viernes, marzo 08, 2013

Sobre el toro "Palmero" de Manuel Rincón



El 14 de mayo de 1916, un seísmo de gran magnitud agitó los cimientos de La Maestranza cuando el novillo Palmero, de Manuel Rincón y Rincón, salió al ruedo… Don Criterio, en El Liberal, resumió así la tarde: “Pertenecía a la vacada de don Manuel Rincón y Rincón, vecino de La Higuera, junto a Aracena, y era la primera vez que a su nombre se lidiaban en la plaza sevillana bichos de esta ganadería que en tiempos perteneció a Manuel Valladares […]El cuarto, Palmero, fue un toro «puntero», de esos de bandera que acreditan la divisa de una vacada. Era castaño, ojo de perdiz, buen mozo y con dos respetables herramientas. La pelea que hizo en varas fue soberbia, pues en el mismo sitio, y arrancándose con extraordinaria bravura y poderío a los caballos, aguantó primeramente ocho puyazos, derribó en seis a los varilargueros y tumbó en la arena cinco caballos. Ante la enorme cantidad de bravura y codicia del toro Palmero, el público tributó al ganadero una general ovación. El presidente de la corrida, buen aficionado y entusiasta partidario del toro bravo, levantose de su poltrona y batió palmas al señor Rincón. Por una equivocación, sin duda, pues el presidente no varió el tercio, se metieron dentro los picadores; pero a poco salieron nuevamente, y el bravo Palmero, que durante este interregno de tiempo «contempló» atentamente los cadáveres de sus cinco víctimas, tomo dos varas, con grandes arrestos y bravura, como si empezara el tercio, dio otro tumbo y dejó otro caballo para el arrastre. Tomó en conjunto el bravísimo Palmero diez varas, proporcionó siete caídas y mató seis caballos. La sangre le chorreaba al bravo animal por las pezuñas, pues en varios puyazos le pegaron bien Brazofuerte y Lagartijo. Y si bravo y codicioso hasta dejarlo de sobra fue Palmero en el primer tercio, en los restantes conservó esa gran bravura y nobleza hasta el último momento. El toro ideal por todos conceptos. Al ser arrastrado le tributó el público una gran ovación, siendo paseado por el ruedo entre entusiastas aplausos. Las ovaciones se repitieron para el ganadero, el señor Rincón, siendo también ovacionado el mayoral de la vacada, quien saludó al respetable desde los medios de la plaza.

3 comentarios:

  1. ¡Y que la ovación aquella por Palmero siga hoy! Vaya casta y bravura. Qué sería ver algo así hoy día... Gracias por esta bonita reseña de ejemplo e inspiración (quisiera también decir de esperanza). // Atte., Torotino

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  2. Manuel Garcia9/3/13 12:14 p. m.

    Hoy dia salen Palmeros todos los dias a las plazas,muchos mas que antes lo que ocurre es que como se puede observar ni el caballo es el de antes, no existia el peto (de hay que murieran caballos) ni la puya es la de entonces,pues la de hoy en dia es la mas demoledora de la historia,multiplicado su efecto lesivo por el caballo de hoy ,por eso es injusto echar la culpa al toro de hoy comparandolo con tiempos pasados ya que las circunstancias no son ni parecidas,para ver el toro de hoy en toda su integridad lo primero que habria que hacer es equilibrar las condiciones en la suerte de varas mientras tanto las comparaciones no tienen ningun sentido.

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  3. En su libro 100 años de toreo en Sevilla, Filiberto MIRA hace también mención de Palmero y nos trae la opinión de tres aficionados sevillanos que si vivieron aquella tarde ya que MIRA no la vio pro edad. Decían esos aficionados que era imposible que existiera un torero con la calidad suficiente como para estar a la altura de la excepcional de este insuperable astado del hierro que en el 2000 pertenece a los Herederos de Carlos Núñez (Los Derramaderos). Antonio Liger

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