miércoles, diciembre 10, 2008

TAUROMAQUIA ANTIGUA: SOBRE LA MUERTE DE DON DIEGO DE TOLEDO (1593).- Gómez de Lesaca-


TAUROMAQUIA ANTIGUA: SOBRE LA MUERTE DE DON DIEGO DE TOLEDO (1593).
Gómez de Lesaca

Don Diego de Toledo era nieto del III duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo, general, gobernador de los Países Bajos y taurómaco probado. Fue don Diego hijo natural, o “de ganancia” como decían en el siglo XVI, del conde de Lerín. Murió joven, con veinte años y en un festejo taurino. Se celebraba en Alba de Tormes con motivo de la libertad de su hermano don Antonio Álvarez de Toledo, V duque de Alba, caído en desgracia ante Felipe II por haber casado sin la real licencia. Sobre este hecho y acerca de la elegía dedicada a don Diego, atribuida a Pedro de Medina, su gentilhombre, y a Lope de Vega, escribieron José María de Cossío y Joaquín de Entrambasaguas.
La tragedia vino precedida por varios presagios. Los narra el cortesano Luis Zapata. Un toro ensogado que corría por las calles de Alba entró en las habitaciones de don Diego y arremetió contra su cama. Destrozó los colchones y abandonó las estancias con las almohadas entre los pitones. Otro día, cuando estaba don Diego arrodillado en misa, se le hundió el suelo bajo sus pies. Dicen las crónicas que “se vieron en trabajo de le sacar”. Después un caballo de su hermano, al ver a don Diego, comenzó a temblar y se murió. No bastaron estos prodigios. Lo más agorero acaeció cuando “los sacristanes que la habían de repicar por su honra y regocijo, al entrar él a la plaça, encomiençan a doblar y tocar a muerto como si le llevaran a enterrar”. Mal cariz tomaban las cosas. Le aconsejaron que se guardase de salir a jugar los toros. Don Diego, animoso, como buen capitán de caballos que era, pasó por alto advertencias y agüeros. Era el 17 de mayo de 1593.
No murió de una cornada, ni de un derribo. Lo narra Luis Zapata: “comiença a andar con un toro, pónele un garrochón en la frente, de un rebufo el toro, hácele correr la mano y de su mismo garrochón el cuento metesele por el ojo derecho y sale al colodrillo a la otra parte, y cayó luego muerto en la plaça”.
En esto último hay reservas, pues al parecer su “desastrada muerte”, como la describe Cabrera de Córdoba, fue tres días después.

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