En este lugar jamás entrarán las fundas. “Nunca se nos ocurriría poner fundas. Dolores nos las aguantaría . El otro día, en un coloquio, me preguntaron qué pensaba sobre ellas. Estaba junto a dos amigos mayorales que trabajan en ganaderías donde se utilizan. ¿Qué quieres que les diga? No puedo decir que estoy en contra y echar tierra a los colegas que las ponen… Respondí que sólo podía hablar sobre aquello que sabía y hacía, y que jamás me había planteado la cuestión de su utilidad. Un aficionado le preguntó entonces a uno de mis colegas si pensaba que las fundas son un afeitado disimulado, una manipulación. Escapó de allí como pudo y, al final, me dijo: Fíjate, el gilipollas, la pregunta que me ha hecho. ¿Qué tendría que haberle contestado? ¿Qué efectivamente las fundas son una manipulación y que no se da cuenta ni de eso? Pero no podía darle la razón al aficionado en público, eso no se hace entre compañeros. Además, con o sin fundas, los toros se estropean de la misma manera, y las cornadas internas son peores. Si se hacen las cosas bien, las fundas sobran. Aquí, los cercados son inmensos, sin una sola piedra. El piso es blando y los toros cavan agujeros donde entran enteros. El problema son los cercados demasiado pequeños. Éste tiene diez hectáreas y cuatro toros. Están siempre juntos. Pero si se pelean, el vencido sale corriendo y puede esconderse lejos. Mientras que en un cercado chico no hay solución: los otros lo perseguirían hasta cargárselo. ¡Éste es el primer punto importante! El segundo es que hay ganaderos que tienen los toros por capricho, como si tuvieran un canario o un perrito”.Vía: Tierras Taurinas Opus 10 dedicado al encaste Atanasio
Foto: Las Ventas
