
nota: si, al final fuí. Eso si, solo.



-4 reses de Juan pedro Domecq y 2 de José Vázquez. Descastados, mansos , mal presentados , algunos de Juan Pedro , como ese tercero, nunca debió saltar al ruedo. Embistió noblemente el 6º. Otra corrida infame.



El sexto toro de la tarde era un manso pregonado que no ha conseguido torear de capote Alejandro Talavante que veía como se le esfumaba la posibilidad de triunfo en Madrid, y francamente, en ese tercio se ha visto al torero escaso de recursos ante esa situación.
Muchos espectadores, no me atrevo a llamarles aficionados aunque bien pudieran serlo, habían abandonado sus localidades en vista de la sucesión de inválidos (los toros) y de indolentes (los toreros) que pasaban por el albero, salvo quizá el mencionado Talavante que en el primer toro que confirmaba su alternativa en Madrid, se mostró voluntarioso ante un inválido absoluto que deslució su esfuerzo por agradar, torear y triunfar, que es lo que debe tener en la cabeza un recién llegado que quiere convalidar conquistas de otros lugares y momentos.
El encierro del Puerto de San Lorenzo resultó escaso de fuerzas y de casta o bien sus pocas fuerzas no les permitieron comportarse como corresponde a un toro bravo, inválidos y mansos además, degradaron el tercio de varas que en la mayoría de los casos consistió en un paripé para cumplir con el reglamento, asustaron a las cuadrillas en banderillas, salvo a Juan José Trujillo que puso el mejor par de la tarde y a quien su matador, José María Manzanares, no dejó saludar a pesar de los aplausos del respetable, y dificultaron las faenas.
El Juli no se interesó en ninguno de los dos astados que le correspondieron y que constituyeron el peor de los tres malos lotes. La Plaza de Madrid no le facilita la labor al Juli, seguramente porque como hoy, nunca se le ha visto dispuesto de verdad a ganarse el respeto de esta afición y ahora cada vez será más difícil, pero debe seguir intentándolo, los logros de un torero sin triunfos en Madrid quedan muy disminuidos.
José María Manzanares tuvo el mejor toro de la tarde, el quinto, un inválido que debió devolverse a corrales por su extrema blandura pero que se vino arriba en el último tercio y descubrió a un torero carente de energía y oficio, con enormes lagunas, que destorea, que carece de recursos para enfrentarse a un toro que embista, aunque es posible que con ese toreo y toros blanditos obtenga despojos en otras plazas.
El sexto toro era manso pregonado, como decíamos, y no tomaba los capotes, se le picó algo más que al resto y llegó a la muleta acobardado y situado en la puerta de toriles. Hacia él se fue Talavante que le citó en corto y le fue obligando poco a poco a embestir. El toro se tragaba los muletazos a la fuerza. Pero mediante series cortas y emocionantes de redondos ejecutadas con valentía junto a las tablas, el toro cambió de actitud y de terreno y se ubicó en el tendido seis más dispuesto a tomar la muleta, enseñado por su matador, aunque pegado siempre a tablas, allí Talavante cambió de estoque en el momento oportuno, propinó dos series por manoletinas de lucimiento y despenó al toro mediante una estocada desprendida pero muy efectiva que lo hizo rodar por tierra.
El público pidió la oreja por amplia mayoría y el Presidente la concedió, así como la segunda aunque fue pedida con menor efusividad.
Y Alejandro Talavante nos deja el regusto del torero pundonoroso y valiente que no desdeña ninguna oportunidad y que puede ofrecer a la afición muchas tardes de emoción saboreando toreo auténtico.
Como decíamos ayer, no hay que morir, hay que torear y disfrutarlo, así, cada día de corrida es una resurrección controlada, intentaremos analizarlo en otro momento.
Jandro
domingo, 08 de abril de 2007