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domingo, julio 15, 2012

"Acuérdate, Tito" (Capitán Alatriste)


La plaza en pie y un picador, castoreño en mano, recibiendo la cerrada ovación. Un centauro -de Salamanca- en Céret. Tras propinar dos medidos puyazos al de Moreno Silva, Castaño le advirtió: "Tito, acuérdate". Y, automáticamente, el picador charro se desató el castoreño y lo lanzó hacia el toro, que se arrancó de nuevo hacia el caballo por tercera vez entre la algarabía de los aficionados. Hubo una cuarta, ya con el regatón, que desató la locura. Y para culminar el cavilado espectáculo de Tito Sandoval y Javier Castaño, una soberbia lidia de Marco Galán y unos extraordinarios pares de banderillas de David Adalid. Sólo por eso, el viaje hasta Céret valió la pena.

Pero hubo más, porque la corrida de Moreno Silva que se ha lidiado este sábado en la plaza francesa fue interesante en grado sumo. Hubo de todo: tres ejemplares con "posibilidades" para el torero, nobles en distinta medida (tercero, cuarto y sexto), y tres peligrosos que pidieron el carnet (primero, segundo y quinto). Los seis lucieron una presentación imponente (con una media de 600 kilos), aptos para cualquier plaza de primera categoría y que el pequeño coso de Céret provocó que parecieran aún más hondos. Un detalle: entre los seis toros de origen Saltillo, se repartieron más de veinte puyazos. Se conjugó, pues, la difícil combinación de fondo y forma.

Por culpa de los fallos con la espada, El Fundi, que se despedía de Céret, cortó la única oreja de la corrida ante el cuarto, un animal que no admitía un pase por el pitón izquierdo, pero que por el derecho se los tragaba a media altura con nobleza. Desde los tendidos le gritaban "maestro" al de Fuenlabrada, que fue recibido con una cariñosa ovación y al son de la cobla. Bien ganado tiene El Fundi el reconocimiento de la afición francesa. Su primero, el que abrió plaza, se mostró peligroso, tirándose hacia la barriga, y fue el propio público quien pidió que abreviase.

Tampoco pasó un buen rato con su lote Javier Castaño, que ha resultado el menos afortunado en el sorteo. Estuvo "lidiador" con ambos, en dos faenas con sabor a tauromaquia antigua sobre las piernas, atacando al segundo y defendiéndose del astifino quinto, que le puso los pitones en el corbatín. Qué manera de tragar... Anduvo mal con el estoque y perdió las orejas, una pena, porque las había ganado a fuego. Amagó con dar la vuelta al ruedo cuando cayó el segundo, pero unos pocos protestaron y regresó al burladero. Cuántos apéndices hemos visto regalar por menos!

Cerraba terna el catalán Serafín Marín, que sorteó los Saltillos más nobles y además estuvo arropado por numerosos paisanos. Firmó las mejores verónicas de la tarde, meciéndose con gusto. Desafortunadamente, también se amontonó con la espada y su balance cerró en silencio y ovación. De lo contrario, le habrían concedido la oreja del sexto, un buen toro en la muleta, noble, fijo y pronto en las embestidas.

Todo el mundo pensando que la Feria del Toro estaba en Pamplona y, entre juampedros y torrehandillas, se exilió en Ceret
Capitán Alatriste
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Foto: Terres Taurines (iré subiendo más fotografías de este festejo)

lunes, junio 11, 2012

Sobre la corrida Valdellán en Sahagún


EXTRAORDINARIA CORRIDA DE VALDELLÁN EN SAHAGÚN: LOS GRACILIANOS AL RESCATE

Este domingo se lidiaban en Sahagún seis toros de la única ganadería que pasta en la provincia de León: los gracilianos de Valdellán (vía Hoyo de la Gitana y Pilar Población). Cinco salieron bravos y de nota alta. Aunque al cuarto se le premió con la vuelta al ruedo (fue el que quizás más apretó en el caballo, arrancándose de largo, metiendo los riñones y embistiendo con la cara baja), los mejores y más completos fueron tercero y sexto. En cualquier caso, una magnífica corrida tanto de fondo como de forma que podría haberse lidiado en cualquier plaza de segunda categoría (el lote pesó una media de 530 kilos) y que permitió a la terna salir a hombros. Incomprensible que en ese paseíllo triunfal no estuviera también al mayoral de Valdellán, ganadería a la que, por cierto, le indultaron un toro en esta misma plaza el año pasado.

Ya de madrugada, escribía Domingo López Chaves en su cuenta de Twitter: “Extraordinaria corrida de Valdellán en Sahagún. Cuánto me alegro por el ganadero Fernando y el encaste de Santa Coloma”. ¡Qué raro resulta que un torero felicite a un ganadero que no tenga sangre Domecq! Por eso el gozo es doble. Toreó bien el salmantino a su lote cortándole tres orejas (una al primero y dos al cuarto). López Chaves anduvo mucho más centrado, firme y animado que hace un par de semanas en Las Ventas durante la corrida de José Escolar. El ganado también era distinto: sus toros tenían fijeza, prontitud, humillación y arrancadas vibrantes. Sonreía a veces entre serie y serie al ver cómo los gracialianos perseguían los vuelos de la muleta.

El lote más deslucido se lo llevó Fernando Robleño. El segundo de Valdellán también tuvo mucha calidad y el madrileño lo enganchó desde el primer momento echándole el percal al hocico. Antes, toreando de capote dejó muestras de su buen gusto. Deberían verlo algunas figuras para que comprueben que ante un Santa Coloma también se puede tener “pellizco”. Robleño lo despachó de estocada algo desprendida y le cortó las dos orejas. Sorteó después el quinto, que fue la única nota discordante de la corrida, rajadito y más parado. Quizás acusó un gran corte en el cuello que se llevó en el primer tercio cuando al picador se le escapó la puya tras caer a la arena. Porque el quinto toro, incluso siendo el peor, llegó con tal brío al caballo que derribó a su jinete a las primeras de cambio. Si Robleño no hubiera pinchado, también le habría cortado una oreja a este toro, pero se tuvo que conformar con las dos primeras.

Cerraba terna Joselillo que se llevó el mejor lote. El vallisoletano estuvo, como se dice ahora, “bullidor”: toreó de rodillas, se abrió la chaquetilla, se descalzó… Con ganas y jaleoso, pero algo eléctrico. Paseó una oreja de su primero y dos del que cerró plaza. Sahagún, además de llevar buenos toros, tiene un público muy generoso.

A pesar del partido de la Eurocopa, unos mil espectadores (media plaza) acudieron a ver a los toros de Valdellán. La única nota molesta del festejo fue el fuerte viento que incomodó toda la tarde. De no haber soplado con esa intensidad, la corrida podría haberse lucido aún más, toreando en los medios. En cualquier caso, sobresaliente para los gracilianos que, ojalá, pronto se lidien en cosos de mayor categoría. Merecido lo tienen. Estos toros recatan la esperanza de cualquier aficionado en crisis.

El Capitán Alatriste
Foto: León Noticias

miércoles, mayo 02, 2012

Feria de Abril en blanco y negro (Capitán Alatriste)



Terminó la Feria de Abril de Sevilla, que este año no ha tenido "caló" ni "coló". Tardes frías y pocos detalles a señalar. Entre los toreros, a vuela pluma, recuerdo a Luis Bolívar, Joselito Adame, Javier Castaño, Iván Fandiño, Rafaelillo, el amor propio del Fundi, las estocadas de Padilla y la cuadrilla de Manzanares. En la parte ganadera, dos corridas entretenidas, aunque no redondas, de Cuadri y Victorino (con sendos buenos ejemplares) y otro toro de nota, el mejor del ciclo, de Moisés Fraile (vía Lisardo). Fin de la historia. Una feria, por tanto, en blanco y negro, como las fotografías del genial (y sevillano) Atín Aya. Esperaremos a San Isidro, a ver si coloreamos el asunto.

El Capitán Alatriste

lunes, abril 09, 2012

La Tauroguía de Sevilla (Capitán Alatriste)



TAUROGUÍA DE SEVILLA
Una tauroguía sevillana debe, irremediablemente, arrancar en El Arenal, el barrio más torero de la ciudad. En el Siglo de Oro fue, por su solera, tradición y paisanaje -compuesto de marineros, pícaros, prostitutas y gente de mal vivir-, el arrabal predilecto de Lope de Vega, Quevedo y Cervantes. Más adelante llegaron los toreros y La Real Maestranza se convirtió en el centro neurálgico de la zona. Cada año, cuando se aproxima la Feria de Abril, los alrededores de la plaza se llenan de curiosos, reventas, turistas, vendedoras de romero y gente del mundillo. Por eso merece la pena atracar algunas horas en El Arenal y no perder ojo. Recomiendo pedir un vino (a ser posible jerez o manzanilla) en “Pepe Hillo” o “Taquilla”, ambos en la calle Adriano, enfrente de La Maestranza. Para tomar una copa antes de los toros, cerca de allí, en la calle López deArenas, se encuentra “La Esclavina”.
Para comer, dos sugerencias: una de día y otra de noche. Para el almuerzo, “El Donald”que, aunque por su discreta localización (calle Canalejas, 5) y extraño nombre pasa desapercibido para el gran público, posee una de las mejores cartas de tapas de Sevilla. Su dueño, Mariano García, es un excelente aficionado que se deja ver todos los años en ferias como Azpeitia o Bilbao. Quizás por ello, la decoración está inspirada en motivos taurinos: carteles antiguos, fotografías de los grandes maestros, estampas típicas… En “Donald” preparan una ensaladilla digna de abrir la Puerta del Príncipe.
Para después de los toros, una excelente alternativa es cenar en la taberna “Los Coloniales” (calle Fernández y González, 36). Todas las tapas son exquisitas (por cierto, no pueden irse de Sevilla sin probar un buen salmorejo). Otra opción tan típica como el salmorejo o el gazpacho, consiste en hincarle el diente a un “Piripi” en la “Bodeguita de Antonio Romero” (calle Gamazo, 16). Los sevillanos dicen que existe “un antes y un después” del “Piripi”. Y no les falta razón.
Hasta ahora, siempre nos hemos movido por las inmediaciones del Arenal y la plaza de toros, pero si quieren bajar la cena y disfrutar del buen tiempo, les aconsejo un paseo por la otra orilla del río. Para ello, suban el paseo Colón hasta el puente Triana, crucen hasta el Altozano y saluden al maestro Juan Belmonte, que vigila día y noche La Maestranza desde la otra ribera del Guadalquivir. Recorran la calle Betis y contemplen iluminadas La Maestranza y La Giralda. Callejeen luego por la calle Pureza hasta la plazuela de Santa Ana y entren en su exquisita iglesia del siglo XIII, probablemente, la más elegante de Sevilla. A la salida encontrarán uno de los refugios del diestro Emilio Muñoz: el bar “Santa Ana donde, a propósito, sirven un maravilloso salmorejo.
Sevilla es una ciudad para recorrerla a pie. Además del paseo por Triana, entre corrida y corrida, tienen que pasear por el Barrio de Santa Cruz, admirar la Catedral y el Archivode Indias, comprar un cartucho de pescado frito en los numerosos puestos de la ciudad, cruzar el Arco del Postigo, recorrer las calles de Sierpes y Tetuán, saborear una caña con sus correspondientes olivas en la plaza del Salvador, tomar el fresco en el Parque de María Luisa y fotografiar la Plaza de España. Allí no encontrarán toros, pero les gustará. Si quieren seguir con el ambiente taurino, si bien está un poco lejos, merece la pena acercarse al barrio donde, antiguamente, se levantó La Monumental de Joselito. Ya sólo se conserva una de sus puertas y un bar con mucho sabor llamado de igual manera: “La Monumental (calle Diego Angulo Iñiguez, 9).
Si van con niños o son golosos, desayunar y/o merendar en las terrazas del “Horno de San Buenaventura” o “Pastelería Los Ángeles resulta una bendición.
Y, sobre todo, disfruten del sol y del olor a azahar. Salgan los toros como salgan, no tienen parangón.
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Cuadro: Sorolla
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Nota añadida 2013: Enlazo a este paseo  por Triana que nos recomienda Antonio Pineda
Nota Añadida: 
Vía: David Díez

jueves, marzo 22, 2012

La honradez profesional de ayer y hoy (El Capitán Alatriste)



A pocos metros de la localidad salmantina de Beleña, la familia Cobaleda conserva las últimas vacas “patas blancas” del campo charro. En las paredes de la finca La Matilla, cuelgan numerosos carteles donde el nombre de Barcial (encaste Vega-Villar) es el protagonista indiscutible. Estos recuerdos contrastan con la cartelería moderna, donde la diminuta tipografía reservada para la ganadería queda mermada por la de los toreros, diez veces mayor. Entre los cuantiosos documentos gráficos que demuestran la otrora pujanza de Barcial, llama la atención un cartel dedicado por Manolete con su puño y letra. Dice así: “Tengo un sentido exacto de la honradez profesional; pero desgraciadamente a otros, que andan alrededor del toreo, no les sucede lo mismo”.

Estos días en los que el toreo anda emponzoñado con los dimes y diretes de las figuras y sus comparsas (diestros que, por cierto, no huelen un pitón de Barcial ni a la legua), parece oportuno recordar esta sentencia de Manolete.   

El Capitán Alatriste.

miércoles, septiembre 07, 2011

Sobre la corrida de Adelaida Rodríguez en Sotillo de la Adrada (Capitán Alatriste)



LA DISFRUTARON LOS DE SOTILLO (El Capitán Alatriste)

Se lidiaban los lisardos de Adelaida Rodríguez en Sotillo de la Adrada. Tarde cálida de septiembre y el entrañable ambiente de pueblo: muchos niños con sus abuelos en los tendidos -apurando los últimos días de vacaciones-, la banda municipal y las peñas al sol. En la placita habría tres cuartos de entrada. ¡Nada mal! No todo van a ser plazas de primera y figuras.En cuanto a los toros de Adelaida, en fin, el ganadero nunca pensó que acabaría lidiándolos en Sotillo, ya que los tenía medio apalabrados para Madrid y Salamanca pero, a última hora, las empresas... ya se sabe. De ahí, la imponente presentación, con dos ejemplares que habrían valido para Las Ventas. Salieron muy buenos tres: el primero (en noble), cuarto (premiado con la vuelta al ruedo) y quinto... éste último habría sido el mejor del encierro, pero se lastimó las manos delanteras rematando contra un burladero y quedó inválido. El segundo tuvo casta y emoción; mientras que tercero y sexto fueron complicados, revolviéndose y queriendo coger al torero. En suma, una corrida realmente amena a a la que sólo le faltó apretar algo más en el caballo. Los aficionados de Las Ventas y La Glorieta se quedaron sin ella a cambio del disfrute de los de Sotillo de la Adrada. También del ganadero, que se ha quitado varios cinqueños de la finca.El premiado con la vuelta al ruedo se llamaba "Valeroso", número 27, de noviembre de 2006. Un toro muy abierto de cara, garantía de embestir en el encaste Lisardo. Antonio Barrera echó oficio (que no clase ni valor) y le cortó las dos orejas y el rabo (¡en los pueblos son así de cariñosos!). Octavio Chacón, por su parte, compuso un poco mejor (sin llegar a ponerse nunca), y Salvador Cortés sudó la gota gorda con el lote más complicado.No fue una tarde de toros "histórica" ni "cumbre", pero sí muy entretenida.
Fotografías: Capitán Alatriste

miércoles, mayo 11, 2011

Nada Nuevo (Capitán Alatriste)



NADA NUEVO
 

Dicen que la materia no se destruye, sólo se transforma. En los toros ni eso. Hace 25 años estábamos igual que ahora; aunque sin Internet quizás nos rasgábamos las vestiduras algo menos. El 1 de septiembre de 1986, Joaquín Vidal publicaba en El País una crónica titulada "La alegría de torear sin toro". Una cabecera que resumiría muchas tardes que hemos vivido en las últimas semanas. Algunas con indulto incluido. Empezaba así el artículo: 
"Torear sin toro: qué alegría, sobre todo para el torero, como ayer Espartaco en San Sebastián de los Reyes. Al público también le dio alegría, mucha, y pedía la oreja, dos -¡o-tra, o-tra!-, rabo -¡el-ra-bo, el-ra-bo!-, y la fiesta adquiría un alborozado ambiente de verbena, tal como les encanta a los taurinos que sea. Toro mutilado de pitones -según salieron todos ayer-, es medio toro, o cuarto. Toro que no soporta los tres puyazos en regla es cuarto y mitad. Toro que no soporta ninguno, está lejos de ser toro; quizá sea vaco.El segundo de Espartaco (de Marcos Núñez) recibió un picotacito y aún con eso se cayó una docena de veces; al primer toro de Espartaco -vaco- ni le hicieron sangre; ni gota. 
Al público le daba lo mismo; nadie protestó, excepto tres o cuatro aficionados, islitas insignificantes en medio del océano triunfalista que anegaba el tendido. Espartaco se despachó a gusto con el toro cuarto y mitad y con el vaco. A cada uno le dio 100 pases o 110 [...] El gentío estaba feliz con eso, a ratos entraba en delirio, y cuando vio morir al toro cuarto y mitad, alcanzó el paroxismo".


El País debería replantearse "copiar y pegar" las antiguas crónicas de Vidal. Sólo necesitan cambiar los nombres y tienen la reseña de muchos festejos del 2.011. 

viernes, enero 21, 2011

Sobre los delegados gubernativos ( Capitán Alatriste)

RINCONETE Y CORTADILLO, LOS ÚNICOS QUE FALTAN EN EL CALLEJÓN DE LAS VENTAS

No cobran un duro. En El País Vasco, los miembros de la Ertzaintza, se llevan “un buen dinero”, pero en el resto de plazas, nada. Dicen que lo hacen porque son aficionados. Cuando empieza San Isidro saben que pasarán mes y medio sin pisar por casa. Viven en la plaza desde el reconocimiento matutino hasta el desembarque nocturno, cuando la plaza apaga las luces. Se definen como fedatarios públicos. Un notario, vaya. Supervisan el sorteo, el estado de los toros, su peso, el reconocimiento post mortem, los caballos, petos y picadores, el piso del ruedo, los trastos de torear y el trasiego en el callejón. Incluso, los días de cornada, permanecen en la puerta de la enfermería para firmar el parte médico. Levantan actas por todo. Pertenecen al Cuerpo Nacional de Policía y, en muchos casos, después de curtirse a ras de albero, pasan al palco, como Presidentes. Son los Delegados Gubernativos.
Ayer, dos de ellos estuvieron en Casa Patas: Juan José Niño y Justo Polo. Aseguran que el callejón de Las Ventas es poco menos que una verbena. Les torean los apoderados, que saltan de su burladero correspondiente a las primeras de cambio; los periodistas, que campan a sus anchas con la cámara o la alcachofa; las cuadrillas; los invitados de la empresa y la Comunidad. Todo Dios. Pero el día que un toro salta al callejón, son ellos quienes se llevan “la tostá”. Se ríen al pensar que si ahora les toman por el pito del sereno, ¿qué pasaría si su función la cumpliera un miembro del Ministerio de Cultura? Que todo el monte sería orégano. Barra libre.
Tienen anécdotas para escribir una enciclopedia… Porque ser Delegado Gubernativo en el país de la picaresca, da para mucho.
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viernes, diciembre 03, 2010

Sobre la tertulia de Juan Mora en la Asociación el Toro de Madrid (Capitán Alatriste)

LA VOZ DEL TOREO

(Paso del torero Juan Mora por la Asociación del Toro de Madrid.
Casa Patas - jueves, 2 de diciembre de 2010).

Palmas. Tacones repiqueteando en el piso al compás. “Se nota que estamos en el feudo del cante grande. Aquí no hay micrófono, hay que hablar a capela. No tengo una voz flamenca, ni grave”. Ni falta que hace, Juan. En la habitación contigua están dando clase y Casa Patas no sería Casa Patas sin ese sempiterno zapateo de fondo. No es tu voz lo que ha conseguido llenar esta sala, a pesar de que fuera cae la nieve. Es lo que representas, Juan. Es el toreo.
“La profesión de torero es vocacional. Responde a esa llamada interior que proviene de lo más profundo del alma. Es una llamada que no puedes ni quieres desatender. Es la razón por la cual un torero no se cambia por nadie. Yo soy de los que esperan y esperan. Quizás, como hijo de torero, mi padre me inculcó que todo lo que se hiciese en el toro tenía que ser despacio”. Despacio, igual que hablas, arrastrando las palabras, mirando al cielo. Con el nombre de tu padre, Mirabeleño, siempre en la boca.
“A estas alturas de mi carrera, yo llevaba unos años inmerso en un departamento de proscritos, y tras esa puerta me encontré una soledad absoluta. Oía comentarios: “Ya se le ha pasao el arroz”… y yo a eso decía: si no sé hacer la paella... A mí no se me pasa el arroz. “-Pues ya se le fue el tren”. Pues tampoco, porque no soy ferroviario. Cuando pierdo un tren, espero, y si no viene a la media hora, vendrá al día siguiente. Esta filosofía de vida es la que me ha llevado a no rendirme y a aferrarme a los valores que me transmitía mi padre. La perseverancia. La fuerza de voluntad. La paciencia. Yo estaba convencido de que me quedaba mucho toreo en el espíritu y en mis muñecas, y no me desesperaba”.
Dices que el temple es el secreto del toreo… también de tu vida. Menos mal que no desesperaste. Y que aquella cornada de 2001 que te seccionó la vena femoral en la Feria de San Lucas no secó la torería que llevas dentro. Te la propinó un toro de Joaquín Barral. Cuatro transfusiones de sangre. Ni para eso tuviste suerte. Si hubiera sido un Victorino, un Dolores Aguirre, la gloria habría sido otra. Ni eso. Un Joaquín Barral que te avisó por el derecho y te metió el pitón a placer.
“Hay momentos de dudas, sobre todo cuando lo único que se me ha ofrecido en dos años ha sido torear en Madrid. Fíjate qué lujo… torear en Madrid […] Ésta es la grandeza del toreo: en cinco minutos pasas a ser el centro del mundo. Yo ni una cosa ni la otra. Ni tanto ni tan poco. Reconozco mis irregularidades, pero siempre he sido fiel a mi línea artística, a mi concepto. Dicen que se torea como se es. Yo soy así: con mis defectos y mis virtudes. El valor de lo bueno no es la duración, sino la intensidad con la que suceden las cosas”.
Han pasado dos meses. Apenas fueron cinco minutos, Juan. Pero no se olvidan. Y cuando vuelves a contarlos, con tu voz, que no es flamenca, ni grave, se trenza un nudo en la garganta que no hay forma de desatar.

martes, noviembre 09, 2010

Sobre un cartel de lujo (Capitán Alatriste)

Hay ganaderías o toreros que consiguen que recorras media España para verlos en la plaza. Son pocos, pero los hay. Y por ellos nunca pesan los kilómetros. Es el caso del Cerro de San Albín: todos los años peregrinamos a Mérida para ver cómo asoma por la puerta de chiqueros. La presentación de esta revista es un cartel de relumbrón marcado en rojo en el calendario. De paso, nos reunimos un nutrido grupo de amigos y aficionados para hablar de toros o de lo que se tercie. De director de lidia tenemos a Pedro García Macías, que es como los toreros grandes, que nunca dejan de serlo aunque se corten la coleta. Este año lo arropaban tres ganaderos que se dejan la piel por enaltecer su profesión: Fernando Cuadri, Adolfo Martín y Tomás Prieto de la Cal, junto a la buena aficionada, y amiga, Irene. Hombres con la cara curtida por el sol, que hablan sin rodeos y que, aunque a veces les cueste creerlo, NO, no está todo perdido. Al menos, no mientras existan iniciativas como el Cerro de San Albín.
Foto: Javier Arroyo

lunes, noviembre 08, 2010

Naranjas entre Adolfos (Capitán Alatriste)



NARANJAS ENTRE LOS ADOLFOS
Acaba la temporada y seguimos con ganas de toros. Eso explica que un 6 de noviembre estuviéramos desayunando unas migas en Almoharín, cerca de la ganadería de Adolfo Martín. Lo que no conseguimos explicarnos es por qué un 6 de noviembre hacía el mismo calor de una mañana de junio. "Por difuntos siempre ha hecho frío", se escuchaba entrando en "Los Alijares". Allí, entre la cabeza del toro "Madroñito" y fotos de "Comadrón", se respira el bochorno del desencanto. Adolfo está cansado. "Tengo 63 años -nos dice- y estoy harto... no tengo ganas de hablar". Así, casi en silencio, paseamos entre la camada para el año próximo. Los cárdenos descansan al sol, ajenos a los ciscos que se arman en los corrales de las plazas. Y a la controversia frente a las básculas.
Nos acomodamos alrededor de la plaza de tientas. Unos sobre una piedra, otros apoyados contra el yeso, algunos bajo la sombra de los alcornoques. Adolfo preside desde la casita blanca. Va saliendo la media docena de vacas. "Llámala. Levanta el palo. Sácala del caballo. No le pegues capotazos. ¡A una mano, a una mano!", resuenan las órdenes del ganadero. Todas las vacas humillan y tienen fijeza. "Rafaelillo" está encantado. Es el mejor tentadero de los últimos meses, nos asegura. Conforme cae el sol, se disipa el bochorno y el hastío. Adolfo está más animado, y nos invita a comer naranjas. Son las primeras de la temporada. Entre la acidez y el color ambarino, pasa la tarde.
(El Capitán Alatriste)

lunes, septiembre 20, 2010

Tauroética


El Capitán Alatriste nos manda estos dos textos del libro Tauroética de Fernando Savater:


TAUROÉTICA- Fernando Savater
(Ediciones Turpial)

“En las corridas de toros lo que hay es propiamente más crudeza que crueldad: porque vemos en el ruedo una cruda realidad que alcanza niveles simbólicos y sugestiones alegóricas sin enmascarar nunca por completo su fiereza desasogante y cruda. Esa realidad que se muestra es la realidad de la muerte, cuya anticipación ciertísima constituye el elemento clave que funda nuestra conciencia humana”. (pág. 67)

“Los hombres somos los animales que vemos morir y comprendemos la fatalidad que encierra la muerte, frente a la cual buscamos ánimo como podemos: nuestra mirada sobre la muerte, convertida en poesía o en juego arriesgado, se vuelve contra nosotros y es la venganza de los animales que perecen sin súplica ni protesta. A través de los siglos y de las diversas culturas la escena primordial –el hombre, la fiera, la muerte y la habilidad para esquivarla- ha debido tener lugar según rituales muy diferentes. Algunos, elementales y sin matices en su crudeza sanguinaria, han desaparecido con el refinamiento cívico de las costumbres y la estética; otros se han ido estilizando, codificados como una danza popular en la que se expusiera la vida. Las corridas de toros pertenecen a este último género y quizá lo representan ya de forma única y por tanto insustituible, pese a las degeneraciones comerciales y turísticas que no es difícil señalar en ellas. Para decirlo todo, son estas formas de degradar la fiesta lo que constituye la mayor amenaza para su supervivencia, mucho más que las iniciativas prohibicionistas de los antitaurinos”. (pág. 51-52)

jueves, julio 29, 2010

La mordida (Capitán Alatriste)


LA MORDIDA

Hay días en los que se te agarra un bocado dentro, a la altura del esternón, que no sangra pero aprieta. No es una dentellada taurina, sino moral. No nos engañemos: los toros en Cataluña llevan años en el desolladero. Entre todos la matamos (empresarios, toreros, ganaderos, apoderados, etc.) y ella sola se murió. Incluso los periodistas, que domingo tras domingo, inflábamos la entrada de unos tendidos donde prevalecía el cemento. Un cuarto se convertía en más de un tercio; un tercio, en media plaza. La Monumental de Barcelona –único coso en activo- era peor que un hijo tonto. La presentación del ganado, salvo honrosas excepciones, resultaba infumable. Y al echar un vistazo a la cartelería entraban ganas de salir corriendo calle Marina arriba.

Pero, ¿por qué este afán prohibicionista? ¿Esta intromisión de lo público en lo privado? ¿Qué placer nos vedarán mañana? La fiesta de los toros encarna la obstinación de una minoría de luchar por unos valores que la sociedad actual desprecia. La tradición y el ritual. El respeto. La nobleza y la bravura. El orgullo. El valor sin imposturas. La búsqueda de la excelencia. El pundonor. La clase. La vergüenza torera.

A ciertos colectivos (y puntualizo el término “colectivo” porque la individualidad es otro valor perdido), domesticados al abrigo de la televisión, les ofende la muestra de la muerte. De ahí que la oculten. Hemos desterrado el ritual, especialmente la liturgia vinculada con la Parca: el luto, los cortejos, las marcas de duelo. Son signos que sólo sobreviven en la copla: “Que le pongan un crespón a la mezquita, a la torre y sus campanas, a la reja y a la cruz. Y que vistan negro luto las mocitas por la muerte de un torero caballero y andaluz”. Este espectáculo tan singularmente bárbaro y violento, representa el triunfo de la vida sobre la muerte, y no al revés.

Los toros no son de derechas ni de izquierdas. Sólo entienden de querencias. Si algún día desaparecen será porque ya no desatan pasiones. Ni hacen temblar. O llorar. O gritar un “olé” tan ronco como el aguardiente. O cuando dejemos de sentir una mordida dentro cuando intentan arrancárnoslos. Mientras tanto, tengamos la fiesta en paz

jueves, julio 15, 2010

Verano y Santa Coloma (Capitán Alatriste)









El campo agostado, balas de heno al borde del camino y unos aguzados pitones asomando tras la loma ambarina. Verano y Santa Colomas en Valderrevenga, la finca de Adolfo Rodríguez Montesinos, a pocos kilómetros de Oropesa. El sueño de un ganadero romántico que se reaviva con un lote de la ganadería Flor de Jara, otrora Bucaré.
Toros de plaza de primera; astifinos, largos de cuello y de manos bajas. Hechuras para embestir. Pero, ¿embestir a quién? ¿Quién se pondrá delante de esos novillos, de una seriedad abrumadora? Un atragantón que no se digiere ni con el tinto de Oropesa. El problema de siempre. El de todos los veranos. No sólo el campo sufre sequía, también el escalafón. Y, a pesar de la degeneración del sistema, cuando imaginamos un toro bravo, sigue siendo cárdeno.

Nota: Gracias , Capitán. La verdad es que pasamos una buena tarde

martes, mayo 25, 2010

Con los ojos húmedos y la boca seca (Capitán Alatriste)



Sobre la tarde del día 21. juampedros para Aparicio, El Cid y Morante

CON LOS OJOS HÚMEDOS Y LA BOCA SECA

- “Hoy veo los toros por la tele. En el sofá y con mi copazo. Que como en casa no se está en ningún sitio. Me he hartao ya de ir a la plaza”.
Yo lo entiendo, oiga. Treinta y cinco tardes de toros en cuarenta días son un atragantón. Salga de trabajar, embútase en el metro, no olvide la almohadilla “pa la piedra”, llévese una costalada mientras consigue un programa y acomódese en su localidad. Con la espalda tiesa de resistir todo el día en la oficina y una borrasca entre sien y sien. Y todo antes de las siete campanadas. Que cuando sale al primer toro cierran la puerta y espérese fuera con la ventolera de los vomitorios. Ir al número 237 de la Calle Alcalá es para pensárselo dos veces. Pero no me diga que en casa se ven los toros como en ningún sitio. Porque a veces pasa, y cuando pasa, hay que estar ahí.
En Las Ventas no se escuchan los vencejos. A veces un claxon, una sirena o un helicóptero sobrevolando el cielo velazqueño. Y otras sólo un inquebrantable rugido. Un sonido que emana de gargantas secas, un grito entrecortado, una protesta, una resonancia que te araña el alma, que va creciendo, que comienza en las barreras y se pierde en las andanadas. En esos días en los que la plaza no calla hay que estar en Las Ventas. Y, ay amigo, si se lo pierde. Porque no tiene precio.
Llevábamos quince días de toros. Nada. Tardes huecas. Tuvo que ser un 21 de mayo. Otro 21 de mayo para que resucitara la plaza. El granito aún ardía cuando el pitón enhebró la garganta de Aparicio. Desde entonces y hasta que El Cid hizo rodar al sexto, no hubo un resquicio para el silencio. Un quebranto toro a toro: de la tragedia a la algazara. Con la carne aún abierta y la cornada tatuada en la retina, un "olé" sordo tronó del capote de Morante. Un clamor por la belleza de la sencillez. Por el atrevimiento de un vuelo sin imposturas.
Tres sobreros después y las tablas de un burladero por los aires, seguíamos con el paladar como el esparto. La boca agostada y los ojos acuosos por ver resurgir a un torero que nos ha regalado tantas tardes de gloria. Tardes en las que hay que estar ahí; porque, ay amigo, si se las pierde. La honestidad de un hombre que dio la cara. Volvió El Cid de su destierro a la tierra prometida. Que no salga más de ella.
Terminó la corrida y no podíamos levantarnos del tendido. Codo con codo con el vecino, observando el surco arado por el tiro de mulillas en el ruedo ya vacío. Y por fin el silencio, sólo cuarteado por los acomodadores precipitando las almohadillas desde las localidades superiores. Por eso no me diga que por la tele se ven los toros mejor que en ningún sitio. Porque en la tele no cae la tarde con los ojos húmedos y la boca seca.

domingo, mayo 02, 2010

Matar o morir (Capitán Alatriste)


Matar o morir

Se torea como se es. Lo sentenció El Pasmo de Triana, que de personalidad andaba sobrado. Abril, que ya se fue entre azahares y vencejos, nos ha dejado un ramillete de toreros anodinos; apáticos; inexpresivos. Yerran por el ruedo y no dibujan ni su huella sobre el albero. Daniel Luque, derrocado en la encerrona del Domingo de Resurrección en Las Ventas. Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera, diluidos en la lluviosa Puerta del Príncipe de El Juli. Sombra. Olvido. Nada.

Por eso sorprende tanto ver a un torero con sangre en las venas. Uno que, ante un rebaño de marmolillos que no sirven ni para carne, le echa reaños en el último minuto. Porque hay que subirse al tren como sea. Incluso en plancha. Igual que la estocada de Iván Fandiño al quinto Guardiola. Matar o morir. No queda otra. La vehemencia de un sablazo bastó para poner al público en pie. La fascinación por comprobar que todavía queda alguien que siente y padece. Ya lo avisó toreando de capa. Gustándose. Arriesgando. Queriendo.
(La foto es de Burladero).

domingo, junio 28, 2009

Resumen de la Feria de Algeciras (2ª parte)- Capitán Alatriste-


SÁBADO 27 Toros de Alcurrucén para Morante, El Cid y Castella.
La corrida fue correcta y pareja de presentación, baja de casta y salió algún manso con genio. Morante, con el peor lote, estuvo bien en el 1º y se estrelló con el imposible 4º. Sigue en la línea de este año: entregado y queriendo agradar. El Cid sorteó el mejor lote. Mató de estocada arriba al 2º y desperdició al 5º, un manso que llegó a la muleta embistiendo boyante. El Cid sigue en el exilio.Castella estuvo en Castella: decidido y valiente toda la tarde. La poca seguridad con la espada le impidió un triunfo más sonado. No obstante, mantuvo el buen cartel que tiene en Algeciras.
Destacaron Curro Molina y Alcalareño.

Breve reseña de la Feria Real de Algeciras (El Papa Negro y el Capitán Alatriste)





JUEVES 25¿Toros? de Buenavista para El Juli, El Fandi y Manzana.
Lo de Buenavista será por Santa Lucía. Que se la conserve, pero que no se la aumente a los "responsables" de elección del ganado. La especie zootécnica que se lidió fue la del "toro-gato" (le pasamos a la banda una partitura pop del Gato Montés en ritmo doméstico y, aunque le hicimos los coros del miau-miau, los músicos no picaron).El triunfador de la tarde fue Fandi que arrasó en banderillas olímpicas. Hubo un serio problema físico: el proyectil dobló su velocidad y el objetivo mermó hasta hacer difícil la conjunción. Ora clavaba en la penca, ora en la oreja.
Análisis sociológico: hubo una clara actitud endogámica. Los informadores hablaban entre ellos. Alguno observaba si la nada puede ser grabada (lo que no es problema menor). Y las figuras se dieron a la amena tertulia. El público merendaba y alguno ensayaba el "pase del jamón" mirando al tendido.
VIERNES 26Toros de Luis Algarra para Ponce, Castella y Perera.
Los de Algarra, justos de presentación, excepto el 2º, chico y anovillado. Al sexto, a petición del artista, le dieron la vuelta al ruedo. El duelo de O.K. Corral Las Palomas se decantó por el muchacho de la Puebla de Prior, que con el Colt bien engrasado le dio una lección a la gabachería. El juez de paz Ponce dijo: "A mí que me registren. Yo no me arrimo".
EL PAPA NEGRO Y EL CAPITÁN ALATRISTE

domingo, mayo 31, 2009

Tarde tras tarde (Capitán Alatriste)

TARDE TRAS TARDE
Tarde tras tarde, al terminar la corrida, comienza la peregrinación hacia el patio de arrastre. No sé cuántos días llevamos con esta romería. Muchos. Veintidós creo que dicen nuestros programas de mano. A menudo, salimos tan cabizbajos de la plaza, que nos dejamos guiar por el regatillo de sangre, bermellón y espeso, que muere en el desolladero. Allí dentro, la carne mansa y los tejidos descastados, se preparan para que en “Casa Toribio” nunca falte un rabo de toro. Ilusiones deshuesadas, al fin y al cabo.

Hemos visto más de 140 toros y, en los cenáculos del patio del desolladero, sólo salvamos a media docena: tres de José Escolar, dos de Palha y uno de Núñez del Cuvillo. Después, pinceladas sueltas y a pensar en la tarde siguiente. “Mañana pasará algo”, augurábamos en la despedida; pero tras la vigésimo segunda y última corrida, el mañana no llegó. Adolfo y Victorino apuntillaron la feria y nuestras quimeras de bravura.

El 30 de abril, cuando aún no había empezado San Isidro, y nos congregamos en el tendido 4 para ver la novillada de Moreno Silva, alguien comentó: “No os extrañéis que sea lo mejor en mucho tiempo”. Y acertó. Tanto en aquella tarde lluviosa, como en la corrida de Palha, la terna, inexperta y desbordada, perdió la partida. Pobres chavales. Dónde estarían entonces las poderosas muletas y las mentes preclaras de las figuras.

En Las Ventas corre otro reguero de sangre, este año especialmente caudaloso, que desemboca en la enfermería. En el sexto toro de Palha, pasadas las nueve de la noche, creímos que la estatua de Yiyo emergía del albero y se encarnaba en el cuerpo de Israel Lancho. Pero milagrosamente se salvó. Y el sudor de nieve no llegó. Y nosotros respiramos por él. Por un torero que nunca debió estar ahí. Hubo otras cornadas, menos graves, pero no menos aciagas. Miguel Abellán, Gimeno Mora, Luis Bolívar, Antonio Ferrera, Salvador Cortés… Muslos abiertos, medias empapadas de sangre y torniquetes inútiles. La gloria ambivalente de toreros descalzos camino de la enfermería. Toros y cornadas van unidos como matrimonio mal avenido.

Y por último, los triunfos. Aunque regada por sangre, la primavera llegó y la plaza floreció como la expectación y el ambiente reventón. Desde el patio de cuadrillas, atisbábamos la soledad de cada hombre. Momentos después, cuando acababa la faena irrepetible, el arte se hacía fugaz y los toreros miraban hacia el cielo velazqueño.Morante de la Puebla hilvanó con hilo de oro el toreo de capa. Eso debe de ser la gloria. Bolívar guardó celosamente la oreja ganada dentro del chaleco. Daniel Luque se agarró a ella con la fuerza de la juventud. Sebastián Castella salió por una Puerta Grande que, aquella tarde, resultó especialmente pequeña y efímera. Otros se fueron de vacío, pero los recordamos: Sergio Aguilar, Morenito de Aranda, Iván Fandiño o Miguel Ángel Delgado.

San Isidro se marchó entre atragantones de rosquillas tontas, toros dóciles y tormenta. Un rayo surcó el cielo en el ecuador bochornoso de la corrida de Victorino. “Hasta aquí hemos llegado”, tronaron los calvos tendidos antes de que cayera el sexto. La sangre, aguada por la lluvia, se perdía por la alcantarilla del patio de arrastre. Como la feria. Como nuestras huérfanas ilusiones de tarde tras tarde.
Foto: Juan Pelegrín

lunes, mayo 11, 2009

Combinados Domecq (Capitán Alatriste)

Seguramente, a la empresa de Madrid le salga más barato un "Martelilla" que un combinado... Pida un Domecq con mucho hielo y a gozar de la moruchada.
Foto:Capitán Alatriste