jueves, septiembre 08, 2016

Hay fiesta y feria en Cuellar ( Alexander Fiske-Harrison)

En 1923, Hemingway llegó a Pamplona y fue testigo de esa explosión de vida que es la fiesta de San Fermín, en cuyo corazón hay grabado un camino que va desde los corrales a la plaza, y una feria: la del Toro.
Cuando volvió, en 1959, la ciudad había cambiado tanto que casi no la reconoció, y escribió: «Se han sumado 40.000 turistas. No había ni veinte cuando llegué, hace casi cuatro décadas».
Hace ahora seis años, cuando yo fui por primera vez, había más de un millón. Y aunque San Fermín ha sido como ‘el padre’ de mi afición, y la elegante Feria de Abril de Sevilla, la madre, es para mí Cuéllar –con su antigüedad– mucho más cercana y personal que esos dos espectaculares padres. Por eso siempre vuelvo, desde que conocí al escultor Dyango Velasco el sábado del pregón de 2012.
Desde entonces nunca vengo solo. A lo largo de estos años me ha acompañado una extraña y maravillosa mezcla de gentes. En 2013 vinieron conmigo, a vuestra hermosa ciudad del caballo, un primo muy lejano, el Conde de Westmorland, hijo del que fue Maestro de Caballos de su Majestad la Reina Isabel II, y Richard Dunwoody, el mejor jockey que nunca ha tenido mi país, ganador del Grand National, la carrera de caballos más peligrosa de Inglaterra, no una, sino dos veces.
Al año siguiente, me acompañó Nicolás Osorio, el hijo mayor del Duque de Albuquerque, cuyo antiguo castillo abraza vuestra ciudad. Su abuelo, que corrió el Grand National Británico unas veinte veces, nunca lo ganó, pero sin embargo se hizo famoso por romperse más huesos que ningún otro jockey. Por eso se ganó el apodo de ‘Duque de Hierro’, y no por su dureza política, como Wellington, si no por todas las agujas y placas de metal que mantienen unido su esqueleto.
Este año vengo con más extranjeros que nunca, algunos ya conocidos en Cuéllar, otros nuevos. Vuelve este año, Jim Hollander, fotógrafo de guerra y de toros, de la Agencia Europea de Fotos de Prensa, que fue galardonado el año pasado con el Premio EHToro por divulgar los encierros de Cuéllar, y que acaba de recibir un homenaje como ‘guiri del año’, organizado por Mikel Urmeneta en Pamplona, y además de haber publicado el libro ‘De Pizarra a Pamplona’: a través de España a caballo, las memorias del viaje en el que cuando era un adolescente atravesó España a caballo con su padre, Gino Hollander, un gran pintor taurino cuyos cuadros adornan las paredes de la Casa de Misericordia de Pamplona. Jim fotografiará este año el encierro de Cuéllar a caballo, para la prensa mundial, mientras yo, a su lado pondré las palabras.
En las calles, veremos de nuevo a Larry Belcher, ya conocido por los lectores de estas páginas después de celebrar sus cuarenta años de encierros en España. Gran campeón tejano del rodeo americano hace años, se casó con una castellana, la doctora Ana Cerón, y se trasladó a España para convertirse en profesor de la Universidad de Valladolid y en vuestro vecino.
Junto a estos taurinos veteranos, encontraremos a otros más jóvenes (entre los que no me incluyo, ahora que he cumplido cuarenta años), como Jordan Tipples, galés, con el corazón de un león y que sigue la tradición del gran aficionado galés Noel Chandler, cuya muerte, el año pasado, aun lloramos. Fue Noel el que me enseñó la filosofía del primer corredor extranjero que fue aceptado por los locales en Pamplona, Matt Carney, veterano de la Segunda Guerra Mundial, del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, con cuyos hijos, Allen y Deirdre, corro en Pamplona. Y es que no se debe correr por la gloria, sino por la alegría de hacerlo. Esta enseñanza se olvida hoy en día demasiado, como la que me enseñó Juan José Padilla, que me dijo después de perder el ojo en Zaragoza en 2011: «Las cicatrices no son medallas, si no las pruebas de nuestros errores». Este tipo de orgullo no tiene cabida en la plaza, ni en las calles.
Y también estará Chloe Drakari-Phillips. Chloe fue por primera vez a Pamplona hace veinticinco años, aunque solo tiene veinticuatro (su primer San Fermín fue cuando su madre estaba encinta). Esta hija adoptiva de los sanfermines es el alma de esa parte de Pamplona que vibra y se apasiona con la fiesta, y que me ha enseñado una parte más lúdica de las ferias taurinas de España, a mí, un hijo adoptivo de la Feria del Toro.
Y como parte de este espíritu de cooperación entre locales y extranjeros, le he pedido a Enrique Bayón Brandi, un pastor principal, que me ayude a organizar un almuerzo de corredores, siguiendo la tradición que empezaron hace treinta años en Pamplona nuestros grandes amigos y grandes corredores, Julen Madina y Joe Distler, reuniendo un pequeño grupo de corredores locales y extranjeros para celebrar un almuerzo de hermandad. Así esperamos añadir una nueva tradición internacional al encierro más antiguo de España. En señal de respeto con los toros y los que trabajan con ellos, dedicaremos nuestra primera reunión a la memoria de Víctor Barrio, e invitaremos a David Mora, el diestro que esa tarde lidiará los toros que correremos por la mañana.
Es algo bonito traer a Cuéllar una costumbre de Pamplona, ya que el encierro de Cuéllar es casi con seguridad el padre del de Pamplona, aunque este sea más famoso. Los Duques de Albuquerque III y IV, el padre de Nicolás Osorio, es el XIX, eran los virreyes de Navarra entre 1452 y 1464, cuando empezó a escribirse sobre los encierros en esa parte de España.
De modo que pondré en la maleta mi chaqueta de atletismo, con sus distintivas rayas rojas y blancas, en honor de la unión entre las tradiciones de España y las mías propias, y entraré en la recepción del hotel San Francisco para participar una vez más en las ferias de Nuestra Señora del Rosario y en el abuelo de todos los encierros que acontece en ellas. No puedo contener la emoción.
Alexander Fiske-Harrison en El Norte de Castilla (28/8/2016)

Fotos. Jim Hollander

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