viernes, abril 04, 2014

¿Toro bravo o animal de granja?


"Ricardo, que es un tio listo en este mundo tradicionalista(...) ha conseguido que todo el mundo ponga fundas..o que se críe toros en un espacio reducido. Ha hecho una fábrica. Muy feo. Pero ahí están sus resultados. Ricardo no es aficionado al campo, es aficionado al toro"
 Pepe Moya, propietario de la ganadería El Parrralejo 

"Localizar a los utreros- en Monte San Miguel donde se crían los toros de Manolo González- no supone una tarea fácil. Los inmensos cercados son muy quebradizos(...) Los utreros rebosan salud, erguidos en lo alto del cerro, variopintos y fieros, asilvestrados totalmente. Aquí no se usan fundas y los animales no se crían en cebadedos reducidos."

Estas líneas leídas en el último número de Tierras Taurinas nos vuelven a recordar las palabras de Gerardo Ortega o el artículo de Francois Zumbiehl del que he tomado el título de este post y del que copio estas lineas:
En el argumentario presentado para la inscripción de la corrida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de Francia, el tema ecológico ha tenido un impacto importante. Se ha insistido en el hecho de que el toro bravo vive en libertad durante cuatro años, bajo una mínima vigilancia del hombre, en espacios extensivos que preservan la fauna y la flor salvajes, que él mismo es un compendio casi perfecto de la alianza entre naturaleza y cultura, y que la Fiesta está basada en el respeto y el mantenimiento a toda costa de su condición de animal bravo, es decir de origen salvaje.

Como escribe André Viard no se pueden criar a los toros "como pollos cebados y envueltos en papel albal"



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