miércoles, junio 01, 2016

ESTAMPAS DE LA LIDIA


Una corrida que tuvo como virtud llevarnos a un coso de finales del siglo XIX o principios del XX sin necesidad de verlo en el desenfocado celuloide de la época, que sirve para recordarnos que el toro bravo proviene de un animal salvaje y que la esencia de la corrida de toros consiste en domeñar esa acometividad, que ejerce de espejo donde mirar el espectáculo tantas veces domesticado y hasta melindroso de tantas corridas actuales, pero que hace tabla rasa de la depuración de la cría de los toros bravos en los últimos 150 años. Sin embargo con este recuerdo, hoy se nos hará cuesta arriba asistir a la corrida de Beneficencia anunciada, de seguro tan distinta.

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