojedad y cansina embestida de un animal prematuramente rendido.