jueves, septiembre 11, 2008

Manuel Alcorlo (el papa negro)



Javier: Leyendo un comentario al post de "SOLyMOSCAS" ("DERROTAS"), referido a las terribles "fiestas populares" hispanas, me vino a la memoria las imágenes de MANUEL ALCORLO. Sobre todo aquellas de la serie "DESTROZONES Y TANCREDOS" (aguafuertes y aguatintas) : "El toro de Medinaceli", "El toro de Amposta". !! Me gustan mucho!!... al tiempo que me horrorizan esas fiestas. (En corto y por derecho: Manuel Alcorlo es un pedazo artista que es lo que aquí importa)
NOTA AÑADIDA: copio parte del reportaje de Umbral. La selección es del papa negro:
Manuel Alcorlo
FRANCISCO UMBRAL (Abril de 1984)
El aro de oro de cristal de gafa, barba barroquizada por las canas, la voz dura y alegre, el hombre corto para el largo vino, Alcorlo de los pies (uno quevedizado y torpeante) a la cabeza alborotada y lúcida, con un halo de música de postre, mal/bien tocado Bach, Manuel Alcorlo, madrileño del año treinta y cinco.
Entre la breña y la braña, en lo más emboscado de los bosques, sale Manuel Alcorlo de una casa aldeana -Guadarrama-, con un violín en la mano, contra el sábado abrileño derrochado en lluvia. El violín, sin el arco, casi parece un niño. La casa tiene algo de panera del tiempo.- Nos baja a la bodega. Entre inmensas tinas y tinajas del XVIII, con algo de Danton y Robespierre del vino, Alcorlo parece más lacónico de talla, y quizá por eso se derrama más en las palabras. Gigante hombre pequeño entre los gigantes cervantinos de gran tripa y beber. Él habla a voces. Qué entremés de Cervantes (él tan quevedesco), Arcorlo entre bocoyes y entre odres, pegando gritos sobre Bach y el vino. La casa, el envigado de madera, tiene algo de silo de los días…
(…) Se escribe con Quevedo y con Beethoven. Bellas de mancillado cuerpo que galopan ruedas, calaveras muy atentas a la vida, monos sonrientes, pájaros bailables, un cruce genital Quevedo/Alcorlo, escribanos de usura y de lechuza, don Francisco llevado por un viento, un Júpiter de tórculo, pájaros y mujeres, poblando las tinieblas exteriores, la fortuna con seso, el asno muy entremetido en los asuntos de hombres (como andan por este pueblo de la sierra), bocas de cerradura, casas que se vuelan, como cuando aquel hidalgo que se quedó "desnudo de edificio", burócratas con cuernos de demonio, pezones de mujer, como pupilas sólo de carne para ver la carne, este vino ventrudo, gigantomaquias y paletos, el gran cabrón mirándose en los mundos, y la fortuna ciega y como en bolas. La casa tiene algo de molino por dentro que nos muele la vida.(…)
-Todo magistral, Manolo, pero me preocupa que estés perdiendo la imaginación.
-Nada de eso, no lo creas, las cronologías se confunden. Lo hago todo al mismo tiempo. Los hortelanos de este pueblo, en burra, y los magnolios de la imaginación.
El cadáver del besugo engastado de periódico. La tauromaquia azul, blanca y pálida de una España atroz a la que Alcorlo, "antisolanesco", "antigoyesco", siquiera por capricho, ha quitado los colores. "En Pastrana, pueblo de la Alcarria, usan el toro de fuego, con rueda de alquitrán en los cuernos, y al que luego matan a palos".
El bajorrelieve de las viejas, mujeres en su interior, un caballo estallado en mil objetos, un sueño en rojo de pájaros picudos, una boda de pueblo, un siglo entre Miró y Francis Bacon, los sueños de Quevedo con los cráneos sin tapa, la noche miniada como un sueño, el localismo trascendido de las lavanderas. Todo lo resuelve su oficio.
-Mira, Paco, yo soy un cojo reumático y gotoso, pero ya te digo que Carmeta me cuida, voy divino. Tenemos vino de la cuba, que son muchos grados, y este tinto que a lo mejor te gusta.
-Pues que bajen a por el de la cuba.
Desconcertantemente dotado, lo hace todo a la vez y no se pierde. Ha habido otros talentos de talento múltiple, pero se logra más el de una sola vocación o habilidad. Tanto como las plurales aptitudes de Alcorlo, hay que admirar su actitud, libre y directa, confusa por fuera, segura por dentro, para hacer siempre lo que quiere y como quiere, para ser siempre Alcorlo, a la sombra caliente de Quevedo, a la sombra difunta del Bosco, al sol de los realistas.(…)
-Eres ya un tío de pueblo, Manolo.
-Sí, ya soy un tío de pueblo. Voy conociendo, sobre todo, la psicología de estos hombres rurales, de los campesinos y los hombres de montaña. No creo en el buen salvaje, no he descubierto nada de eso, el hombre de campo tiene los mismos fallos, u otros, que el de la ciudad, pero, hasta llegar a eso, hay un gran trecho de amistad y cultura, sí, cultura, porque el saber del cielo y de la tierra y de las viñas a mí me parece que es cultura.
¿Vendes mucho? -Poco.
-¿Cobras mucho? -Poco. Lo justo para pagar los impuestos.
-Eres ya un clásico de la vanguardia. ¿Qué es, quién es hoy la vanguardia?
-Bueno, pues no sé, hombre -entiesa la pierna tiesa, se la rasca-, yo no sé en lo que andan, han descubierto cosas que yo vi ya en Italia hace diez años, yo no sé lo que quieren, por ejemplo los críticos, se busca sorprender, no sé, ya han pasado a Sempere y a cualquiera, ahora no sé qué buscan, te lo juro…
Alcorlo, que iba y venía por la casa, por el estudio, llevando y trayendo, tomando y dejando, ha encontrado su centro en un atril, y en el atril una página de Bach. Vuelve el violín rescatado de la lluvia.
-Ahora os voy a tocar algunas cosas. A ver si sale esto.
(…) Este genio de siempre, joven aún, viejo de Quevedos y de Boscos, y el taxista de música frustrada, escuchando a los clásicos en un taxi aparcado al margen de todo aparcamiento. Son los momentos mágicos de Alcorlo.
-Quevedo.
-No hay cosa igual.
-La música.-Ya ves.
Y bebe vino. Pienso que es su otro vino, la música, y pienso en las tinajas de la bodega como en el senado de los clásicos, subiéndole sus armonías silenciosas, desde el hondón donde se pisaba la uva de este pueblo, hasta el sueño de su razón, que engendra monstruos tan razonables, como ya más o menos queda dicho.
-Aquí en esta casa todos somos artesanos, Paco; nada de artistas.
Cuando nos vamos, un diablo y un cojuelo dan saltos y vueltas en torno al coche. Son dos en uno, Alcorlo, en cordial despedida, o yo diría que Alcorlo, bajo la lluvia que no le moja, se ha desdoblado en dos, diablo y cojuelo, ya sabéis :" Todo seguido hasta Boadilla".

2 comentarios:

  1. magnifico.
    papa negro , si vd me permite, mis devociones, a tope. y bebo en su honor , yo, agnostico, unos tragos de vino de pessac-léognan que son a mi paladar iguales que sus "misas" por aqui.

    ludo

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  2. Es un honor, monsieur ludo, que usted beba vino en mi recuerdo.
    Sepa que Manuel Alcorlo tiene una bodega en casa y que para un servidor el vino es devocion mas que aficion.
    No sé si en el vino está la verdad, pero hay quien sostiene que el hombre se hizo sedentario para poder beber vino.
    Es decir , el hombre se paró a la vera del camino trashumante para beber el mosto fermentado y dijo: "!Ya no me levanto!"...
    Por eso dicen en mi pueblo:
    "Un hombre bien comido y bien bebido hay que ver lo que resiste tendido"... y en eso estamos (no sin esfuerzos).

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