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lunes, mayo 19, 2014

Sobre la tarde de Couto de Fornilhos

Cuatro toros complicados, mansos y problemáticos –peor el quinto, descastado a mi juicio- de la Sociedad Agrícola Couto de Fornilhos, con mal genio, broncos e inteligentes -con una sorprendente capacidad de aprendizaje para la estupidez generalizada por la LOGSE ganadera actual-, y los mismos se empeñaron en darle el mismo trato y los mismos pases que a las mismas borregas del encaste habitual… ¡qué pasión incontrolada o incontrolable!
(...)
el buen aficionado nunca se substrae del juego del toro, y por eso exige que a cada cual se le dé la lidia que requiere, y no ese sinsentido de mil trapazos al natural por faena, salga lo que salga. Pues que no, oiga, los toreros, fieles al guión preestablecido por Julián y compañeros mártires, se empecinan en darle al buey más rajado, al mulo más infame, a la cucaracha o al marrajo más alevoso, los novecientos noventa y nueve muletazos de la  Sharía taurina post-moderna.
Ayer, tres toreros modestos, alguno modestísimo, se empecinaron  en el mismo error… para su pecado, adversidad, desgracia y las nuestras. Mil trapazos al coste que sea, pase lo que pase, aunque cunda la desilusión, el tedio o la desesperación entre los aficionados; ya habrá gente en los tendidos que aplauda -siguiendo perfectamente el guión- la concatenación inútil e inoportuna, improcedente e imprudente de muletazos. ¡Hay gente pa tóo!, que dijo el Guerra.

Rafael Cabrera - Empecinados en el error


viernes, marzo 14, 2014

Habla Gerardo Ortega

Desde que vive solo en la finca, Gerardo se ha asilvestrado un poco. Para colmo, le quitaron el carné de conducir. Pero en Vallebarco hay Wifi y, en cuanto desaparece el sol, se lía a tuitear mientras se toma una cervecita delante de la lumbre. Algo que sus antepasados que vivían en el cortijo viejo ni siquiera podían haber imaginado. Y desde que tuitea, Gerardo se encuentra algo menos solo. Es más: tiene una larga lista de amigos que le siguen y que, poco a poco, se van apasionando por los toros que cría. Y no le viene mal.

[…] “Antes, todos los años, tenia los toros rematados por estas fechas. Pero ya no puedo más. Estoy tieso como una regla. Pero mira cómo están los utreros de campo. La bellota, lo bueno que tiene, es que en verano se les nota. Todo el problema que tenemos de pitones es por culpa del pienso. El toro tiene que comer de forma natural, lo que fue toda la vida. Aquí es lo que hay: hierba, bellotas y, los utreros, aceitunas. Acojonante” […] No hay nada más perfecto que la naturaleza. Leerla es difícil, pero te va marcando la pauta. Yo aprendí a fuerza de pan, cuando he tenido que pagar, como todo el mundo. Cada año vas aprendiendo algo. Y todavía me queda mucho. Coges a un talador de aquí, del pueblo, y flipas de las cosas que te dice y tú no ves en tu propia finca”.