jueves, enero 23, 2014

"Que mate un toro a un torero es muy triste, pero inevitable, pero, por Dios... ¡Que me mate Carabias!"


De Juan de Dios se narran historias, y él mismo las certifica, que parecen que pueden parecer sueños surrealistas y otras imposibles que, andando en la frontera de lo cierto o de incierto, de la mentira y la verdad, siempre terminan inclinándose, en la balanza de la imaginación, por ésta, porque sucedieron, más que por aquellas, las que se imaginaron, porque este Juan de Dios -poeta, torero, guitarrista, pregonero, ganadero, artista y un etcétera que se hace tan largo como su apellido- se puede esperar todo, absolutamente todo, menos que se quede callado porque todo en él es un puro alboroto”.

Un año después de este homenaje sentido, la revista Aplausos anunció el fallecimiento de Juan de Dios, lo que dio pie a que el supuesto difunto escribiera una carta a su director, que fue publicada el 5 de agosto de 2002, y que por su ironía feroz merecería figurar en una antología de humor inglés: “En su famosa revista taurina, comenta el Sr. Carabias que he fallecido, que como sabe toda la gran familia taurina de España es incierto. Gracias a Dios estoy muy sano y con muchas ganas de vivir. En mis ratos libres me dedico a escribir y he terminado varios libros de poesías taurinas, flamencas y marismeñas. Diariamente toco la guitarra para recordar mis tiempos de concertista y hasta me atreví el otro día a torear una becerra en el campo. Al margen de esto, creo que esas noticias no se deben publicar sin estar antes plenamente convencido de su autenticidad, ya que pueden dañar bastante. En casa, que es la suya, se han recibido algunas muestras de condolencia, que tendrá que contestar... ¡el propio fiambre! Sr. Pascual: que mate un toro a un torero es muy triste, pero inevitable, pero, por Dios... ¡Que me mate Carabias! Textualmente dice: Desaparecido, pero se entiende que estiré la pata”. Genial. Tanto como la forma que tuvo Juan de Dios de ser ganadero.



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