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jueves, junio 21, 2018

Carta abierta al alcalde de Pamplona: “Pamplona, diversa y universal” ( Chapu Apaolza)

Estimado alcalde de Pamplona,
Nos hemos sobresaltado los pamploneses, los sanfermineros y los amantes de los toros y medio mundo en general con unas declaraciones suyas en las que afirma que no ve unos sanfermines sin toros, pero sí sin corridas”.
Señor alcalde, permítame que le haga un apunte. Ya existen unos sanfermines sin corridas: exactamente los sanfermines de todos aquellos que deciden no ir a la plaza de toros, por la razón que sea, en un ejercicio de libre voluntad, y que no participan de la parte del programa que tiene que ver con los toros. Los pamploneses y los visitantes pueden elegir la opción de participar en cualquiera de los actos, incluidos los taurinos, en igualdad de condiciones y sin tener por qué sentirse menos que los demás.
No hace falta que le explique que el toro en la plaza y los encierros están en el ADN histórico de las fiestas de la capital navarra, al menos desde el siglo XIV. El toro bravo en el encierro y en la corrida ha sido un eje fundamental para los sanfermines, dentro de la propia fiesta y en su dimensión hacia el exterior. Para nosotros, el toro representa un tótem y una figura fundamental del 6 al 14 de julio de la que estamos orgullosos y en la que reposa gran parte de esta celebración fenomenal de la vida que son las fiestas navarras. Entendemos además que el encierro se hace porque existe la corrida.
Con todo, los sanfermines son muchas cosas. Asistimos a una grandiosa tradición cultural que cada uno vive a su manera particular. Para unos, la base son los encierros, para otros la Procesión y los actos religiosos, la Comparsa, las comidas familiares, el deporte rural, los toros en la plaza, las barracas o el reencuentro con los amigos.
No hay un solo San Fermín, no queremos que haya un solo San Fermín, no lo entendemos así, pero advertimos que dentro de ese Pamplona diverso y universalmente acogedor, las corridas de toros son importantes para muchos. La razón es que la tauromaquia en Pamplona es ferozmente nuestra, quizás uno de los elementos culturales más definitorios de lo que somos. Porque nuestras corridas de toros comparten casi todo con un legado cultural universal como es la tauromaquia, pero también son especiales y diferentes a las que se celebran en Lima, en Nimes, en Sevilla, en Aguascalientes, en Azpeitia, en Lisboa, en Madrid, en el D.F., en Bogotá o en nuestra hermanada Bayona.
Pamplona tiene ‘el toro de Pamplona’, ‘los toreros de Pamplona’el tendido de Sol de Pamplona, el sonido de Pamplona y es especial incluso la modélica gestiónbenéfica, tantas veces señalada desde fuera como ejemplo, con la Casa de Misericordia al frente.
Las corridas de toros conforman nuestra identidad -habrá otras- y son una parte fundamental de las expresiones culturales propias.
Usted, apreciado alcalde de todos los pamploneses, se pregunta si sería posible una ciudad en la que desapareciera la identidad de una parte. Unos sanfermines sin corridas, sin eso que sustenta a una parte -más, menos, no importa- de la ciudadanía y de sus visitantes. El debate que reclama -a instancias de la violencia terrorista y la amenaza de los movimientos de liberación animal- es si se debe ejercer la censura cultural sobre esta cultura, al fin y al cabo sobre una parte del pueblo al que usted también representa y ampara, y al que se pretende arrebatar una de sus expresiones fundamentales.
No se trata de si puede haber muchos sanfermines, si no de si vamos a permitir que haya uno solo. No hace falta que a usted le hable de la necesidad de una fiesta plural en una ciudad plural. La tolerancia que en muchas ocasiones ha reclamado legítimamente para otras sensibilidades es la que reclamamos ahora nosotros para las corridas y el encierro del 6 al 14 de julio en nombre de nuestros sentimientos, pero también de la libertad y de la diversidad. No hay una sola fiesta; no lo permitamos. En los últimos años, Pamplona ha peleado por erigirse en capital de la convivencia y del respeto, y se ha convertido en un símbolo y un lugar en el que hombres y sobre todo mujeres puedan sentirse cómodos y respetados. Estamos convencidos de que ese respeto ha de mantenerse hacia todas las opciones de tradiciones y cultura de los habitantes de la ciudad y los miembros de la hermandad universal sanferminera.
Quizás tenga la tentación de rebatirme diciendo que las corridas no son cultura. Pero eso es algo que ni usted ni yo podemos decidir. Solo el pueblo, ese que abarrota cada tarde la Plaza de toros Monumental de Pamplona, puede decidir si los toros son una expresión cultural popular propia o no. Es algo que nos recuerda la UNESCO en todos sus tratados internacionales sobre diversidad cultural, suscritos precisamente para evitar que algunos pocos tengan la tentación de decidir qué es cultura y qué no es cultura. Al margen de la tauromaquia, ¿se imagina unas fiestas en las que una parte de la población se creyera con derecho a prohibir la diversión de otros?
Esa no es la fiesta que yo imagino, señor alcalde. ¿Sería posible una Pamplona sin corridas de toros?, se pregunta. Supongo que sí. Como sería posible una Pamplona sin sus universidades, sin sus expresiones religiosas, sin su castellano o su euskera, sin Sarasate o Barricada, sin sus jotas y sus dantzaris.
Claro que sería posible. Pero ya no sería Pamplona.
Chapu Apaolaza
Portavoz de la Fundación del Toro de Lidia

viernes, julio 22, 2016

Enseñando a vivir

Las tardes pasaban livianas en la grada, Comentábamos la corrida y mi padre me contaba historias de toreros locos y de toros valientes, me enseñaba a ver el toro antes que al torero, hablaba de éticas y de estéticas y, a su manera, a través de los toros, me estaba enseñando a vivir.
Francisco Apaolaza en "7 de Julio"

jueves, julio 07, 2016

7 de Julio

Especialmente recomendado para Jokin, Santi, Luis, Victoria, Antonio, Ignacio, María... y todos los que a las 8  de la mañana de estos días de julio estáis frente al televisor.
Leedlo y ya me daréis las gracias por la recomendación.
Nota: Si no localizáis el libro en vuestra librería habitual, lo podéis adquirir directamente en la página de la editorial Libros del KO
Nota II: Os enlazo a varios artículos sobre el libro y su autor:
La obra describe, más allá del encierro, el 'caos' feliz de San Fermín, «cuando Pamplona es la fiesta universal, mucho más que esa foto reduccionista del 'guiri' bañado en sangría».
Mitxel Ezquiaga en el Diario Vasco
"Ver a un hombre delante de un toro puede ser un asunto de adrenalina, arrebato o locura", afirma Apaolaza, "pero a todos los que corren los cambia por dentro porque los enseña a lidiar con el miedo, con sus fantasmas, con la fragilidad de la vida…; yo creo que salimos muy vivos del encierro".
Antonio Lorca en El País



jueves, mayo 05, 2016

Rodolfo Rodríguez 'El Pana' (Francisco Apaolaza)


Se considera un emisario del pasado, pero yo creo que viene del mañana. En una entrevista de marzo en 'Banderillas negras' argumentaba que si no había palmado aún era porque tenía que cumplir una misión en esta tierra. «Si el día de mañana me agarra un torillo sería como quebrar un jarrón de la dinastía Ming», respondió. Ahora, El Brujo de Apizaco, que tiene lindo hasta el mote, anda en una clínica con el cuello medio quebrado después de que un toro lo pusiera en órbita esta semana. Temen los médicos que no vuelva a andar, que para un torero es quedarse preso entre dos mundos. Se han lanzado algunos a decirle que se tenía que haber retirado de esto, que si era una locura, que si qué horror, y no sé qué otra moralina. No se dan cuenta de que dar lecciones de vida al Pana es como pretender enseñar a escribir a Shakespeare. Los imprudentes son ellos.

Francisco Apaolaza -Aquí el artículo completo -

Nota: Mi amigo Gastón nos aclara que " la palabra paracaidista  en México, significa: individuo que invade bienes raíces o inmuebles, pagado por un tercero o por cuenta propia".

jueves, enero 28, 2016

Juegos de niños ( Chapu Apaolaza)

La mañana en que conocí el miedo tendría yo cinco años, un anorak azul y un chandalillo. Lo sé porque nos hicieron una foto en la plaza de Azpeitia, con el fondo gris denso de un día nublado, el verde hirsuto de los montes de Guipúzcoa y las chimeneas oxidadas de las fábricas. Salimos al alimón mi padre y yo. La becerra tenía que pasar bajo el capote que agarrábamos uno de cada lado. Recuerdo un miedo atroz, un miedo paralizante, un miedo que me quedaba enorme, metálico, compacto, sordo. Me estaba temblando el mundo, que en ese momento estaba invadido en todo su ancho imaginable por los ojos brillantes, cálidos, dulces y al mismo tiempo aterradores de la becerra. No existía el universo más allá de esos ojos y casi ni escuchaba las voces, distorsionadas, de las órdenes de mi padre y los amigos del callejón. La vaca se arrancó y pasó y no sé decir lo que hice, pues fui presa del pánico, pero algo haría mal, pues el animal se revolvió, metió su hocico debajo de mis nalgas y me hizo volar. En un segundo me vi a salvo en el callejón de la plaza y al echarme mano de la nariz tenía los dedos manchados de sangre y un dolor en la cara largo y hondo como la sirena de un barco. Debí llorar de rabia y, enfadado, salí de nuevo al ruedo. «¿Seguro, Chapuli?», me preguntó él. Tal vez fuera mi primera decisión. Ya no recuerdo el miedo; solo el sabor mineral de la sangre en la boca, los puños de niño cerrados con una rabia monumental, no contra la becerra, sino a favor de mí mismo y de mi dignidad lastimada. Estaba conociendo la vida.
Pasado el susto, anduvimos por el tercio, riendo atropellados, yo mirando desde abajo a mi héroe y agarrándole los vuelos de una chaqueta austriaca. Dentro de nosotros mismos éramos Joselito y Belmonte y Antoñete y Curro y todos los toreros que han sido. Éramos grandes, puñeta. En el hombro izquierdo, mi padre llevaba colgado el capote y ese trozo de tela había sido el cordón umbilical entre los dos, el cable de un calambrazo de conocimientos, códigos y gestos que compartiríamos en adelante y que han viajado entre generaciones desde milenios como el mapa de nuestro tesoro. Hoy daría una mano por tenerlo a él y a ese capote. Solo me queda el enorme regalo que me hizo ese día y que guardo en los altillos del corazón, en la mar chica del puerto del maestro Alcántara, donde siempre andan buscando los buzos la llave de nuestros recuerdos. No sé cuál es el riesgo que tomó mi padre, ni qué podría haber pasado si hubiera salido mal. No sé si se puede comparar aquello con el peligro de subir a un crío a un caballo, de que viva con un perro, de llevarlo en bici al cole, de rodar con él un anuncio en una avioneta en plena acrobacia, de subirlo a torres humanas o de lanzarlo al aire solo para arrancarle una sonrisa. Cuando veo esta España linchadora, asesina de pluralidades, dictadora e incapaz de comprender nada que exceda su gusto particular, su moda o su limitante esquemita de filias y fobias, cuando veo cómo se comporta y piensa la gente de esa auténtica España de pandereta, entonces me planteo si crecí siendo una persona normal. Y espero que no.

lunes, septiembre 28, 2015

¿Qué planeta vamos a dejar a Keith Richards? (Francisco Apaolaza )


Comer muertos

Desayunarse un café con la leche de la que se priva a un ternero y dos huevos fritos que ha puesto en un cubículo oscuro una gallina presa, atrofiada y loca; salir a comer y pedir ensalada de cadáver de pollo, filetes de cadáver de ternera hormonada, solomillo de padre buey también cadáver con hígado cadáver de pato cirrótico, cadáver de pez arrancado de las profundidades, aplastado en las redes con los ojos fuera de las órbitas; deleitarse con cangrejos y pulpos tetanizados en agua hirviendo, pájaros muertos en estado próximo a la descomposición... Masticar diariamente en España los cadáveres de 1.840.000 seres vivos sacrificados entre el pavor y en la ignominia, en salas oscuras por tipos que asisten al estertor sangriento mientras piensan en su amante... Comerse a sus muertos animales, llamarse ‘foodie’ y después gritar que matar un toro de una lanzada consiste en un asesinato salvaje e intolerable es hacer una acrobacia de lo razonable. Es lindar la locura.
Pero ¿hay algún cuerdo en la sala? A mí, que me registren. Todo se puede abordar: el derecho a la propiedad privada defendido por encima del derecho a no ver a tu hijo morir de frío, la deuda soberana y hasta la lluvia vista como la orina de los ángeles del cielo... Todo es discutible si se juega con la perspectiva. ¿Han preguntado acerca de Dios a un moribundo?
Incluso servidor, al que le gustan las kokotxas, los cuatreños valientes y que vibra cada día como un niño con la sola posibilidad de ponerse delante de un toro en la Cuesta de Santo Domingo de Pamplona una sola vez más en la vida, incluso yo, digo, que comprendo la naturaleza midiéndome con ella, aceptaría que estudiáramos la manera de relacionarnos con el mundo. El lógico preguntarse qué planeta vamos a dejar a Keith Richards. La ley depende de la convención, que es fuerza de la mayoría, y lo demás es gusto y moda. Pudiera ser que la Humanidad diera un giro copernicano y dotara a todos los seres vivos de libertad, capacidad de decisión, conciencia y responsabilidad. Y que hiciera esto porque lo decidieran las cámaras legislativas, no Jorge Javier Vázquez. Sería una majadería igualar al animal con el hombre, pero tampoco sería la primera. Es lícito querer cambiar los lazos sometimiento con los seres vivos. Pero con todos.

Publicado en Diario Sur el17/09/2015. Foto de protestas contra el Toro de la Vega en Tordesillas de Nacho Gallego. Agencia EFE.

lunes, septiembre 14, 2015

'Tabarly', el caballo torero ( Chapu Apaolaza)

Dicen de él que tiene alma. ‘Tabarly’, un alazán oscuro, podría ser el caballo de Santiago o el ‘Bucéfalo’ de Alejandro. No duda nunca. Sale al tercio del ruedo, camina adelante y atrás a las órdenes de la mano suave de Gabin Rehabi, que levanta la puya y hace sonar el estribo para llamar al toro. ‘¡Já!’ El morlaco se arranca de lejos y lo arrolla como si chocaran dos planetas. El impacto en el peto es terrible y emite una onda expansiva que hace guiñar los ojos a tres filas de espectadores. El toro lo prende desde debajo de los pechos y lo hace balancearse sobre su enorme cabeza. Patea el aire hasta que encuentra la seguridad del ruedo con sus cascos. Un caballo valiente, un picador certero y un toro bravo han propiciado uno de los espectáculos más antiguos e intensos de la tauromaquia. La plaza se pone en pie y rompe a aplaudir.

Francisco Apaolaza en el Ideal - Aquí el artículo completo -

lunes, agosto 31, 2015

Se torea como se vive (JUANSINTIERRA)


Impecabley lúcido texto de Apaolaza. Por matizar un poco sus precisas ideas, yo diria que el torero no se juega la vida porque le da la gana. En las corridas de toros, el torero representa al ser humano (hombre y mujer) y se juega la vida precisamente porque vivir es jugársela. En las corridas, como en la vida lo que está en juego es la manera de vivir. La ética, el estilo. Se torea como se vive. El tonto torea y vive tontamente. El inmoral, torea y vive en su estilo. De igual manera, el hombre honrado torea honradamente, y si es artista, ademas de honradamente lo hará con belleza. Las corridas son escuelas y modelos de vida, por eso en este mundo "virtual", de gadget y plastico de colores, ni la muerte ni la vida forman parte de la reflexión.
 JUANSINTIERRA

martes, agosto 25, 2015

Escribe Chapu Apaolaza

Tal vez iban a los toros porque suponen, en último caso, la última muerte digna de los animales, la única bestia que dice ‘agur’ de la mano de su propia naturaleza: con un nombre, ante una multitud, con posibilidad de revancha y como una fiera orgullosa de combate, y no en la oscuridad anónima del matadero, ajeno a esa multitud que ya no defiende la vida del animal –y aquí está el engaño–, sino la visibilidad del sacrificio. No les importa que se mate al animal, pues en general, estos tipos no conocen a los animales más que por los documentales, y casi no se acuerdan de lo que es la muerte. Creen que la comida crece en los lineales de los supermercados. Lo que les jode es que se vea morir algo, pues fallecer es inconcebible en su eterno paisaje de fotos pastel en Instagram y de bobadas atribuidas a Paulo Coelho; donde todos son jóvenes y guapos para siempre, cada día es uno menos para el viernes y a muerte solo se va al campo de fútbol.
En ese mundo en el que nadie enferma no hay sitio para un hombre que se juega la vida porque le da la gana y un animal que pelea pese al castigo. 

Francisco Apaolaza - La Voz de Cádiz 20/08/2014 -

foto: Ramón Masats

viernes, noviembre 07, 2014

Qué mierda, Canito (Por Francisco Apaolaza)

Canito es anciano, menudo, recio y lleva en la boca una lengua de demonio con la que jura y dice inmundicias aleatorias y bellísimas. Desde hace 75 primaveras se mueve armado de una cámara de fotos, con su metro cincuenta y ocho de altura asomando la gorrilla por las tablas como una tortuga pequeña y blanca que habita los callejones de las plazas de toros. Don Francisco Cano Lorenza, 101 años, superviviente a un siglo de tauromaquia, todavía tiene en los ojos el hambre que le hizo boxeador y después torero y después fotógrafo. Lo ha retratado todo desde que se empotrara en la cuadrilla de Luis Miguel Dominguín y bailara sobre las llamas del fuego del pecado, en Chicote o en América, cuando Manolete perdía los alamares con Lupe Sino y Arruza saltaba las tapias de los chalés de las señoras.

Ava Gardner, en lugar de Cano, le llamaba ‘coño’, y eso es ya más medalla que la Gran Cruz al Mérito Naval. En su mundo, la vida se jugaba cada tarde. Después, las recepciones se llenaban de indignados por el escándalo; arriba, los corchos del champagne marcaban los techos de las suites de los toreros. A la amanecida, impregnado de una grandeza fluorescente que aún le acompaña, volvía Canito a su pensión y a su santa.

Sigue trabajando. En el asa de su cámara hay más verdad que en algunas ferias de agosto. Hasta ayer conducía a 200 y aún sublima la vida en una siesta de coche, un vaso de Las Campanas (lo bebía con Hemingway), una paella blasfema, una falda y una cacha al aire. Homenajeado contra pronóstico con el Premio Nacional de Tauromaquia (merecía el de Fotografía), forma parte de esa legión de tipos insólitos forjados en los rincones fecundos de la fiesta de los toros. En ese escenario infinito que algunos de ustedes desprecian como ‘la España de pandereta’, perdieron y brillaron como antihéroes de cómic, reales como un dolor de muelas. Yo en algún momento de mi vida quise ser cada uno de ellos. Ahora se apagan poco a poco, asediados por lo ‘cool’, las biografías de Steve Jobs, un positivismo pegajoso de lunes y cierto ‘pensiero debole’ mal entendido que adora todo menos lo propio. La belleza hoy es una fotillo de un atardecer coloreado en un muro de Facebook y la verdad, una cita de Coelho. Qué mierda, Canito. 


Foto: Andrés Rodríguez

Vía: Diario Sur 

lunes, mayo 12, 2014

A los toros (Chapu Apaolaza)

En el mundo hay sitios y lugares. El túnel de cuadrilla de Las Ventas en San Isidro es de los segundos. Es una puerta entre dos mundos: delante, el vacío físico del ruedo recién rastrillado, pintadas las rayas nuevas como una 'tabula rasa' en la que reescribir la historia de la gloria o de la muerte. Atrás quedan Madrid, los atascos, los gritos de los que venden agua fría, el trabajo, el balance de la empresa en el segundo trimestre y otras tablas de beneficios y pérdidas contables que allí carecen de sentido. Por eso lo buscas y sales del curro como si rompieras las cadenas y tomas un taxi que vuela por la M30 con el estómago como si te hubieras tragado un globo. De pronto, estás a su merced. 'Getting dark, too dark to see, knocking on heaven's door'. Allá en el tendido que se va llenando poco a poco así de lejos crees ver a alguien que falta y si entrecierras los ojos junto al ladrillo se dibuja la fantasma de don Antonio Chenel de espaldas, mirando la luz de enfrente desde otro mundo y fumándose un 'lucky' con el capote ya liado, los pies separados un poco más allá de la vertical de los hombros.
Puedes notar ese olor a humo de puro, a colonia de hombre y si te fijas, sientes esa electricidad que lo cubre todo y que pica en el cuello y en la boca como si mascaras pilas. Así sabe el compromiso de unos tipos que saldrán de allí ungidos en carros de relámpagos, que diría Manolo García, o tumbados en una camilla o, en el peor de los casos, despedazados por el fracaso y la vergüenza. Por nada. Porque en un mundo que se mide en 'Clicks' o en 'Me gusta', ese túnel es un monumento a la inutilidad del arte de la que hablaba Auster, que es la única manera de hacer arte. Allá vamos cada mayo a pasar por esa puerta, a sentir con ellos el abismo delante de los pies, a perder el aire, a notar en la cara el aliento caliente y húmedo de la bestia. A que la suerte nos apunte en la nuca. ¡A los toros!

Francisco Apaolaza en La Voz Digital

jueves, octubre 17, 2013

Sobre la foto censurada a Daniel Ochoa de Olza ( Chapu Apaolaza)

Vaya la que le han hecho a la foto de Daniel Ochoa de Olza, que por cierto es magnífica. He escuchado a un bobo del Ayuntamiento que han elegido otra de un parado (nada en contra de la imagen) porque transmitía "valores como... el paro". La de Dani transmite estos: coraje, decisión, fuerza, superación, valor, honor, coraje, determinación, heroísmo, batalla, victoria, lucha y gloria en los laureles. Podría seguir un folio, pero tengo una página por hacer. En cualquier, caso como es de un torero, la censuran en Barcelona. Este o ese, como quieran, es, a veces, un país de mierda.

Chapu Apaolaza

domingo, julio 07, 2013

Andanada


Amigos, abrazos, estofados, chicas yeyé, sangría, resaca, calor, hielo, cangrejos de río, cumpleaños, baile, toros, toreros, sandía, guiris, besos, magras, estocadas, babas, vasos ajenos, pellizcos, helado, faenas, pañuelos, amor, cornadas, canutillos, toallas, manos al cielo, mártires, risas, ninjas, amigos, gorros, sangre con tomate, par de banderillas. El paraíso del esquizofrénico, un coliseo cachondo, la tercera guerra mundial de las emociones, el Wall Street de la merienda.
Chapu Apaolaza 

Nota: ¡¡¡¡Romanillos!!!!

martes, julio 14, 2009


Copio a Chapu Apaolaza:
Ve dentro de 15 años cuando mida metro noventa y dile que no se meta a correr . Entonces tu mujer igual te corta los cataplines, pero el vídeo es sencillamente precioso. Muchos recuerdos.

martes, enero 16, 2007

Un momento sencillamente abrumador.



No me canso de mirar ese trincherazo.
Pablo escribe lo siguiente:
Hay un momento sencillamente abrumador, cuando después de vaciar una serie con un trincherazo peculiar abandona –no tira– la muleta– y se va andando –es un decir– llorándose todo sí por dentro, en una misteriosa danza que resultaría ridícula o esperpéntica en la mayoría de los toreros, pero que a este hombre le sale cincelada.

Escribe más y, como siempre, extraodinariamente.

Nota: Yo también sigo asombrado.

Nota añadida: Enlazo a Chapu Apaolaza. Otro lujo.