martes, octubre 23, 2012

Votando a la Oreja y Hierro de Oro del programa Clarín


Mis votos son para Javier Castaño y la ganadería de José Escolar. 
Nota: Aquí el enlace para votar.
Nota: Según leo en Twitter, coincido con Vazqueño. Eso si, espero que no se cumpla su vaticinio y al final ganen Juli de Velilla y Garcigrande y este premio se convierta en el premio al juampedrero del año.

¿Qué busca la gente en una corrida de toros? (Felipe Benítez Reyes)

"¿Qué busca la gente en una corrida de toros? ¿Diversión? Sería, desde luego, poca cosa: una función de toros no divierte, y las mas de las veces aburre. ¿Emoción estética? Ya resultaría excepcional que la gente, que por lo general tiene alma de cabrero, buscase emoción estética precisamente en un arte en el que esa emoción está oculta , agazapada tras oropeles y brillos fatuos. Por extremado deterioro del gusto y del sentido, además.
Uno ignora, de veras, cómo pueden ir poblándose los tendidos mientras se aproxima el toque de clarín: “A ver que demonios ocurre”. Como un pitido ramplón que hace las veces de heraldo del enigma: “ A ver que demonios...”.
Y las plazas, tarde tras tarde, se llenan, o como poco, se cubren. Y uno se pregunta que hace allí tanta gente, y para qué.
Porque luego ese público misterioso –del que ignoramos sus motivos, su sentido, su pretexto- se encandila con la pantomima, con la trampa y el cartón. ¿Y eso le divierte?¿Y eso es emoción estética o cosa parecida?
Se pregunta uno, con muy seria extrañeza, què hacen esos tipos saltando del asiento cuando ven algo que es precisamente lo opuesto a lo que en lógica cabe esperar que vinieron a ver: torear. Y el toreo, o se hace por derecho o se hace otra cosa...que ya no es toreo: espectáculo con toros, función de malabarismos castizos. Lo que se quiera. Pero toreo no.
Uno mira a sus vecinos de tendido y se acaba preguntado: “ Pero, ¿qué demonios...?”
Felipe Benítez Reyes (Revista Taurología,nª3) 

Foto: Público en la plaza de toros de Salvatierra

lunes, octubre 22, 2012

Torear (Juan Belmonte)

Torear es llevar la contraria al toro, obligarle... a lo que él no quiere: si es huido, a que doble; si es tardo, a que embista; si se resiste a pasar, a que pase; si se cuela, a que acometa derecho; si derrota alto, a que humille; si se revuelve pronto, a que vaya lejos; si acomete recto hacia el torero porque éste se cruzó con él, a que quiebre la derechura del viaje; y si embiste fuerte y rápido, a que pase suave y lento. Sí, sí; no lo dude: templar es una manifestación -la más relevante- de ese llevar la contraria al toro en que el toreo consiste, porque es ejecutar con lentitud, aunque sea rápida la embestida.
 Luis Bollaín recoge estas palabras de Belmonte en el libro titulado El Toreo (yo las recojo del blog Dominguillos) 

César Rincón ante un toro de Murteira

"En una época en la que a cualquier cosa se le llama torear, cuando aparece un torero y se lleva el toro al platillo, y le da distancia al objeto de que desarrolle la combatividad propia de su casta brava, y le adelanta la muleta, y el toro de casta brava, al verla allí, descarada y retadora, se tira a matarla, y el torero para la fogosa embestida templándola, y obliga al toro a que se reboce en la pañosa conduciéndolo en derredor de su cintura, y remata dejando adelante otra vez la muletilla para que el toro desahogue su codicia y continúe embistiendo sin solución de continuidad, al público que contempla sernejantes lances le hace el efecto de que son magia pura, y se asombra, se enardece salta de sus asientos, corea oles, pierde la noción del tiempo y del espacio, conmocionado por extrañas sensaciones. Es lo que sucede siempre que un torero torea un toro y exactamente todo eso es lo que sucedió en la faena de César Rincón al sexto de la tarde”.
Joaquín Vidal  (en la crónica de la corrida  22 de mayo de 1991 en Las ventas)

La muleta "planchá" (Joaquín Vidal)


Le pidieron a Antoñete que pusiese la muleta planchá, para que se viera. No es que Antoñete la fuese a poner arrugá sino que su forma de torear, al ortodoxo estilo -que demanda muleta planchá, ofrecer el medio pecho, cargar la suerte- - es lo que esperaba del veterano maestro la afición. "¡Ponga la muleta planchá, rnaestro!", se oyó gritar en el tendido. Y fue el maestro y la puso como para perpetuarla en bronce.

Nota: Añado esta cita de Alfonso Navalón:
"Para torear bien lo más importante es la colocación». Mientras Antoñete y Rincón hacían estas cosas tan sencillas y tan verdaderas, una falsa generación de figuras jóvenes inventaron el citar al hilo del pitón o, para colmo de la mentira, con la muleta y la pierna retrasadas." 

Sobre la tauromaquia de Antoñete

"Tras los primeros pases de dominio y conducción del toro, llega la hora de elegir el (pitón) bueno para seguir con la obra. Si fuera el derecho, entonces, el torero deberá conducir al toro, con la muleta por ese lado, del modo mas preciso. El  planteamineto de Antoñete sigue: "Hay que volver a hacer que el toro confíe (dándole) distancia ( volviéndole a ) esconderle los engaños. (Entonces) el torero (nuevamente) caminará despacio y con enjundia, se dejará ver y mirar por el animal y por los espectadores, y comenzará otra vez la interpretación y puesta en escena de la danza taurómaca. (Al animal) se le (echará) la muleta (antes se le ) habrá citado con el pecho y con la voz, (después de) le provocará con el mentón, (y) una décima de segundo antes de que tenga lugar  el violento encontronazo, el torero habrá atrapado la brava acometida en la panza de la muleta puesta en primer término del viaje y será entonces cuando por enésima vez le cambie la trayectoria con un decisivo y poderoso paso al frente ejecutado con la pierna contraria. En el mismo instante del embroque se ha cargado la suerte, se ha vuelto a romper bruscamente el fiero galope mediante un alarde,(...).Obligado a realizar el medio círculo, la fijeza del toro le impedirá huir del lance quedando situado en el lugar exacto que el hombre ha querido para poner en funcionamiento otro de los mandamientos del toreo: la ligazón"
En "Antoñete o la tauromaquia de la movida " Javier Manzano

viernes, octubre 19, 2012

Los triunfos...ante el Toro


Ahora que los revistosos y demás palmeros de las figuras están premiando a los triunfadores de la temporada y nos recuerdan tal tarde en que él "importante" desorejó a un Cuvillo, o que el del "empaque" estuvo cumbre ante un noble ejemplar de "Bambichico", o nos destacán como tal "figurón" consiguió que un inválido de cualquier otra "juampedrada" no se derrumbase y que incluso  le diese tropecientos pases, me acuerdo de estas lineas:
Para que veamos la importancia que tiene el toro se pueden poner ejemplos, pues Juan Belmonte decía que para él había sido más importante, por más heroica, la primera etapa con toros más duros que en las dos reapariciones de 1925 a 1935, aunque la regularidad de sus éxitos fueron más constantes, con lo toros más flojos.
Para Manolo Vázquez y Manolo González su mayor satisfación es haber logrado sus dos tardes más importantes con el novillo "Fechoría" y el toro "Capuchino", ambos encastadísimos. Ambas reses pertenecían a la ganadería bravísima de 
Graciliano Pérez Tabernero, la predilecta de Antonio Bienvenida. Según Camará, el mérito de Joselito "El Gallo"; era que cuando a los demás les llegaba el agua al cuello, por la potencia de las reses, a él no le mojaban ni los hombros(...).
Las mayores glorias de Manolete fueron sus méritos en Sevilla con miuras y el alcanzado con el bravo sobrero de Pinto Barreiros. Quizás nunca se consideró Arruza más esencialmente torero como el día que se superó con romeros en Las Ventas.(...)
Nino Rubio Granado
(La Evolución del toro bravo, artículo publicado en el anuario de a Federación Taurina de Valladolid)
Fotos: la primera es de Robleño ante toros de José Escolar y la segunda la de Alberto Aguilar ante  toros de Victorinos. Ambas tardes en Las Ventas. 

Premios de la Peña Taurina Peñaflorense (Temporada 2012)



Premios de la Peña Taurina Peñaflorense (Temporada 2012)


-Premio “Maestro Chenel Antoñete” a la Faena para el Recuerdo: A Antonio Gaspar "Paulita" por su faena realizada al toro “Flameado”, de la ganadería de Ana Romero, lidiado en sexto lugar en la corrida celebrada el 7 de Octubre.

-Premio “Victorino Martín” a la mejor Corrida de toros: A la ganadería de Ana Romero por la corrida lidiada el 7 de Octubre en Zaragoza.

-Premio a la mejor Novillada con picadores: A la ganadería de Adelaida Rodriguez por la novillada lidiada en Zaragoza el 6 de Mayo del 2012.

-Premio “Eduardo Miura Fernández” al Mantenimiento y Recuperación de un encaste: A la ganadería Juan Luis Fraile (encaste Santa Coloma, vía Graciliano).

-Premio “Alberto Maestro” a la mejor Labor Informativa: Benjamín Bentura, por su trayectoria profesional en la información taurina.

-Premio “Juan Luis Cano” al mejor Aficionado: Tauronaria, por su compromiso con la difusión y el estudio del toro de lidia.

-Se concede una Mención especial, al toro "Infeliz" de Torrestrella ganador de la Corrida Concurso de Zaragoza y a Tito Sandoval, picador de toros, por su decidida labor de recuperar el tercio de varas.

Sobre El Juli y Diego Urdiales


-Vazqueño escribe sobre el poderoso e importante Juli.
-Enrique Martín escribe sobre Diego Urdiales

jueves, octubre 18, 2012

"Cubrir Las Ventas es un acto de incultura cuando no, una indignidad" (Juansintierra)


LA CUBIERTA.
En el principio fue el rito. Las corridas de toros, como la vida misma, tienen múltiples lecturas, pero sin duda, su dimensión ritual es con toda evidencia, su esencia misma.
¿Cuál sería la razón sino para que sean precisamente seis los toros, tres los toreros, tres los tercios (varas , banderillas y muerte), tres las alturas de la plaza (tendido, grada y andanada); tres los tiempos del muletazo (parar, templar y mandar); tres los pares de banderillas y tres las veces que antiguamente debía el toro ir al caballo?.
¿Por qué precisamente tres? ¿de dónde sale ese número tres, tan misterioso?. Pues ese número tres, tan cabalístico que procede de la Biblia y del nuevo testamento: 60 días duró el diluvio; 6 días la creación, tres son las personas del verbo, al tercer día Cristo resucitó, doce fueron los apóstoles, tres los clavos, tres las caídas….. todo en estos textos es tres o múltiplo de tres.
No es difícil admitir que esta tozuda coincidencia no puede ser casual. Como tampoco lo es que las corridas sean un rito solar, que comienza inexorablemente en el momento exacto en el que la sombra divide el ruedo en dos partes iguales y que termina cuando la sombra de la noche se come al sol. Las corridas son y deben seguir siendo un rito.
El torero, en ese rito representa a los seres humanos en conjunto, a hombres y mujeres; que deben enfrentarse al caos representado por la furia salvaje del toro, armados con su valor y su inteligencia; para ordenarlo, dominarlo hasta crear belleza.

Esa bellísima metáfora de la vida humana, esa escuela de la ética de vivir en contacto con la naturaleza que representa la tauromaquia, le pese a quien le pese, fue el regalo impagable de nuestros antepasados.
Por lo tanto, si torear es vivir; las corridas de toros como representación de la vida, deben estar sometidas a las leyes del azar y de la naturaleza. Una cosa es humanizar las corridas y otra muy distinta vaciarlas de su dimensión azarosa, con el pretexto infame de la comodidad y la modernidad.
Ni la muerte ni la vida son ni pueden ser cómodas ni modernas y las corridas de toros son un recreación de estas inexorables realidades humanas. Las corridas de toros no son ni tienen voluntad de ser un entretenimiento, ni un pasatiempo, características de los espectáculos superficiales y banales de nuestro tiempo. Las corridas de toros son algo muy serio. Y en su esencia y circunstancia tienen voluntad de ser un ritual “anacrónico”, con voluntad de eternidad.
De ahí que los toros deban tender a ser lo más posible, animales bravos y nobles pero también salvajes e imprevisibles, como el destino y el miedo de cada uno de nosotros. Los toreros, hombres o mujeres inteligentes, sensibles y valientes, como deberíamos aspirar a ser los hombres y mujeres libres. Y las plazas de toros, templos laicos donde los aficionados, a la intemperie y en un contacto máximo con la naturaleza, tengan la suerte de asistir a estos rituales apasionantes. Cubrir la Plaza de Las Ventas es como tratar de convertir la vida y la muerte en un simulacro. Es más que una vergüenza; es un acto de incultura cuando no, una indignidad.
Juansintierra
Imagen 1: Abc
Foto2: Ramón Masats