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lunes, julio 03, 2017

Sobre la buena novillada de María Cascón en Las Ventas


porque la verdad es que la corrida de los lisarnasios de doña María fue una espléndida lección de que todos los prejuicios hay que dejarlos en casa cada vez que se va a los toros, porque la novillada de hoy de Madrid ha sido un regalo para el aficionado, lo mismo en presentación, que ha sido pareja y equilibrada, que en comportamiento, que ha sido marcado por la casta pero también por la franqueza en la embestida, con su poco de mansedumbre -y esto no se dice ni mucho menos como nota negativa-, por la manera en que han rebatido ese lugar común de la frialdad de lo de Atanasio en los primeros tercios, y por la pena mora de que no hayan caído en otras manos que los hubiesen lucido más y les hubiesen dado más fiesta, que en esta vida hasta para ser novillo hay que tener suerte.

(…)

A la finalización del festejo la bondadosa afición venteña, a quien algunos interesados quieren pintar como ogros furibundos, aplaudió con sinceridad al conjunto de los cascones haciendo salir al mayoral a saludar. Yo disfruté una barbaridad con esta corrida, pero creo firmemente que esto que han traído dentro los novillos no es, ni mucho menos, lo que de ellos esperaban quienes los compraron. Desearía fervientemente estar equivocado



José Ramón Márquez – Aquí la crónica completa -

domingo, septiembre 12, 2010

Sobre Zestoa


El miércoles, día de la Virgen, y el viernes se lidiaron en la nobilísima y antiquísima plaza rectangular de Costa Urola, la 'Monumental' de Zestoa, los últimos cuatro toros de la temporada guipuzcoana. Fue 'Sonajero', un batallador cárdeno bragado meano y careto, quien clausuró la feria entre aplausos pero será 'Comadrejo', otro cárdeno calcetero careto, girón y coliblanco, el novillo que la villa donde mejor se escucha el pasodoble 'Amparito Roca' recordará. 'Comadrejo', de la muy cuidada ganadería toledana de Adolfo Rodríguez Montesinos, fue paseado entre vítores tras su muerte a lo largo de la rectangular mientras el joven torero al que hizo triunfar con su casta y su hambre de muleta, Fernando Adrián, triunfador el domingo pasado en la final de novilleros de Bayona, recibía los trofeos máximos, las dos orejas y el rabo.
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Al final, un bregado chaval, apedillado Hernández se hizo con su primero al que le cortó una oreja ante el delirio de los tendidos y ya con su segundo dos orejas y rabo y vuelta para el hermoso de capa y magnífico ejemplar de bravura que fue premiado con la vuelta al ruedo para bien de los tendidos y del ganadero. La cuadrilla de la organización con Txamber a la cabeza no cabían de gozo. El pueblo entero sonrió ante tal evento, y un año más, este en demasía, se justificó que la tradición, la costumbre debe prevalecer esté quien esté en el sillón y que este pueblo no puede perder sus fueros. Allí estuvo un año más Lucio Riesco, incansable taurino, que siempre se dejará ver en estos lares y que con emoción e ilusión renovada nos contaba y cantaba las excelencias de la tarde. Guipúzcoa taurina para siempre mientras el pueblo no olvide su pasado, y de Azpeitia a Zestoa están en ello