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miércoles, enero 21, 2015

Sobre la muerte de Pepe-Hillo


Para ese día, José Romero, Pepe-Hillo y Antonio de los Santos iban a lidiar 16 toros, ocho por la mañana y otros tantos por la tarde. Dos pertenecían a la ganadería de José Gabriel Rodríguez Sanjuán, de Peñaranda de Bracamonte y de raza castellana. “La víspera de la corrida, los toros estaban en la vaguada del Arroyo de Abroñigal, esperando ser llevados en la madrugada siguiente a los corrales de la plaza de la Puerta de Alcalá. Pepe-Hillo, que siempre había desconfiado de los toros castellanos, acudió a verlos a caballo. Uno de esos toros se acercó a él y entonces, dirigiéndose al mayoral, le dijo: «Tío Castuera, ese toro para mí». Era Barbudo, negro zaíno, y salió en séptimo lugar por la tarde”. Según José de la Tixera, autor de la “Tauromaquia o arte de torear”, dictado por Pepe-Hillo cinco años antes, Barbudo fue manso en el caballo. “Pepe-Hillo, de azul y plata, le dio dos naturales y uno de pecho. Entró a matar, muy cerca del toril, metió media estocada muy superficial y contraria, haciendo el toro por él y le alcanzó en el muslo izquierdo, le corneó en el estómago, campaneándolo horriblemente de pitón a pitón durante varios segundos. El picador Juan López, sin caballo y sólo con la vara, intentó hacerle el quite pero fue inútil. Pepe-Hillo murió en la enfermería 15 minutos después. José Romero mató luego al toro de 2 estocadas” […] De alguna manera, la muerte de Pepe-Hillo precipitó la desaparición de los toros de Castilla. 

Tierras Taurinas - Opus 30 "Raza de Castilla"

sábado, abril 21, 2012

La tauromaquia de Verdi (el Papa Negro)



Javier: El otro dia te mandé unas declaraciones de Manzanares en las que sostenía que el toreo se acerca mucho a un ballet. Después de "la apoteosis de ayer", el crítico Antonio Lorca va por el parecios rumbos:
ANTONIO LORCA:
Este es el toro que gusta hoy: con cara y trapío de novillo, sin casta, con las fuerzas justísimas y con una clase excepcional. Vamos, que el lote de Manzanares se parecía a un toro bravo y encastado como un huevo a una castaña.Dos ovejitas obedientes y dulces de corazón que permitieron que un artista jugara al toro con ellas. ¿Dónde está el toro vibrante, encastado y codicioso?¿Dónde el toro desafiante y poderoso y el torero heroico?
Este es el toreo de hoy, que más se parece a un paso de ballet que a la lucha entre un animal bravo y noble y un ser humano. Lo de ahora, lo de ayer, es otra cosa;es almíbar, hermosa, dulce y empalagosa, pero nada vibrante. Priman el buen gusto y la elegancia, pero no hay emoción, ni conmoción, cimientos del toreo deverdad.
Honor y gloria a Manzanares, y que dure muchos años. Pero el toreo auténtico nunca fue cursi, y el suyo se asoma, -elegantemente, eso sí- a ese bello precipicio.
---Toros de Victoriano del Río, mal presentados, mansos,blandos, descastados y muy nobles; destacaron segundo y quinto.
El genio de Verdi en La Traviata ya sacaba gitanas que auguraban este futuro y al valiente matador "PIQUILLO" elegante bailarin rodeado de obedientes toros de cartón.
Olvidemos las tauromaquias de Pepe Hillo y Pedro Romero. Olvidemos a Rafael Ortega , tan repetido por tí, ... El que sabía de esto era Don Giusepe Verdi.

lunes, octubre 10, 2011

Sobre los cánones de la tauromaquia


Los cánones de la tauromaquia, que definieron Montes, Paquiro y Pepe Hillo, contemplaban que , en su ejecución, debían aunar la máxima ventaja del toro y la máxima seguridad del torero . No eran preceptos, y es rechazable esa exigencia dogmática de que toda suerte del toreo ha de ajustarse, sin posibilidad de modificación, a los cánones dictados por los padres de la tauromaquia; pues una evolución positiva de esos cánones habría supuesto, a su vez, una evolución positiva de la lidia. Eran reglas de bien torear y si mantienen la misma validez del primer día es porque no se han descubierto otras. El toreo heterodoxo que, épocas adelante, han practicado diversos diestros, algunos de ellos con gran aceptación popular, ha sido rechazado por los aficionados no a causa de su heterodoxia, sino porque de alguna forma rompía esas constantes de máxima ventaja del toro, máxima seguridad del torero y fin último de dominio sobre la fiera, que constituyen el fundamento esencial del toreo"
Joaquín Vidal (El Toreo es Grandeza)
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" Los Principios del arte de torear que escribió Pepe-Illo tienen la permanencia perfecta de un dogma estético, o sea, todas las condiciones convencionales de una ciencia. Tratar de sustituirlos sería como tratar de inventar un nuevo sistema planetario: posible, pero incómodo; y, probablemente, equivocado."
J. Bergamín

jueves, octubre 22, 2009

Un aficionado a los toros en los "Episodios Nacionales"


Recientemente Gómez de Lesaca nos recordaba la descripción que hace Galdós de un aficionado en los tiempos de Fernando VII. Hoy siguiendo con los "Episodios Nacionales" llego a "Mendizabal" .
Calpena llega a una casa de huéspedes en Madrid, allí conoce al clérigo Pedro Hillo; sobre él se lee:
Su principal ciencia, entre las poquitas que atesoraba, era el entender del arte del toreo y mostrar profundo conocimiento de sus reglas, de su historia, y poder dar sobre tales materias opiniones que los devotos del cuerno oían como la palabra divina. Pero dígase en honor de D. Pedro Hillo que, lejos de la intimidad con otros taurófilos, no alardeaba de su conocimiento, ni usaba nunca los groseros terminachos que suelen ser lenguaje propio de esta singular afición. Como se disimula un ridículo vicio, disimulaba el buen curita su autoridad en materia de quiebros, pases y estocadas

martes, octubre 06, 2009

Retrato de un aficionado del tiempo de Fernando VII: don Felicísimo Carnicero en "Los Apostólicos" de Benito Pérez Galdós (Gómez de Lesaca)



Retrato de un aficionado del tiempo de Fernando VII: don Felicísimo Carnicero en Los Apostólicos
Gómez de Lesaca
No era Pérez Galdós aficionado a los toros y pocas referencias a la fiesta en su obra. Una excepción es su novela Los Apostólicos (1879), en la segunda serie de sus Episodios Nacionales. La trama se desarrolla en los años finales del reinado de Fernando VII, cuando ya los partidarios de Don Carlos afilaban los sables y engrasaban las armas. Entre los personajes de la obra destaca la figura de don Felicísimo Carnicero, viejísimo, acartonado, agente de negocios o solicitador, con muchos y buenos clientes entre el clero, absolutista neto y aficionado a los toros. Allí, tras su mesa camilla, en la que alternaban sobre el hule legajos, jícaras de chocolate y cocidos, hacía tertulia política, llevaba sus cuentas, pues además de tacaño era un tanto logrero, y hablaba de toros. Acudía también a estas reuniones un protegido suyo, antiguo cortador y dependiente del matadero de Madrid llamado Tablas descrito por don Felicísimo, con desdén por su falta de arrestos, como “un chiquilicuatro que, por no tener alma no ha emprendido el oficio de mirar cara a cara a la cuerna y está de demandadero en la cárcel de la villa”. Entre los méritos de Tablas estaba el haber anunciado la venida a la Corte de Francisco Montes Paquiro, “un enviado de Dios para restablecer la decaída y casi muerta orden de la tauromaquia”. En esto estuvo acertado. Es también superior la descripción que hace el Tablas de la fuga del liberal Olózaga de las cárceles fernandinas como si de una crónica taurina se tratase. Don Felicísimo no dejaba deploraba los malos tiempos por los que pasaba el toreo de 1831, atacaba la fundación de la Escuela de Tauromaquia y añoraba los felices días de antaño, pues era partidario declarado de Costillares y amigo de Pepe Hillo. Su rechazo a la Escuela dirigida por Pedro Romero se fundamentaba en que no quería ver al diestro, a quien tanto admiraba, “hecho un catedrático de brega”. Tampoco le gustaba este conservatorio taurómaco, aunque por otras razones, a Calomarde, ministro de Fernando VII y gran carcunda, que se enfrentó en esta cuestión al también ministro y hacendista López Ballesteros, menos reaccionario y más inteligente, aunque no por derecho sino a través de su subordinado Manuel González Salmón. La opinión de don Felicísimo respecto a la decadencia del toreo no carecía de fundamento, justo antes de la aparición de Paquiro.

jueves, octubre 01, 2009

"¿Qué es torear? Introducción a las tauromaquias de Joselito y Domingo Ortega" Gregorio Corrochano

La editorial Bellaterra sigue ampliando su colección "Muletazos". Ahora editan "¿Qué es Torear? Introducción a las tauromaquias de Joselito y Domingo Ortega". Copio de la página de la editorial:
«¿Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo lo mató un toro.» A partir de esta experiencia, don Gregorio Corrochano aborda este ensayo, amparándose en lo que vió hacer a los grandes toreros de su tiempo y en lo que vieron otros que nacieron antes que él. Como en tauromaquia nunca se sabe, si lo que se dice –o lo que se hace– es verdadero, se deja guiar por la «experiencia sabia» de aquellos que, como Pepe Hillo, Paquiro o el mismo Joselito, regaron con su sangre los ruedos.
Este libro no fue escrito para dar lecciones magistrales a los toreros. El torero tiene su mejor maestro en el toro. Esta reflexión va dirigida al público, al aficionado que guste de ponerse al corriente de lo que es torear, para que sepa descifrar la corrida y descubrir los inagotables matices de la lidia.
Un libro como este, que no deja de ser las memorias de un espectador al que la muerte de Joselito le permitió desvelar las servidumbres y grandezas del toreo, permitirá al aficionado veterano recuperar el sabor de un pasado que seguramente fue mejor, y al primerizo, abordar la lidia con la seguridad de que obtendrá lo máximo de esa experiencia iniciática."