Cuatro
toros complicados, mansos y problemáticos –peor el quinto,
descastado a mi juicio- de la Sociedad Agrícola Couto de Fornilhos,
con mal genio, broncos e inteligentes -con una sorprendente capacidad
de aprendizaje para la estupidez generalizada por la LOGSE ganadera
actual-, y los mismos se empeñaron en darle el mismo trato y los
mismos pases que a las mismas borregas del encaste habitual… ¡qué
pasión incontrolada o incontrolable!
(...)
el buen aficionado nunca se substrae
del juego del toro, y por eso exige que a cada cual se le dé la
lidia que requiere, y no ese sinsentido de mil trapazos al natural
por faena, salga lo que salga. Pues que no, oiga, los toreros, fieles
al guión preestablecido por Julián y compañeros mártires, se
empecinan en darle al buey más rajado, al mulo más infame, a la
cucaracha o al marrajo más alevoso, los novecientos noventa y nueve
muletazos de la Sharía taurina post-moderna.
Ayer, tres toreros modestos, alguno
modestísimo, se empecinaron en el mismo error… para su
pecado, adversidad, desgracia y las nuestras. Mil trapazos al coste
que sea, pase lo que pase, aunque cunda la desilusión, el tedio o la
desesperación entre los aficionados; ya habrá gente en los tendidos
que aplauda -siguiendo perfectamente el guión- la concatenación
inútil e inoportuna, improcedente e imprudente de muletazos. ¡Hay
gente pa tóo!, que dijo el Guerra.