martes, mayo 31, 2016

Sobre la faena de Rafaelillo a " Malagueño"


Extraordinario el murciano con el toro. Exhibición de valor, de aplomo y de amor propio. Determinación brutal para estar como estuvo. Para hacer frente a las complicaciones del animal. El toro, bien hecho y enseñando las palas, tomó tres varas. En ellas se dejó parte de su fondo. Llegó a la muleta desarrollando sentido y parándose, negándose a embestir. Utilizó ese sentido para defenderse. Parecía imposible poder levantar aquello, pero a base de valor consciente, serenidad y una fe en sí mismo inquebrantable, se jugó la vida. Le pisó los terrenos al astado, ganándole siempre la acción y obligándole a tirar para adelante. Aguantó tarascadas, miradas y dos o tres parones en los que se dejó llegar los pitones a la barriga. Actuación de mucha entereza, con naturales sueltos buenos. Se vivió todo con tensión, asustando a la gente. Labor sin trampa ni cartón. Pinchazo y estocada en lo alto muy certera.
Iñigo Crespo en Aplausos 

-a Malagueño, tipo alimaña, de pitones pavorosos y buscando las femorales en cada embestida. Enfrente Rafaelillo para jugarse la vida sin cuento, para ponerse en el terreno de la muerte y buscar en cada movimiento, a centímetros del infierno de aquellas astas, un pase, un muletazo, uno a uno, sin un pestañeo, sin una renuncia. 
Carlos Illán en Marca

-Su segundo, Malagueño, número 7, era un toro que movía a equívoco, pues su seriedad y su trapío imponían un respeto enorme, aunque el toro no fuese ni mucho menos una alimaña. El animal no albergaba en su cabeza lo que se dice intenciones asesinas, aunque sí que planteaba problemas. A este toro lo recibe Rafaelillo con un capoteo de mucho dominio y mando rematado con una media que podía haber firmado Machaquito. Rafaelillo ve muy claro desde el principio el registro de valor y de pundonor en el que debe basar su trasteo y consigue construir una faena emocionante, puede decirse que sacados los muletazos de uno en uno, en la que busca la rectitud del toro, aguanta las pavorosas miradas de Malagueño y sus parones, se muestra muy firme en dejar puesta la muleta en la cara del toro y está atento a sus medias embestidas para salirse ágilmente de la suerte cuando el animal alza la cabeza en mitad del muletazo. Consigue confiarse con el toro y entonces le saca algunos naturales de gran emoción. Se adorna a la antigua, rodilla en tierra acariciando el pitón y deja un pinchazo y una estocada desprendida bastante eficaz. El toro, herido de muerte, se va hacia las tablas del 9 donde rueda.
José Ramón Márquez en Salmonetes...

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