jueves, noviembre 17, 2016

La (anti)tauromaquia de El Juli




Siempre había entendido que el cite debería ser natural y sin forzar posturas más propias de contorsionistas tailandeses del circo Ringling. Que hasta he oído lo que se valora ese bajarle la mano a los toros, pero, ¿eso de bajar la mano no viene después, una vez que se ha metido al toro en la tela? Que hasta tiene más mérito eso de conducir la embestida de arriba a abajo y no guiar simplemente de abajo a abajo. Pero no me hagan mucho caso, que o bien mis maestros no se explicaban bien o es que servidor no se enteraba, que es lo más probable; y así sigo, que cada día me entero menos y menos y menos y... Lógicamente, para agachar la muleta y ponerla manteniendo la distancia de seguridad entre toro y torero hay que agachar todo el cuerpo, dándose origen al bonito fenómeno de la L invertida, más conocido como la alcayata; no traten de hacerlo en sus casas, pues puede resultar peligroso para sus lomos. 
(…)
Pero aquí no acaba todo, que luego está lo de ofrecer la muleta, que puede ser echándosela a la cara con gracia para que el animal se engatuse en las bambas de la pañosa o que groseramente se le ponga el pico por delante, con ese clavo tan feo que asoma en el extremo del estaquillador.
(…)
Porque si en el cite ya se apuntaba la alcayata, en la ejecución, y nunca mejor empleado este término, decía que en la ejecución del natural ya no es alcayata, ya es la ferretería Hnos. López al completo, con sus tres plantas y todas sus estanterías al completo. Aquí sí que venía que ni pintado lo de bajar la mano, pero no, seguimos con las agachaditas, las lejanías y ese feo y obsceno pico de la muleta.
(…)
Si el remate es abajo y hacia adentro, ¿cómo se puede casar con el pa’ fuera y a lo lejos? Pues la cuestión queda entre el “malamente” y el “imposible”. Que no hay problema, porque don Julián arregla con una carrerita lo que no solventa mandando con la muleta. 

Enrique Martín – Aquí el post completo

Nota: añado la definición del Julipie dee añorado Joaquín Monfil
El julipié consiste en citar al toro para matarle a volapié enfrontilado a él, entre los dos pitones del mismo, igual a como se hace normalmente pero, en el momento de hacer la suerte, se le echa la muleta a la cara, para tapársela y dejarle ciego por un instante, en vez de al hocico para que humille y descubra el hoyo de las agujas. Al mismo tiempo que le tapa la cara se echa fuera del pitón derecho a toda velocidad, de tal forma que se traspasa rápidamente la altura de la punta de dicho pitón y una vez tras la pala se gira el cuerpo hacia el toro, se da un saltito y se busca la cruz con la punta de la espada, empujando con todo el cuerpo tras ella.




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