martes, marzo 06, 2012

Sobre el toro "Camarito" lidiado por Pepín Liria en el año 2000 en Arles


El gran premio de esta temporada 2000 llegó en la Pascua de Arles: un encierro fantástico y bravo en el que un ejemplar, Camarito, recibió el premio de la vuelta, honor que también habrían merecido, al menos, otros dos toros.
Cuando después de un combate ejemplar, Camarito, cuarto toro de la tarde, fue a morir en el centro del ruedo seguido por su matador que así le rendía homenaje, el público se puso en pie. A paso lento, desafiando por última vez a este torero formidable que acababa de dominarlo a carta cabal, Camarito giró varias veces sobre sí mismo, con la cabeza alta, como para asegurarse de que los diez mil espectadores habían comprendido bien todo el sentido de su combate. En mitad de un silencio casi religioso, Pepín Liria lo acompañó en el último paso. Con un gesto eterno, mientras que la lucha había sido de una intensidad increíble, lo acarició con la mano por última vez y se separó de él algunos pasos, para subrayar que ese instante supremo pertenecía solo al toro, y que a la hora de su brava muerte, toda la compasión había desaparecido. Un único sentimiento se imponía: el respeto. Camarito todavía luchó, siempre dispuesto a la batalla, al mismo tiempo que su vida se escapaba. Se arrodilló. Pero en seguida se repuso, se incorporó e hizo frente de nuevo. Este esfuerzo increíble que, durante un instante, lo arrebató del borde mismo de la muerte, fue el último. Poseído por un temblor de rabia e impotencia, murió de pie. Luego, cuando el último soplo de vida se hubo apagado, se desplomó ante el torero gracias al cual entraba de lleno en el panteón reservado para los grandes toros bravos. Un clamor brotó entonces, y diez mil aficionados reclamaron el honor supremo para él.
Cuando su cuerpo recorrió por última vez el ruedo de Arles al paso ceremonioso de las mulillas, su vuelta provocó que el público en pie y los toreros lo ovacionaran en una comunión de pensamiento digna de los grandes impulsos místicos. Un colosal momento de afición, felicidad y autenticidad.
Nota:Cristina Moratiel declaraba a la revista de Taurovent que "Camarito fue un toro sensacional" que cuando murio la dejó profundamente "emocionada"

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