Antes los toreros no hablaban tanto en público como ahora. No había tanto rollo de interviews y los públicos se tenían que contentar con verles expresarse en la plaza, frente a los toros, en vez de leer sus disquisiciones y sus, tantas veces, innecesarias opiniones. (...)
Hoy lo que hay es criaero de declaraciones, de un mundo femenil de ensoñaciones, de poesía trasnochadísima. Se pregunta Morante de la Puebla en su soliloquio: «¿Para quién toreo? Y llego a la conclusión de que toreo para Dios»(...)
Morante de la Puebla afirma filosóficamente: «Evito que aparezca mi yo en la plaza, intento que sea el alma», frente al bocajarro de Manuel Benítez: «Con mis respetos para todos los toreros, soy el mejor».(...)
Joselito iba a matar una corrida de seis toros con Limeño, aún novilleros ambos, en Cádiz. Limeño cayó enfermo y la empresa está sin tiempo para encontrar un sustituto, José se ofrece para matar él solo la corrida, cosa que hizo de siete estocadas y un pinchazo, además de banderillear admirablemente y hacer todos los quites, pues no había otro. Después, en la fonda, los aficionados se sorprendían de los arrestos que había tenido el chiquillo de matar los seis toros, y José: «¡ Si me echan otros seis, me lío con ellos”.
Gallito no sabía de almas.