No nos parece justo que el toro más feble, descastado e impresentable sea el más caro y que, además, se lidie a lo largo de toda la geografía española; por el contrario, el bravo, encastado y fuerte no valga un real y termine corrido por las calles o directamente en el matadero. La primera sinrazón.
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Que el cuarto/primer poder en los toros, la prensa especializada, aplauda lo mismo que el espectador que sólo -sí exclusivamente- va a los toros el día de su patrón está fuera de lo razonable.
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