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miércoles, marzo 22, 2017

Piedras Negras triunfa de manera colosal (Gastón Ramírez Cuevas)


Domingo 19 de marzo del 2017-03-20

Decimonovena corrida de la temporada de la Plaza de toros México

Piedras Negras triunfa de manera colosal

Gastón Ramírez Cuevas

Toros: Seis de Piedras Negras, de excelente trapío y juego. Todos fueron aplaudidos de salida y los primeros cinco fueron ovacionados en el arrastre.

Toreros: Antonio García “El Chihuahua”, al que abrió plaza lo despachó de entera caída: silencio para el torero y ovación al toro. Por la cornada a Antonio Romero tuvo que matar al cuarto toro y estuvo lamentable con los aceros. Dos avisos, rechifla al diestro (?) y ovación fuerte al toro.

Por razones que rebasan toda lógica, el jurado le asignó el quinto del festejo. Ahí García pinchó sólo una vez y luego se quitó de enfrente al astado mediante un bajonazo infame: pitos tras aviso y gran ovación al toro.

Juan Fernando, al segundo lo pinchó varias veces y lo intentó descabellar en multitud de ocasiones con muy poco acierto: dos avisos que bien pudieron haber sido tres. Ovación al toro y bronca al torero.

Mario Aguilar, al tercero lo pasaportó de un pinchazo, entera habilidosa y certero golpe de descabello: silencio sepulcral tras dos avisos y ovación al toro. El jurado le concedió la muerte del sexto. Aguilar cortó por lo sano con una entera baja: silencio.

Antonio Romero fue herido de gravedad por el cuarto de la tarde. El respetable le tributó una carretada de aplausos mientras lo llevaban a la enfermería.

Entrada: unos cuatro mil aficionados.

Antes de entrar en materia, es necesario aclarar que en estas corridas de la oportunidad (?) cuatro toreros modestos matan un toro con opción a que (si quedan bien) un jurado misterioso les conceda lidiar al quinto o al sexto burel del festejo.

Ahora sí, a lo que íbamos. El ganadero don Marco Antonio González Villa mandó a la plaza México el mejor encierro de las últimas décadas. Los seis toros fueron un ejemplo de presencia, bravura noble y clase.

Desgraciadamente, tres de los cuatro coletas encargados de lidiar a los toros tlaxcaltecas estuvieron muy por debajo del encierro. Y el otro, el pobre muchacho zacatecano Antonio Romero, iba por la senda del triunfo cuando el cuarto de la tarde le echó mano y le propinó una certerísima y muy grave cornada en el intestino recto.

Ya lo dijo el escritor taurino Carlos Castañeda en su libro sobre esta legendaria ganadería: “…el toro tiene que acometer, que embestir, pero también tiene que ser bien lidiado para desplegar con todo rigor la bravura que ha buscado el criador. Un toro bravo no siempre corre con la suerte de encontrarse con un buen lidiador o con un torero dispuesto a no regresar a casa.”

Y efectivamente, salvo el cuarto de la función, que estaba siendo muy bien toreado por Antonio Romero hasta que sobrevino la cornada, los otros cinco toros cayeron en manos de una tercia de individuos que bien harían en cortarse la coleta y dedicarse a las labores propias del hogar.

Del primer espada, “El Chihuahua”, diremos que es un clown hecho y derecho. Pero hay payasos con mucho más valor y oficio. Desperdició impunemente al que abrió plaza, un toro espléndido que embestía con alegría y humillaba que era un contento. Igual o peor estaría en el cuarto, al que mató merced al percance sufrido por Romero. En el quinto, mismo que le fue regalado por vaya usted a saber qué individuos, su actuación fue patética, punto.

Juan Fernando dio una cátedra de falta de oficio y gran temor, pasando las de Caín frente al segundo, otro excelente bicho que en otras manos se hubiera ido sin orejas al destazadero. Los adjetivos lamentable y catastrófico definen con justicia su labor.

Mario Aguilar, el tercer espada, no es ni la sombra de lo que fue. Su falta de decisión y sus dudas dieron al traste con sus dos toros (tercero y sexto). Los gritos de ¡Toro, toro! Le acompañaron toda la tarde. Diremos en su descargo que en su primer turno logró pegar un ramillete de buenos naturales, pero eso fue todo.

Antonio Romero fue el único que se quedó quieto y entendió al bravísimo cuarto de la tarde. Bien estuvo el muchacho zacatecano con el capote y con la muleta, templando y aguantando. Fue una verdadera tristeza ver cómo, en un descuido, se llevó un tabaco muy serio. Ojalá se reponga pronto y las empresas le tomen en cuenta.

El verdadero y único triunfador de la corrida fue el ganadero. Marco Antonio González fue sacado al tercio con mucha fuerza después del quinto toro. Pero ahí no quedó la cosa, al final del festejo, el público conocedor le obligó a dar una apoteótica vuelta al ruedo. Muy pocas veces en la historia del toreo se ha visto a un criador de bravo recorrer el anillo sin la compañía de algún torero o sin que a sus pupilos les hubieran concedido algún reconocimiento oficial, como la vuelta al ruedo, el arrastre lento o el indulto. El fervor popular, la máxima autoridad en las plazas de toros, fue la razón del merecido homenaje al pundonoroso ganadero de Tlaxcala.
La Fiesta, afortunadamente, sigue teniendo momentos de grandeza. Y esos seis toros de Piedras Negras quedarán para siempre en la memoria del aficionado, por bravos, nobles y guapos.



jueves, marzo 16, 2017

Sobre una estocada


Esta es una estocada de verdad, metido en la misma cuna y no saliendo por un lateral como acostumbran algunos "laureados". La foto es de 1927 el diestro Manolo Martínez, que no lo confundan con Manolo Martinez Ancira, pues en esto del toreo apodos y nombres se repiten sin cesar a lo largo de los años, y los siglos, asi pues, Manolo Martinez Solaz "El tigre de Ruzafa".

Antonio Román

Es importante observar que el estoque está ya hundido hasta la empuñadura y el coleta apenas está empezando a vaciar, a pasar, a salir de la reunión. Todo lo contrario de lo que estamos acostumbrados a ver tarde tras tarde. Claro está que para matar trasero y caído (o a medio lomo y de un bajonazo) es menester no arriesgar mucho o ser demasiado precavido. Bonita época ésta, en la que abundan como moscas los toreros cautelosos y/o demasiado prudentes.”

Gastón Ramírez

martes, febrero 21, 2017

Los antitaurinos, un coctel de miedo e ignorancia (Gastón Ramírez Cuevas)


En estos momentos hay una buena cantidad de individuos que escudados en una falsa bondad intentan prohibir todo lo que a ellos les parce malo, cruel o despreciable. Entre ellos están los enemigos de la fiesta de toros. Los antis son unos beatos hazañeros que por falta de información y de valor civil arremeten contra la tauromaquia como si en este país no hubiera otras problemas más serios y más apremiantes.

Es fácil hablar de la “barbarie” taurina y denostar a los que van a las plazas de toros cuando se ignoran muchas cosas. Cuando se ignora de dónde procede la piel de los zapatos, la carne de las hamburguesas y cochinitas pibil. Es fácil pensar que el campo no existe, que todo mundo vive en ciudades; negar que el horror real está en los mataderos y en las granjas de pollos, borregos y cochinos. Es gratificante pensar que el león pastará un día con el cordero en una realidad gringa y hollywoodense. Es bonito pensar que la muerte no existe; que la cultura de la tauromaquia es un invento de gente zafia que odia a los animales.

Afortunadamente, el aficionado a la Fiesta entiende todo, comprende las virtudes de las cosas sublimes, la inutilidad de los discursos, la lenta y terrible degradación de los mundos, de la cual nadie podrá escapar. Y a pesar de ello, el aficionado entiende también la maravillosa voluptuosidad de los sentidos, cuando estos conspiran para enseñarle a los hombres el placer y la terrorífica belleza del Arte.

Para el anitiaurino común y corriente, el heroísmo, la generosidad y el sacrificio no tienen cabida en su mundo postmoderno y color de rosa. Por eso jamás leerán al filósofo galo Francis Wolff, quien dice claramente que el toreo es maravilloso porque: “El torero sabe estar, porque sabe ser torero, es decir, aguantar. No ceder, no ceder terreno frente a la adversidad, frente al miedo, frente a la muerte, pero sobre todo hacerlo con desapego, lo más cerca del toro, lo más lejos de sí mismo.”

Para el antitaurino, el animalismo es mejor que el humanismo, y por ende el ser humano no es superior a los animales. ¡Ojo! el aficionado a los toros es el menos ajeno al sufrimiento animal, por eso celebra un rito pleno de vida y muerte, pero con lealtad y respeto. 

Sin embargo, no todo lo que pregonan los talibanes del abolicionismo taurino está mal pensado. El día que no tengamos que comernos a los animales, el día que la muerte sea cosa del pasado y que el mundo sea de nuevo el Paraíso Terrenal, las corridas de toros deben forzosamente dejar de existir.

Mientras llega esa fecha tan feliz y deseada, habría que entender que, entre otras cosas, la tauromaquia sirve para enseñarle al ser humano pensante que a la hora de la verdad no se puede ni se debe voltear la cara, tal y como lo demuestran los toros bravos y los toreros pundonorosos cada tarde y en cada plaza.


Gastón Ramírez Cuevas en México Aztecas y Toros


lunes, noviembre 28, 2016

FERMÍN RIVERA Y SERGIO FLORES: ¡TOREROS GRANDES! (Gastón Ramírez Cuevas)

El encierro de El Vergel no fue nada memorable. Pero, como quizá dijo alguna vez el inefable Pepe Moros, hoy hubo dos toreros y muy pocos toros. Hay un par de toreros mexicanos que son lo mejor que se ha visto en el Planeta de Tauro en décadas. Se llaman Fermín Rivera y Sergio Flores. Estos dos coletas están –hace ya varios años- demostrando que con un poco que les ayuden los toros, ellos pueden lucir y triunfar con la verdad como bandera.

Gastón Ramírez – Aquí la crónica completa-

Fotos: Aplausos

Sobre la tarde de la confirmación de Ginés Marín en México

La mejor noticia en mucho tiempo fue la confirmación de alternativa de Ginés Marín. El muchacho de Jerez de la Frontera estuvo enorme en su primero. Memorables fueron la verónicas sin enmendar y la serpentina. Luego, con la muleta, Ginés demostró un sitio, un aguante y una clase que convencieron a todo el cónclave. El toro era tardo y se agarró al piso, pero cuando hay voluntad y sitio eso es lo de menos. Si el imponente morlaco tenía veinte pases, esos fueron exactamente los que le pegó Marín, reposado, ganándole siempre el paso al astado y luciendo como si llevara diez años de alternativa y no sólo seis meses. El valor seco y el temple estuvieron presentes en grandes naturales y hasta en las joselillinas. La estocada de por sí valía la oreja, pero el cretino del biombo no cedió ante la mayoritaria petición. Aquí no se premia a los que lo merecen ¡faltaba más! Estamos esperando a los embusteros de siempre para regalarles orejas por bailar un minué con sus escogidas musarañas.
Vino el segundo turno de Gines Marín y a pesar del frío polar y la ventisca, nadie se había movido de su localidad. Hubo ahí tres verónicas de recibo que hubieran sido coreadas por el mismísimo don Luis Castro “El Soldado”. El quite por saltilleras le puso los pelos de punta a más de uno. Tristemente el toro no llegó con entusiasmo a la muleta, y pese a la porfía del andaluz todo quedó en la esperanza de volverle a ver pronto.

(…)
Los cabales salieron del coso máximo contentos por haber visto una señora corrida de toros y por haberse emocionado con un torero de verdad, Ginés Marín. 

Las fotos son de Aplausos

martes, abril 12, 2016

Y vendrán tiempos peores

Mientras no salga por toriles una buena cantidad de toros que no permita errores ni excesos de confianza a los toreros; mientras veteranos diestros como El Cid sigan medrando porque no la pasan tan mal en la cara de sus enemigos, y mientras sólo una tarde de toros entre dos mil consiga llenar de sentido nuestras cortas vidas, esto se seguirá poniendo cada vez peor y los aficionados añoraremos desde el retiro, como dice Javier Marías: “los viejos tiempos imperfectos pero menos tristes

Gastón Ramírez en la crónica del festejo celebrado el lunes en Sevilla

lunes, febrero 01, 2016

México: Lleno absoluto y tres orejas que supieron a poco

Gastón Ramírez Cuevas.- Domingo 31 de enero del 2016. Décimo sexta corrida de la temporada de la Plaza de toros México. Toros: tres de Los Encinos, primero, cuarto y sexto; desiguales de presencia y juego. Mansos en conjunto. Tres de Fernando de la Mora, segundo , tercero y quinto, pero éste último fue devuelto por su supuesta falta de trapío. A los dos que se pudieron lidiar les aplaudieron en el arrastre. Uno de Xajay, que hizo quinto bis. A ése le armaron gran bronca en el arrastre.
Toreros: José Tomás, a su primero le despachó de gran entera un poco trasera: oreja protestada y salida a los medios.Al tercero de la tarde le despenó de un pinchazo en lo alto, casi media y tres golpes de descabello: al tercio con fuerza tras aviso. Al quinto bis le mató de dos pinchazos y entera: bronca al toro y silencio tras aviso.
Joselito Adame, al segundo de la función le atizó un pinchazo aliviándose, otro parecido, un tercero al pulmón y uno más abajo, antes de un bajonazo en forma: silencio tras aviso y palmas al toro. Al cuarto le pinchó una vez antes de dejar una estocada desprendida: silencio. Al sexto lo recibió a ley, le descabelló de igual forma y le cortó dos orejas con división.
Todos esperábamos más, y al decir todos, me refiero a los casi 45,000 parroquianos que llenaron hasta la bandera el embudo de Insurgentes. Pero fallaron los toros, cosa nada rara en el planeta del toro desde que Dios existe.
Muchos papanatas advenedizos y de aluvión se quejaron amargamente con pitos e insultos durante todo el festejo: esos son los que pagaron entradas carísimas en la reventa y que nunca habían estado en el coso ni habían visto a los dos espadas. Si usted palma con miles de pesos, es usted un badulaque y quiere ver que se corten dieciséis rabos y una carretada de orejas. Para efectos de los microcéfalos, la corrida fue a todas luces un timo.
José Tomás, el más pundonoroso y caro de todos los toreros, se jugó la vida como los buenos en su primero. Su enorme valor ante un toro que le prometía la voltereta y se la dio en dos ocasiones espeluznantes, dejó bien claro que le de Galapagar es un fuera de serie. Quedan para el recuerdo los naturales sin enmendar, templados y largos, y un doblón espléndido. Mató como sólo él lo hace: a ley. Pero algunos chuflas pensaron que la estocada había sido defectuosa (¡anteojos para todos!) y le negaron la vuelta al ruedo oreja en mano.
Mejor estaría José Tomás Román Martín en le tercero, al que le pudo hacer por momentos el toreo de cante grande. Hubo siete pases con la zocata en los medios de enrome dimensión, incluyendo un natural que todavía no se acaba: esos muletazos valieron todos los boletos de toda la vida. Lástima que el toro se rajó y que el gran Tomás no pudo matar como quería.
La cosa se le complicó mucho al de Galapagar en su último turno. Los toristas de garrafón (esos cretinos que piensan que están en Bilbao o en Céret) le pitaron tanto al de don Fernando de la Mora -éste fue devuelto-; sólo para que saliera al ruedo un bicho muy carente de trapío que enardeció más los ánimos. José Tomas abrevió y se fue al burladero de matadores bastante desconsolado. Ahí quedó su actuación, enorme para los que algo chanelan, y rácana para los que de esto entienden lo mismo que de física cuántica.
Joselito anduvo bastante regular en su dos primeros, sacando a relucir el “código postal” un tanto pueblerino y toreando siempre de perfil. Sus absurdos martinetes (vulgo, revoltinas) fueron el leitmotiv de sus acelerados trasteos al segundo y al cuarto de la tarde. Además mató fatal, cosa rara en él.
Pero en el que cerró plaza, el de de Aguascalientes estuvo enorme. Se enfrentó al toro más serio del encierro y pudo demostrar por qué es la figura mexicana que tanta falta nos hacía. Las zapopinas del quite fueron formidables, ceñidas y templadas.
Después de brindar el toro a José Tomas, José Guadalupe Adame Montoya se dedicó a torear de verdad, templando, aguantando y dando el paso adelante. No faltaron los naturales de gran calado, ni las dosantinas reales, ésas que pegaba el Lobo Portugués (Manolo Dos Santos). Cada pase fue completado y cada cite fue a tiempo y en la distancia. Joselito se encunó y mató en la suerte de recibir, y aunque el morlaco precisó de un descabello (como todos los toros rajados), la gente pidió la oreja. Jamás sabremos las razones por las cuales el juez concedió dos trofeos velocísimos, pero de hecho, Joselito –numéricamente, que no en calidad,- volvió a mojarle la oreja al más grande de todos, como lo hiciera en Nîmes allá en el 2007.
Cito ahora al gran Jean-Pierre Darracq, el “Tío Pepe¨, espléndido revistero francés: “La fiesta brava es una de las ilustraciones más características del casticismo. Se sustenta en dos obligaciones concurrentes: la bravura del toro y el desprecio que el torero puede tener por su propia existencia.” Hoy faltó toro, y eso es achacable a los que se visten de luces, llámense José Tomás o Joselito Adame. No obstante, valió la pena estar en la plaza más grande y cómoda del mundo y verla llena hasta el reloj.

martes, diciembre 15, 2015

Sobre Fermín Rivera (Gastón Ramírez Cuevas)

Cuando el aficionado ve a un torero que se entrega con valor, que torea largo, seco y templado, completando todo y con un trazo rondeño envidiable, vuelve el fervor popular y se piden las vueltas al ruedo. Eso pasó hoy con Fermín Rivera, el sobrino de Curro Cumbre y nieto del maestro Fermín Rivera, protegido de Armilla El Grande.
Fermín no tuvo suerte con sus toros, ambos carecían de fuerza y bravura, mas ahí estaba un coleta que jamás vende espejitos ni cuentas de vidrio. El matador potosino nos regaló quites por fregolinas, chicuelinas modernas, trincherazos, lasernistas, cambios de mano, y tremendos muletazos aguantando y gustándose. Le hablo a usted, querido lector, de lo que es el temple y el toreo sin trampas; le quiero describir el calvario de un torero que pide un toro bravo y repetidor, no un bovino lastimero.
¿Qué es la elegancia? ¿Qué es la maestría? ¿Qué es el sitio? ¿Qué es el pundonor? ¡Pues lo que nos da Fermín Rivera cada tarde! Hay que verle cargar la suerte y pasarse al toro por la faja sin mancharse el vestido. Decía el gran Félix Borrell Vidal (F. Bleu para los entendidos): “Pero como el momento era hermoso, era emocionante, y no entraba en él para nada la astucia ni la mentira, sabía siempre a nuevo y nadie se cansaba de admirarlo.” Y eso lo decía de don Luis Mazzantini: ¡Cuánto le hubiera gustado a don Félix un tipo como Fermín, que tiene percha de figura y las mismas cualidades!
Foto: : Aplausos
Aquí la crónica completa de  Gastón 

México: Fermín toreó, Luque se alivió y Sergio porfió

lunes, noviembre 30, 2015

México: Urdiales al tercio y orejas de guardarropía para El Payo (Gastón)

Gastón Ramírez Cuevas.- Domingo 29 de noviembre del 2015. Séptima corrida de la temporada de la Plaza de toros México. Toros: Seis de Barralva, desigualmente presentados, cinco se escobillaron de lo lindo. No salió uno bravo, todos fueron débiles y mansitos.
Toreros: Federico Pizarro, al que abrió plaza lo mató de media caída y tendida: al tercio sin fuerza. Al cuarto le pasaportó de dos pinchazos y fue pitado levemente después de un aviso.
Diego Urdiales, al segundo de la tarde le asestó tres pinchazos en lo alto y una casi media que bastó: silencio. Al quinto le pegó un bajonazo artero y certero: al tercio.
Octavio García “El Payo”, al tercero le metió una buena entera y le cortó una oreja protestada. Al que cerró plaza se lo quitó de enfrente con estocada defectuosilla (tres cuartos, trasera y tendida). Le dieron una oreja que no fue pedida por la mayoría del respetable. Entrada: Mala, quizá unos doce mil paganos.
Esta ha sido una de esas tardes en las que uno hubiera querido ver ciertos toros frente a otro torero. De tal modo, a Urdiales le hubiera convenido cualquier otro lote, no el que sorteó. El de Arnedo estuvo torerísimo, pero ninguno de sus bichos le permitió mayor lucimiento. Fiel a su tauromaquia pura, Diego se entregó y logró arrancar los olés más serios de la tarde. Ahí queda su trasteo al quinto. Ése de Barralva fue interesante porque tuvo algo de genio y porque Urdiales le plantó cara, logrando muletazos aislados de gran valía.
El castaño no regalaba nada, pero ahí había torero caro. La faena fue para conocedores por sus momentos de trazo limpio y largo, por la exposición y la sapiencia. Mas al triunfador de Bilbao le hace falta el toro bravo, esa especie que está en peligro de extinción, aquí y en China.
Así le fue también en el segundo de la tarde, un animal aplomado y muy agarrado al piso, si me vale usted, querido lector, la tautología. Quedándose, aguantando y mandando, Urdiales estuvo por encima del de Barralva, pero la cosa no podía ser de cante grande.
Vayamos a lo hecho por el primer espada. Pizarro nos sorprendió en el primero por su disposición. Pudo sacarle al cornúpeta varios muletazos de muy buena factura, aunque no hubo ligazón. El toro se dejó, pero el coleta capitalino se embarulló bastante. En el cuarto Federico anduvo zaragatero y lejano. La gente le pitó y le gritó : ¡Toro! Desgraciadamente con razón, pues el morlaco era noble y quería que le hicieran fiestas.
El tercer espada, El Payo, fue el supuesto triunfador del festejo. Cortó dos orejas que en realidad valen una a medias. No por eso dejaremos de asentar que estuvo valiente y firme, templando bastante en el tercero de la tarde. El conjunto de su labor en ése supo a poco, quizá por los execrables martinetes y por agarrarse de las costillas del astado. Mató decorosamente y afloraron pocos pañuelos que el juez vio triples; cosa que bastó para que Octavio cortara una orejita.
Peor anduvo la cosa en el sexto. El toro fue bueno y tuvo su puntito de casta, pero El Payo le ahogó de continuo para aliviarse. Cuando el cónclave estaba casi del lado del toro, el diestro queretano se buscó dos volteretas de aúpa. Salió ileso y la gente ya no se metió con él. Hay orejas baratas y ésa.
Pérez Reverte, el padre del célebre capitán Alatriste, alude en su última novela a algo que llama: “…el disparate irreemplazable.” Puede que se refiera a la Fiesta en México. Hablamos de un numerito dominical en el que faltan toros de continuo, reses que nos dejen ver quién sirve para esto y quién no. Urdiales está más allá del bien y del mal porque es un torero de verdad, los otros deben irse buscando la vida por otros derroteros, como la burocracia o el sacamuelismo. Y de los ganaderos “de bravo” ni hablar: cada domingo estamos más lejos del toro fiero, fuerte, serio y alegre.
Foto: Javier Arroyo para Aplausos


lunes, noviembre 16, 2015

El toreo eterno de Diego Urdiales y Fermín Rivera (Gastón Ramírez Cuevas)


Toros: Uno de Fernando de la Mora para rejones, bravo, chico, y aplaudido en el arrastre.
Seis de Bernaldo de Quirós, desiguales en presentación, mansos, bobos, débiles y descastados. El tercero de la lidia ordinaria y el sexto fueron pitados en el arrastre.

Toreros: Alejandro Zendejas a caballo: palmas.
Diego Urdiales confirmó la alternativa. En su primero mató de un pinchazo caído y tres golpes de descabello: vuelta al ruedo clamorosa. A su segundo lo despachó de dos pinchazos y tres cuartos: palmas.
Fermín Rivera. Al tercero del festejo lo pasaportó de una entera y un par de descabellos: palmas tras aviso. Al segundo de su lote le pinchó una vez y luego cobró una gran entera a toro parado: oreja protestada.
Fermín Espinosa “Armillita IV”, a su primero le asestó un pinchazo, un metisaca y casi media: pitos tras aviso. Al que cerró plaza se lo quitó de enfrente con una entera caída y trasera: pitos.
Entrada: unas once mil personas.

Diego Urdiales es un gran torero y así lo entendieron todos los aficionados que se dieron cita en el embudo de Insurgentes. Ahí queda su faena memorable al toro de la confirmación. El bicho tuvo nobleza y unas treinta embestidas buenas. Diego toreó como él sabe, con toda la verdad y la elegancia del mundo. Su trasteo muleteril tuvo todo: entrega, clase, naturalidad, muletazos completos y valor del bueno. El coleta riojano carga la suerte en todo momento y nunca da el pasito atrás. Si a eso usted le añade esa torería sin igual, estamos hablando del máximo exponente del toreo verdad. Los derechazos y los naturales en un palmo, templados hasta más no poder, consintiendo al toro, arrancaron unos olés capaces de ponerle la piel de gallina al más pintado.

Urdiales es el torero favorito del Faraón de Camas, y eso no es ninguna baba de perico. Viéndolo torear recordé una anécdota que define al menudo torero de Arnedo de pies a cabeza. Al maestro Antonio Bienvenida le preguntaron: ¿Qué es el empaque? Y él contestó: ¡Es la majestad, y esa sólo la tiene Antonio Ordóñez! Pues por ahí andan los tiros. Fue una lástima que pinchara a su primer enemigo y que el segundo de su lote no tuviera un pase, pero la gente lo ha adoptado ya como el torero más importante que ha venido de España en los últimos años.

Fermín Rivera no le anda muy a la zaga a Urdiales, posee el valor, el temple y la honestidad que tanta falta hacen hoy en las plazas. Con la verdad por delante, el sobrino de Curro Rivera le hizo una faena de muchos quilates a su segundo, un animal cojo y reservón. Fue prodigioso ver el arrimón con clase que se pegó el diestro potosino. Dándole todas las ventajas al bicho, Fermín le sacó al morito muletazos largos, templados y enteros en tablas, en la mínima distancia. Para mí la oreja fue merecida, para otros no, pero lo que se ve no se juzga.

El respetable quisiera ver a Diego y a Fermín con toros bravos, porque aquello sería el no va más. Si nuestro empresario fuera listo...

El tercer espada del cartel, Fermincito Armilla, estuvo muy mal. No se puede venir a La México a aliviarse de continuo. Le tocaron dos reses anovilladas que colaboraron bastante, pero el nieto de Armilla El Grande no tiene ni hambre ni vergüenza.
Tampoco tiene muchas ganas y el cerebro le funciona a menor velocidad que las zapatillas. Este niño tiene todavía dos tardes firmadas en la temporada ¡lo que nos espera!

Total, en esto del toro hay gigantes y pigmeos, Diego Urdiales y Fermín Rivera son de los primeros, el pobre Armillita IV es de los últimos.
Foto: Tadeo Alcina para Aplausos

lunes, diciembre 01, 2014

Sobre la encerrona de Zotoluco en la Plaza de Toros México


Toros: Seis de diversas ganaderías. En orden de aparición en escena: Marrón, Garfias, Jaral de Peñas, Montecristo, Xajay, y Fernando de la Mora. El único con apariencia de toro y algo de bravura fue el de Jaral de Peñas. Los demás fueron bastante mansos y débiles, por no mencionar su falta de cara.
(...)
No se esperaba gran cosa de la encerrona del “Zotoluco”, un torero tan corto, pero cabía la esperanza del milagro, del toreo serio y ceñido, de algún toro que le exigiera al matador la demostración de sus legendarios oficio y valentía. Pues no, no hubo nada positivo, sólo el tedio coagulante del toreo moderno, la falta de ética y pundonor, y los “toros” a modo.

Gastón Ramírez Cuevas- Aquí la crónica completa -

Foto: Tadeo Alcina para Aplausos

jueves, noviembre 06, 2014

Ante el comunicado de ANOET

Pues no nos hagan el favor de quedarse, estimados roedores. Si el barco se estuviera hundiendo de verdad, todos sabemos que ustedes serían -por tradición, esencia y estirpe- los primeros en abandonarlo.

Gastón Ramírez 

Nota: les enlazo al Comunicado de ANOET

lunes, agosto 04, 2014

Sobre la novillada de De Haro en La México


Pregunto a mi buen amigo Gastón Ramírez Cuevas por la novillada de De Haro en La México y me envía estas lineas:
La novillada fue excelente pero los novilleros estuvieron muy mal. Karla de los Ángeles cortó el solitario apéndice porque la gente quería que por lo menos ese animal de bandera se fuera sin una oreja. Pasó lo de siempre, el toro bravo puso a todo mundo en su lugar. Ninguno de los de De Haro era el diablo, pero tampoco eran tontos; nobles si, pero bobos no. De hecho hubo momentos de peligro debido a la enorme ineptitud de la terna (1). A esos bichos, ciertos novilleros de verdad les cortan mil orejas y doce rabos. Un abrazo.

(1) En el cartel junto a Karla de los ángeles estaban Miguel de Pablo y Sergio Garza