la imagen nos presenta una dura realidad de lo intenso que podía llegar a ser ese tercio de varas, donde la cabalgadura no contaba todavía con el agregado del peto, protección que fue implantada en nuestro país hasta el 12 de octubre de 1930.
El resultado del tumbo fue un “batacazo” de “órdago”, aspecto que evitó, en la medida de lo posible el espada Antonio Boto “Regaterín” y las infanterías que también aparecen atentas. Los toros de esa jornada pertenecieron a Santín, y según lo que relata la crónica aparecida en el Sol y Sombra, año XII, del 19 de noviembre de 1908, Nº 656, es que “nos convencimos de que en esa vacada empieza a faltar la sangre y el poder”.
Más adelante EL RESERVA, que es el responsable de la nota, dice que entre todos los toros (que fueron siete) tomaron veintinueve varas, a cambio de once tumbos (el de la imagen es uno de ellos) y siete “mosquitos” despanzurrados.

