
-Junio ha sido un mes monótono. Pinchaba uno los numerosos videos de ferias que ofrece este portal y, además de poca gente en el tendido, casi siempre se encontraba más de lo mismo: vulgaridad, rapidez, bulla, faenas idénticas...
Sea el toro que sea, bueno o malo, chico o grande, bravo o manso, este año los toreros están aplicando en un apabullante porcentaje la misma fórmula técnica y estética.
Para la mayoría, la muleta ha dejado de ser una herramienta dúctil, un instrumento lleno de recursos y secretos, para convertirse en una amplia pantalla con la que tapar la visión del enemigo y tras la que esconderse(...)
Pero con ser horrenda esa forma de citar, peor lo es su consecuente trayectoria posterior, tendente al desplazamiento del animal hacia las afueras apenas entra en el embroque. Es así como la embestida no se fija y se conduce sino que se esquiva, eludiendo el compromiso en la parte central del muletazo. Del medio muletazo, deberíamos decir, puesto que el siguiente paso del proceso consiste en que el torero, haciendo un sesgo, aprovecha esa salida del toro de la suerte para situarse en la pala del pitón sin quitarle nunca la pantalla roja de los ojos. Es decir, sin rematar el muletazo.
Es así como se unen, que no se ligan, medios pases a medios pases, en una equívoca espiral que no es sino una noria vertiginosa, superficial y ventajista en la que el eje de seda y oro queda fuera de la amenaza de los pitones. Y como en todo ello no hay mando, como la embestida viene menos exigida y durante menos recorrido, es el animal el que impone, sin sentirse obligado, su propio ritmo, tan acelerado como los mismos oles destemplados y chabacanos que provoca ese toreo menor, estandarizado y previsible.
Via: Burladero.com