martes, junio 07, 2016

Desde el corazón de las tinieblas


Y es que, probablemente, la tauromaquia sea la última manifestación visible de una herencia maldita: el recordatorio de que mañana podemos amanecer rodeados de belleza o en el mismo corazón de las tinieblas. Esa inhumanidad consustancial a la Fiesta, alejada del triunfalismo, es la razón y justificación de su existencia, mucho más que mil faenas hermosísimas de Manzanares.
Gloria Sánchez-Grande – Aquí el artículo completo -



Fotos: Andrew Moore

La belleza brava. San Isidro 2016 ( Andrés de Miguel)

El público disfruta con la noble docilidad de los toros y las figuras de proyección mediática y los aficionados pedimos bravura encastada y toreros que la dominen. La tensión entre estas dos maneras de entender la tauromaquia, puede ayudar a dinamizar la fiesta de los toros y que encuentre la aceptación social que merece o puede disolverse en un espectáculo vacuo, estigmatizado como perteneciente al pasado y rechazado por los jóvenes, o peor aún, anclarlo en un bando de la política enfrentado, por lo tanto, a otros y sometido a los vaivenes partidistas o ideológicos, como parece que les gustaría a algunos que, henchidos de patriotismo ful, no paran de gritar vivas a España en la plaza, como si eso resolviera algún problema de España o de la tauromaquia.
Andrés de Miguel – Aquí el artículo completo -
Foto: Andrew Moore

lunes, junio 06, 2016

Rafaelillo ante el toro "Tabernero" de Miura

Entró en escena el cuarto de sorteo, que iba a ser el mejor de la corrida. Descarado y astifino, frentudo, algo cabezón, 605 kilos, lleno, bien puesto. Rafaelillo se lo sacó de partida a los medios con notables lances por delante. Una hermosa pelea, que ganó Rafaelillo y fue árnica para el toro, que, serenado, se empleó y apretó en dos varas certeras.(...)
Tres naturales despaciosos, ligados, largos, y el de pecho. (...) Toro de una sola mano, pero qué mano. La izquierda. Rafaelillo se recreó, dibujó a placer, los muletazos ayudados fueron soberbios, como el gobierno del toro, que no enganchó engaño ni una sola baza. Final de frente y a pies juntos. Un lío. Pero se había pasado de tiempo la faena y a Rafaelillo le costó un mundo cuadrar al toro.
Se enfrió de pronto el coro. Dos pinchazos, un aviso, una estocada tardía. Trabajo mayor sin premio. Gran ovación en el arrastre para el toro, Tabernero, número 17.
Barquerito - aquí la crónica -
Fotos: Andrew Moore

Raúl Ruíz

 
Ayer nos dio, con los Miuras, todo un recital tanto a la brega como con los palos.
Foto: Andrew Moore

Fin de fiesta



Para rematar la isidrada de 2016 se ha lidiado una corrida de Miura, ganadería siempre rodeada de gran expectación; lleno en la plaza como otras ocho o nueve tardes a lo largo de esta feria, buen ambiente, la banda sonando en el tendido alto antes de la corrida para animar al respetable que suele ser optimista por lo menos hasta que el primer toro pisa el albero.
Han salido dos toros bravos: el cuarto, Tabernero, lidiado en primer lugar por Rafaelillo ante la invalidez del anunciado primero que ha sido devuelto y el sexto Ojeador, un ejemplar impresionante de 647 kilos que ha recibido tres varas muy bien tiradas por Francisco Vallejo y ha acudido al caballo desde los medios en la tercera sin hacerse de rogar.
El sobrero, de Valdefresno era un buey horroroso cuya fealdad y falta de trapío destacaba especialmente en comparación con los toros magníficamente presentados por Miura: grandes, largos, altos, con trapío y de impresionantes arboladuras. Aunque bien es verdad que salvo los mencionados el resto carecían de fuerza y se comportaban con mansedumbre ante los caballos y carecían de viaje en la muleta.
Dos toreros de plata han destacado hoy en banderillas: Fernando Sánchez que ha puesto dos pares extraordinarios al quino toro y Raúl Ruiz que ha banderilleado al sexto y el picador Agustín Collado con el toro Tabernero.
Por su parte Rafaelillo nos ha hecho vibrar con su faena a Tabernero, cuando este torero está en la plaza siempre percibimos sensaciones positivas, nos obliga a estar muy pendientes de todo lo que hace porque no elude el riesgo y se entrega en cuerpo y alma. Lástima que resulte tan impreciso a la hora de matar lo que le priva de obtener los trofeos merecidos con su toreo.
Los toros correspondientes a Javier Castaño y a Pérez Mota presentaban serios problemas por causa de su mansedumbre y falta de fuerza, que ellos no han sabido resolver, la sensación que nos queda es que ambos diestros han estado faltos de recursos frente al muy serio compromiso.

Y así, sin más de momento, se acaba esta feria taurina que nos ha aportado algunos ratos de intenso interés que han coincidido siempre con un toro bravo y un torero valiente en la arena.

Gracias a quienes con afecto han seguido nuestros comentarios.

Jandro

domingo, 5 de junio de 2016
Fotos: Andrew Moore





domingo, junio 05, 2016

"Desengáñese usted, don Eduardo"

–Desengáñese usted, don Eduardo –dijo el marqués de Saltillo a Miura–: en España ya no quedan más que dos ganaderías de postín, la mía, de toros mansos, y la de usted, de bueyes bravos.

Saltillos y miuras son los más denostados por los revistosos del puchero que atienden a las figuras del toreo, que no pueden ejercer con ellos su “arte” o postureo de mozos de billar.

Vía: Ignacio Ruíz Quintano en "Salmonetes ya no nos quedan"
Foto inefrior de Andrew Moore
Foto superior: Campos y Ruedos

sábado, junio 04, 2016

Nunca llegaré a saber lo que es un toro bravo (Jean Palette Cazajus)

El día de los Saltillo no me aburrí un solo segundo. La “moruchada infumable y montaraz” suscitó en mí un tipo de emoción de la que pienso que no puede desaparecer de la tauromaquia sin condenarla a muerte. Sr Zabala, la corrida no fue “antológica”, desde luego, puesto que, más seriamente, fue una corrida literalmente “ontológica”, con una presencia absoluta. La diferencia entre las dos palabras consiste en lo que va de la diversión a lo esencial. La corrida fue también “catártica”, purgativa cual tragedia griega, no tanto por lo que fue, sino por lo que nos reveló sobre lo que sale cada día de chiqueros: degradación y degeneración industriales del toro de lidia e impostura moral.
El tipo de emoción suscitado por los Saltillo, en ningún momento apareció ayer. Y eso que presencié unas verónicas de parar el Big Ben, un remate de chicuelinas apoteósico, una faena de una plasticidad portentosa al servicio de un toreo dignamente curvo e interior, como fue digna la colocación. De “medio sitio” la calificó Javier, el imprescindible “fireman”.
Pero en ningún momento tuve la sensación de que el “bravíssimo” Dalia albergase la más mínima intención de emborronar la bellísima aria italiana interpretada por Manzanares. Disfruté, y mucho, de la belleza, pero en ningún momento me embargó el sentimiento que me levantó del asiento con el prodigioso par de David Adalid.
En los toros, para que brote la verdadera emoción, entre el “intérprete” y el aficionado debe interponerse el muro del riesgo. Un muro siempre presente. Un muro transparente como el aire pero más recio y compacto que la muralla de Avila. Sin la invisible presencia del muro del riesgo, la mejor faena deja de ser obra y se convierte en ópera.


viernes, junio 03, 2016

Victorino Martín


Al excelente ganadero Victorino Martín le han homenajeado esta mañana descubriendo un mosaico en la plaza de las Ventas, el coso donde sus toros han triunfado tantas veces, se lo merece. En cierta ocasión nos dijo que no iba a echar agua al vino y creemos que en cierta medida ha mantenido su palabra; sus toros son ahora más tratables, mucho más tratables, pero siguen manteniendo ese hálito de dureza y peligrosidad que les ha caracterizado siempre, ahora sin fundamento, pero a veces las leyendas se valoran por encima de las realidades, y así estas corridas son evitadas por las figuras y quienes se atreven a enfrentarse a ellas se descomponen, se desfiguran y se alivian de peligros más imaginarios que reales.
Los seis toros que ha traído hoy a Madrid eran unos ejemplares preciosos con presencia y trapío irreprochables, veletos y descarados de pitones pero nobles y con movilidad frente a la muleta, remisos en los caballos: aunque acudían de largo no se empleaban (salvo el tercero) y con una pizca de picante de la casa; listos pero facilitando el buen hacer de quien fuera capaz de someterlos y mandarles con decisión.
Y no ha habido nadie capaz de semejante hazaña. En otros tiempos cuando estos toros eran mucho más fieros y buscaban las zapatillas de su matador había toreros capaces de domeñarlos y cortarles las orejas, hoy no, o bien quienes pudieran hacerlo no quieren afrontar el compromiso.
Da la impresión de que quienes figuran en los carteles de estas ganaderías son aquellos toreros que no tienen más remedio porque no les contratan para otras.
Sin embargo hoy había en la plaza dos toreros con mucha experiencia en Victorinos: Uceda Leal y sobre todo El Cid, que ha triunfado en muchas ocasiones con estos toros, y ninguno de los dos ha podido justificar mínimamente su presencia. Uceda ha recibido la mayor bronca que yo recuerdo desde las de Curro Romero por no querer saber nada del primero que apenas le ha quitado las moscas y ha entrado a matar, seguramente tenía mal genio el bicho pero cuanto menos debía haber intentado que el público se percatara de ello.
Hace ya tiempo que El Cid no es el que fue: ha brindado un toro a Victorino y otro al público y ha sido incapaz de lograr el más mínimo lucimiento, sólo los lances de salida a su primero han tenido la categoría que se le supone, pobre resultado para una tarde en la que esperábamos su vuelta a la torería grande, la que nos obsequió tantas veces y que a estas alturas parece imposible recuperar.
Miguel Abellán tampoco está preparado para estos toros, ha tenido dos muy buenos ejemplares para el triunfo pero su toreo perfilero, siempre fuera de cacho y carente de mando y enjundia le dejan en su condición de pega-pases mediocre, carente de recursos y valor.
Volvemos al archiconocido “Cuando hay toros no hay toreros” que lamentablemente siempre tenemos que recordar al final de cada San Isidro.

Jandro

viernes, 3 de junio de 2016
Fotos: Andrew Moore

Fotos de la corrida de Victorino ( Andrew Moore)












Javier Ambel

 
Tercio de banderillas del tercer toro, de escasa movilidad y tardo de embestida como todos sus hermanos. Una tensa espera para los subalternos. El responsable de la lidia, Javier Ambel, capote prendido en las yemas de los dedos, se dispone a dar una lección de toreo; llama al toro, se deja ver, sin prisa, con elegancia, lo embebe en la tela, sin tocarla, con suavidad, como una caricia. Y así, uno, dos, tres y hasta cuatro lances interminables que supieron a gloria en una tarde que se precipitaba por la ladera del sopor. El animal quedó en los medios, y el matador, Rubén Pinar, indicó que lo acercaran a tablas. Lo intentó Ambel a una mano, pero el toro no respondió, y volvió a dibujar otros dos lances para los paladares exquisitos de los muchos que supieron verlo.
Antonio Lorca