miércoles, octubre 14, 2015

Las palizas y las frases (Javier Marías)

 La frase más tosca y peor redactada ha debido pensarse mínimamente antes de darle a la tecla. Ha debido construirse. Por seguir con la rabia antitaurina, si un torero es cogido gravemente, el comentario en el bar sería más o menos: “Ojalá el toro lo hubiera matado”. Un tuit, se quiera o no, es siempre un poco más elaborado: “Lo único que lamento es que no te reventara la femoral y te desangraras como un cerdo, hijo de puta asesino”, por ejemplo. Esto queda, se retuitea y se propaga, a diferencia del comentario oral. Guste o no, hay ahora un lugar plagado de frases deseándoles la muerte a otros, o amenazándolos con ella. Frases que flotan indefinidamente, que permanecen, que no se las lleva el viento, como se decía tradicionalmente que ocurría con las palabras. Pasar a la realización de los deseos es tanto más tentador y fácil cuanto menos efímera es la expresión de esos deseos, o cuanto es más persistente. En lo escrito no se suele matizar con el tono, sea de exageración, de guasa, de ganas de provocar y escandalizar… sin ir del todo en serio. Cabe la literalidad en mucha mayor medida que en lo dicho. A todo esto tampoco se le concede importancia, o apenas. El paso siguiente a la literalidad, sin embargo, el que jamás debería darse, es cumplir las amenazas y los deseos… eso, al pie de la letra, como si aún fueran sólo frases.

Javier Marías- Las palizas y las frases-

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