jueves, julio 21, 2016

Sobre los novillos de Fernando Peña lidiados en Las Ventas


 Corrida seria y excelentemente presentada, de buen juego en general, con algunos de más bravura, como el primero, y otros tirando a mansos, interesantes, con chispa, nobles, pero sin ser la tonta del bote. De los seis, cuatro fueron despedidos con aplausos, uno de ellos con ovación, y eso debe de haber sido una gran alegría para los ganaderos, que en su última comparecencia en Las Ventas, hace por ahora siete años, vieron cómo uno tras otro se les iban a los dominios de Florito en una exasperante ensalada de debilidad y caídas. Buena corrida la de Fernando Peña, pues. Podemos decir, como me apunta mi veterinario de guardia, que ésta es, junto a la de Guadaira, la mejor de todas las novilladas que llevamos este año en Las Ventas. Queda, no obstante, una pena para Peña (permítaseme, por Dios)y esa es que en ningún caso los pupilos que ha soltado en Las Ventas ha sido la tonta del bote, todos los novillos han tenido su personalidad cambiante, sus cosas inteligentes, su cosita que torear. No han sido los carretones que se demandan y, sin ser fieras corrupias, ahí han dejado su «¡aquí estoy yo!» y eso creo que en estos tiempos que corren es como si dijésemos una condena al ostracismo y al olvido, pues bien sabido es que la moderna sensibilidad taurómaca lo que pide es la bobería suma, la tontuna galopante, la falta de ideas y la memez por bandera, y si no que se lo digan a los que dan los “premios” de la Feria del Toro o a los de San Isidro; por ello que no parece que la variada y entretenida corrida que ayer echaron en Madrid, sin atisbo de blandenguería, les vaya a servir para que se les tenga en cuenta.
José Ramón Márquez en Salmonetes ya no nos quedan


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