
Por cuarto año consecutivo la ganadería de la Martelilla ha abierto la Feria de San Isidro a pesar de los sonoros fracasos de los años anteriores.
Los tres primeros toros, descastados e inválidos, se han caído en numerosas ocasiones, se ha simulado el tercio de varas y el tercero, que parecía una rata con cuernos, ha sido devuelto a los corrales al igual que el primer sobrero perteneciente a la ganadería de Moisés Fraile por invalidez absoluta en ambos casos. Nos han sorprendido los pesos anunciados para estos animales muy por encima de lo estimable a simple vista. El cuarto y el quinto, con algo más de trapío pero también descastados y mansos no han permitido el lucimiento de sus oponentes.
Sobre el sexto toro, de la ganadería de Casa de los Toreros, al que ha cortado una oreja Emilio de Justo no puedo hablar porque me he marchado antes de la plaza al no haber encontrado hasta ese momento alicientes suficientes para continuar sentado a la espera de un milagro, pero así son los toros, cuando menos se espera se produce el lío y sólo puedo lamentar no haberlo presenciado.
Con la muleta, Joselillo ha intentado el toreo de verdad frente a sus dos oponentes, citando de lejos y cruzándose con ellos, pero estos toros descastados y sin fuerzas se quedaban en la suerte, topaban con los engaños y moviendo la cabeza como molinos resultaban un peligro infranqueable, nos ha gustado su actitud y su forma de plantear las faenas, pero no ha encontrado el toro que requiere el buen toreo, o sea el toro bravo. Esperemos que algún día lo encuentre y sepa salir airoso del trance.
Eugenio de Mora con los toros que le han correspondido y Emilio de Justo con el segundo sobrero se han topado con muros imposibles de saltar, este tipo de toros que más parecen borregos, impiden el triunfo de sus oponentes y anulan el espectáculo.
La falta de casta está llegando a extremos muy preocupantes, se busca un animal dócil y se consigue un manso intratable.
Jandro
jueves, 07 de mayo de 2009
Notas sobre el sexto:
-Otro inválido.
-Cuando el torero terminó de dar la vuelta al ruedo ya se había ido casi todo el mundo de la plaza.