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viernes, enero 21, 2011

Sobre los delegados gubernativos ( Capitán Alatriste)

RINCONETE Y CORTADILLO, LOS ÚNICOS QUE FALTAN EN EL CALLEJÓN DE LAS VENTAS

No cobran un duro. En El País Vasco, los miembros de la Ertzaintza, se llevan “un buen dinero”, pero en el resto de plazas, nada. Dicen que lo hacen porque son aficionados. Cuando empieza San Isidro saben que pasarán mes y medio sin pisar por casa. Viven en la plaza desde el reconocimiento matutino hasta el desembarque nocturno, cuando la plaza apaga las luces. Se definen como fedatarios públicos. Un notario, vaya. Supervisan el sorteo, el estado de los toros, su peso, el reconocimiento post mortem, los caballos, petos y picadores, el piso del ruedo, los trastos de torear y el trasiego en el callejón. Incluso, los días de cornada, permanecen en la puerta de la enfermería para firmar el parte médico. Levantan actas por todo. Pertenecen al Cuerpo Nacional de Policía y, en muchos casos, después de curtirse a ras de albero, pasan al palco, como Presidentes. Son los Delegados Gubernativos.
Ayer, dos de ellos estuvieron en Casa Patas: Juan José Niño y Justo Polo. Aseguran que el callejón de Las Ventas es poco menos que una verbena. Les torean los apoderados, que saltan de su burladero correspondiente a las primeras de cambio; los periodistas, que campan a sus anchas con la cámara o la alcachofa; las cuadrillas; los invitados de la empresa y la Comunidad. Todo Dios. Pero el día que un toro salta al callejón, son ellos quienes se llevan “la tostá”. Se ríen al pensar que si ahora les toman por el pito del sereno, ¿qué pasaría si su función la cumpliera un miembro del Ministerio de Cultura? Que todo el monte sería orégano. Barra libre.
Tienen anécdotas para escribir una enciclopedia… Porque ser Delegado Gubernativo en el país de la picaresca, da para mucho.
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