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martes, noviembre 25, 2014

Casta Navarra


La casta Navarra nace gracias a numerosos labradores que mandan sus toros más bravíos para las Fiestas. Cuando en 1592 Pamplona organiza una corrida de veinticuatro toros en honor al rey Felipe II, se le encarga a un veedor que peine las Bardenas para que traiga los mejores animales que encuentre en ellas. Un semental por aquí, otro toro viejo por allá, todos poseen en común los caracteres de esta raza autóctona nacida de la relativa domesticación de algunos Betizus del siglo V. Sin embargo, en 1635, aparece en Corella el primer ganadero relevante.


[…] En las reseñas, encontramos perlas como ésta: “menudos manojillos de nervios, encendidos de pelo y sangre, guindillas rojas de la ribera del Ebro”. Mazzantini señalaba que eran “avispas”, mientras que cierto crítico escribió que “sin llegarle a la cintura, le llegan al cuello”. 

Tierras Taurinas. Opus 29 , Viaje al Norte 

lunes, noviembre 17, 2014

Los Betizu


La frontera natural del macizo pirenaico ha podido con la unidad vascona, de la que sólo pervive una inmensa nostalgia, materializada en la permanencia de un Euskal Herría mítico. En francés traducen esta palabra por “Pays Basque”, y el término es adaptado al castellano como País Vasco. Las fronteras políticas se fijan, partiendo en dos el territorio de la antigua vasconia. Sin embargo, dos especies desafían estos límites administrativos: los contrabandistas vascos y los Betizus (behi = vaca, izua = salvaje) . La apertura del mercado europeo acaba con los primeros, pero los otros resisten: en total libertad y en peligro por la vertiente francesa, más controlados y protegidos en España.


[…] Desde tiempos inmemoriales, leyendas compartidas a ambos lados de la frontera política, que divide el País Vasco en dos mitades, hablan del “zezengorri”, el toro rojo guardián de las cuevas pirenaicas, y que a veces toma apariencia humana. Un zezengorri muy similar a la vaca roja pintada en varias cuevas, entre ellas las deLascaux y Sainte Colome en Francia, o la de Arenaza en Galdames, en Vizcaya.En aquellas leyendas, el zezengorri arroja fuego por sus fosas nasales o su boca y, a veces, le arden los cuernos. En estas mismas leyendas, el toro rojo se asocia, como guardián de las cuevas, a la efigie de Mari, la Diosa Madre, símbolo de la fertilidad. Ligado con el toro fiero, emblema de la potencia y la bravura, se reproduce el mítico binomio pintado primero en la cueva de Chauvet (ver opus 27), y presente después en todas las culturas mediterráneas (ver opus 28). Según el aita (padre) Joxemiel Barandiaran, sacerdote, antropólogo, etnólogo y arqueólogo vasco, estas leyendas fueron inspiradas por el Betizu, raza autóctona del Pirineo vasco, un toro salvaje de poca alzada pero de casta endemoniada que fue utilizado en los juegos taurinos desde tiempos remotos. 

Foto superior: Betizu
Foto inferior : Mapa de dialectes d'Euskal Herria - Louis Lucien Bonaparte -


lunes, noviembre 10, 2014

Sobre los matatoros vasco-navarros




No cabe duda de que la historia de la Fiesta moderna nace en Ronda y Sevilla, y de que Pedro Romero, Costillares, Chiclanero o Pepe Hillo son sus inventores. También es cierto que, de ellos, parten todas las líneas alternativas que llegan hasta nosotros, haciendo de los matadores pasados, presentes y futuros sus ahijados, más o menos lejanos. Sin embargo, cuando los toreros andaluces empiezan su andadura, compiten en el norte con los últimos matatoros que Goya hace famosos, incluyéndolos en sus grabados al lado del recibir de Romero o la muerte de Pepe Hillo. Entre los toreros del sur y los matatoros vasco-navarros, la competencia se saldó con una victoria aplastante de los primeros, cuyo innovador toreo de muleta y las estocadas llenas de majestad eclipsaron a los recortes y saltos de los olvidados “ventureros”. No obstante, algunos lances de capa y la suerte de banderillas, ambas invenciones vascas, subsistieron en el repertorio común de todos los toreros posteriores. De forma paralela, al cabo de un siglo, los toros andaluces también acabaron con el resto de razas, ya fueran la Jijona, la Castellana o la Navarra.


Esta última, afortunadamente, no desapareció del todo gracias a los numerosos festejos populares que se siguieron dando en Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Aragón, donde podemos percibir la huella de los “corredores” de la Edad Media. Desde un punto de vista antropológico, es apasionante descubrir como, a principios de nuestro siglo XXI, gracias a la crisis económica que ha debilitado al sector taurino, la tauromaquia de estos primeros “corredores” vasco-navarros, bastante marginada y desprestigiada por parte del mundillo “oficial”, ha vuelto a resurgir a nivel nacional, hasta aparecer en muchas ferias como el chaleco salvavidas de las empresas, merced a su bajo coste y su enorme tirón.


Imagen superior:Pintura de Gustave Colin - Lezo a finales del S XIX -