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viernes, enero 13, 2017

"¡Eso es un toro, eso es un toro!"

Al final de la corrida, una conmoción recorrió los tendidos. Pienso que todos teníamos un nudo en la garganta. El toro, que ya había sido aclamado por su trapío al saltar a la arena, se resistía a morir de la estocada, su casta le aferraba a la vida, pugnaba por embestir. Antonio Rojas, que ya tenía ganado el triunfo, permanecía arrogante, junto a aquella cabeza de exposición, dos guadañas aceradas, que había sabido salvar en 30 pases de escalofrío. Entre la ovación restallante, surgió entonces de los magníficos aficionados de la andanada del 8 el clamor que ponía en lo alto la bandera de la verdad de esta fiesta y magnificaba el triunfo del torero: «iEso es un toro, eso es un toro!». Al instante, toda la plaza, ¡toda!, repetía el grito: «¡Eso es un toro, eso es un toro!». Tres matadores modestos, tres matadores que no tienen ni oportunidad de vestirse de luces, le echaron ayer el valor de salir al ruedo de Las Ventas a ponerse delante de una corrida de toros muy seria, tanto como se ha venido pidiendo; una de esas corridas de toros que, según dicen los del «bunker», no existe; una corrida de toros que ni por casualidad remota ha pasado por los corrales de la plaza en esos desfiles de reses a docenas que intentan trampear las figuras para sorprender la buena fe de aficionados, veterinarios y autoridad.
Joaquín Vidal ( de la crónica de la corrida celebrada en Las ventas el 27/5/1976. Toros deLuciano Cobaleda para Dámaso Gómez, El Puno y Antonio Rojas)

martes, octubre 25, 2016

El toro de Madrid

Allí estaba el toro de Madrid, que es, sencillamente, el toro de trapío, que hasta puede ser terciado, como los de ayer. Toro rematado, con las proporciones y la seriedad propias de sus años y del tipo característico de la ganadería, con la casta que es el atributo fundamental de su especie . Luego será bravo o manso, boyante o complicado, como ayer, que hubo de todo. Pero si tiene trapío y casta, ahí hay toro, y la afición lo aplaude, y cuanto ocurra durante la lidia adquiere un mérito singular.”
Joaquín Vidal en una crónica de 1987 escrita bajo el título de "¡Viva la fiesta"! 

“El público de Madrid -queremos decir, los aficionados- tiene preferencia por el toro y lo exige. Entiéndase, el toro de lidia, encastado y con trapío. No el toro grande, sino serio, bien armado, bien hecho y con la envergadura correspondiente a su encaste
.”
Joaquín Vidal
Foto: Juan Pelegrín 

martes, junio 16, 2015

Manolo Escudero


El maestro Escudero toreó en las décadas de los años 40 y 50, y destacó por su acusada personalidad tanto como por su condición de estilista con el capote. En la plaza solía mantener una gallarda apostura, por supuesto pletórica de torería, que a veces rayaba en la afectación. Pero todo ello se transmutaba en inspirada naturalidad cuando mecía el lance a la verónica.

Joaquín Vidal

miércoles, julio 09, 2014

" A este han dicho que es de otra galaxia y al parecer se lo ha creído" (Joaquín Vidal)

Dejemos las cosas como están. Dejemos a Tomás con sus corriditas amañadas, hoy con dos comparsas, mañana con un rejoneador, pasado con los enanitos toreros, al otro con el Charlots y el Llapisera, acompañado cansinamente de todos esos conversos que le siguen en triste procesión por los pueblos de España, como a una Juana la Loca del antitoreo; dejemos a Tomás con su sustancioso Paquiro y no mezclemos con él la memoria de Vidal, que siempre fue un aficionado, que nunca fue un taurino, que fue un hombre con sentido del humor, ajeno a conciliábulos y taurineos. Den el premio Joaquín Vidal a Miura, que es lo que él hubiese votado y déjense de monsergas. En el pecado llevan la penitencia.

José Ramón Márquez - Aquí el artículo completo

Nota: Esto viene a raíz de que José Tomás ha rechazado, vía whatsapp, el premio Joaquín Vidal

miércoles, mayo 28, 2014

Un toro de casta brava

Un toro de casta brava: ¡menudo acontecimiento! Un toro de casta brava como el que saltó al ruedo venteño a eso de las siete y media de la tarde, es la sensación, el acabose, un valor del que apenas quedaba memoria, un tesoro recuperado de lo recóndito, un vendaval de sensaciones llegado de la noche de los tiempos. Embestir el toro de casta brava tan pronto plantó su pezuña en el redondel, y ya vibraba la plaza entera, reviviendo aquel estremecimiento singular y aquella emoción intensa que conformaban el ambiente habitual de las corridas de toros en todas las épocas, creando una afición numerosa, fiel y apasionada por esta fiesta exclusiva llamada del arte y del valor.
El toro de casta necesitaba, naturalmente, un torero en plaza, y lo hubo en la corrida ferial. Fue César Rincón, que le presentó pelea con el ardor y la entrega propios de un novillero principiante. 

Joaquín Vidal - "Un toro de casta brava" El País (8/6/1994)

Foto: Campos y Ruedos

martes, marzo 04, 2014

¡Y eso no es torear!



"Sin cargar la suerte, el toro entra y sale por donde quiere; y no, ha de ser por donde quiera el torero. Hoy, los muchachos, como no cargan la suerte, dejan al toro tan fresco después de 50 pases; ¡y eso no es torear! El toro, después de cargarle la suerte en 8 o 10 muletazos, ha de acabar hecho una birria"

Domingo Ortega  ( Joaquín Vidal;  "Domingo Ortega, la ciencia de parar, templar y mandar")

Fotos: " El mejor fue Curro Puya (Foto 1). Y entre los de la posguerra, Antonio Bienvenida( Foto 2)" Domingo Ortega

lunes, marzo 03, 2014

Sobre Manolo Cortés

Lo que podemos contar nosotros, en cambio, es una faena inolvidable, construida con inteligencia, ejecutada con la más acabada técnica, interpretada con arte.
Acabó con Dámaso, acabó con todos. El público valenciano estaba fuera de sí. Por los naturales y los derechazos limpis, largos, de impecable remate; por los hondos pases de pecho, por la verticalidad relajada del torero, que había sometido a la fiera y la traía y llevaba a su antojo, se diría que ajeno al rugido de aquella plaza puesta al límite del paroxismo, pues continuaba desgranando pases al ritmo cadencioso que imponía no la conmoción del graderío, sino el arte de torear; por aquel andarle al toro, con garbo, para cambiarle el terreno y engarzar una nueva tanda de muletazos, otra vez de bellísima ejecución. Nunca en toda la feria se había producido semejante clamor: «Torero, torero, torero!»
Joaquín Vidal (Crónica de la terde de los miuras en Valencia el 1/8/1978
Foto: Botán: Corresponde a una faena de Manolo Cortés en Madrid

miércoles, enero 29, 2014

Sobre el argumento que suelen emplear los responsables de la injusticia

El argumento que suelen emplear los responsables de la injusticia es así de sibilino: De acuerdo; Raúl Sánchez puede con los toracos, pero en cuanto le sacas uno de almíbar, al estilo de los que utilizan las figuras, no sabe qué hacer con él y fracasa. Lo cual es el colmo del cinismo, puesto que la proposición hay que hacerla exactamente al revés: son las figuras las que están obligadas a torear el toro con fortaleza, edad y en puntas, no Raúl Sánchez el torucho del fraude.
Porque, caramba, ¡vaya cobaledas, y menudo el garciarromero que salió en sexto lugar! 

lunes, enero 27, 2014

Francisco Ruíz Miguel

 Los victorinos por sí solos, sin los lidiadores adecuados, no hubieran generado gran espectáculo, por supuesto. El espectáculo se producía en el primer tercio si había un torero que supiera plantear la lidia de forma que los toros dieran la caba medida de su bravura y fortaleza. Para fortuna del ganadero y de la propia fiesta, esos toreros surgieron de inmediato y se conviertieron, también ellos, en favoritos de la afición madrileña. Primero fue Andrés Vázquez, aún en timpos predemocráticos; luego, Ruiz Miguel. Con este último torero la Plaza de Las Ventas conoció tardes heroicas de indescriptibles emociones. El valor y la capacidad dominadora de Ruiz Miguel llegaron a ser asombrosos. -sigue en el blog Dominguillos-

Joaquín Vidal


Vía: @Ivancolomer

sábado, noviembre 23, 2013

Sobre El Espartero

La afición madrileña no consideró a El Espartero diestro capacitado para alcanzar las primeras líneas del toreo, pues se le advertían muchos defectos, tanto técnicos como artísticos, y algunos revisteros de la época destacan su torpeza tanto para dirigir la lidia como para reconocer las condiciones de los toros y acoplarse a ellas. Sin embargo poseía un valor desmedido, y la emoción de sus alardes temeriarios, que el público valoraba en su justa medida, lo convirtieron en un diestro muy popular. Sufrió muchos percances en los cosos y su cuerpo estaba surcado por hondas cicatrices de más de una treintena de cornadas. Un amigo -cuentan sus coetáneos- le preguntó por qué seguía toreando, si casi siempre resultaba cogido, a lo que respondió con la frase famosa: "Más cornás da el hambre".

Joaquín Vidal

sábado, junio 08, 2013

Un toro de casta brava visto por la afición y por las "figuras"

Un toro de casta brava: ¡menudo acontecimiento! Un toro de casta brava como el que saltó al ruedo venteño a eso de las siete y media de la tarde, es la sensación, el acabose, un valor del que apenas quedaba memoria, un tesoro recuperado de lo recóndito, un vendaval de sensaciones llegado de la noche de los tiempos. Embestir el toro de casta brava tan pronto plantó su pezuña en el redondel, y ya vibraba la plaza entera, reviviendo aquel estremecimiento singular y aquella emoción intensa que conformaban el ambiente habitual de las corridas de toros en todas las épocas, creando una afición numerosa, fiel y apasionada por esta fiesta exclusiva llamada del arte y del valor.
 El toro de casta necesitaba, naturalmente, un torero en plaza, y lo hubo en la corrida ferial. Fue César Rincón,(...)
Joaquín Vidal (Un toro de casta brava


La ganadería de Baltasar Iban, en esta primavera de 2011, entrevé el final de su travesía por el desierto iniciada el día después al triunfo de César Rincón frente a Bastonito: demasiado bravo, demasiado áspero, demasiado duro, a pesar de su exigente toreabilidad, Bastonito provocó el abandono de las figuras y condenó a la ganadería a los carteles de segunda fila, mientras que si hubiera sido lidiado medio siglo antes, la habría puesto en primer plano. Por culpa de esta victoria pírrica, un ciclo de grandeza terminaba para dar paso a un período ingrato, precipitando a la manada al gueto de las corridas toristas, donde la ganadería tuvo que aprender a sobrevivir lejos de los éxitos que su creador había imaginado para ella. […] Juzgados como demasiado duros, los contreras de Iban fueron destinados entonces a los “especialistas”.
Tierras Taurinas (Opus 13 dedicado al encaste Contreras) 

Foto: Campos y Ruedos

Nota: esta tarde Urdiales, Juan Bautista y David Mora lidiarán la corrida de Baltasar Ibán.
¡¡¡SUERTE!!!

lunes, abril 15, 2013

Crónica de la de Cuvillo

(...) los toros, que sacaron un fuerza inusual en estos tiempos (para empezar, ni se caían) y además esa casta brava que parecen haber borrado los taurinos de la genética del ganado bravo.
Los aficionados sospechan que si siempre salieran los toros con esa presencia, esa entereza y esa casta, la mitad del escalafón se retiraba o, si no, los ponían firmes. A la parte superior del escalafón se refiere el barrunto.
Toreros con pundonor y valentía harían falta para lidiar esos toros encastados. Y resulta que los había en la plaza.
(...)

Esto es un pequeño extracto, el resto se puede leer en este enlace

jueves, noviembre 15, 2012

" Seriedad en las caras, presencia pavorosa, agresividad. Y casta"

La del domingo pudo ser, y en muchas cosas fue, la corrida de la feria, en cuanto a la presentación y el comportamiento del ganado. Salieron los cobaledas como para dar un síncope al mismísimo Frascuelo. Toros con cuajo y hondura, pechos y culatas poderosos, y por delante, un armamento que hacía temblar el misterio. Toros de fachada antigua, escapados de las estampas de La Lidia (esa joya que nadie ha sabido igualar, aunque poder se puede, puesto que los canales de información y las artes gráficas se han perfeccionado tanto). Toros de una vez, y además, en conjunto, parejos. Seriedad en las caras, presencia pavorosa, agresividad. Y casta. Me río de tanto canto como se ha hecho a aquel hierro, y al otro, y al otro, porque tenían movilidad, aunque tres toros de aquél salían de los caballos pegando coces y los demás aceptaban las varas, los del otro se caían más o menos (más bien más), y los del otro tomaban las telas como borregos. Movilidad, casta, también genio, emoción y presencia por igual tremenda, poseyeron de sobra los correosos cobaledas de don Luciano, que además cumplían bien en varas, aunque ninguno pudo calificarse como bravo, pues cuál después de tomar un primer puyazo de largo y con entrega absoluta, en los siguientes acababa saliéndose de la suerte, cuál cabeceó el peto, cuál se quitó el palo.
Joaquín Vidal (Crónica de la corrida de Luciano Cobaleda en Las Ventas, en el cartel José Fuentes, Galloso, y Gabriel Puerta, que confirmaba) 
 Vía: el añorado blog "Taurofilia"

"¡Eso es un toro, eso es un toro!"

Al final de la corrida, una conmoción recorrió los tendidos. Pienso que todos teníamos un nudo en la garganta. El toro, que ya había sido aclamado por su trapío al saltar a la arena, se resistía a morir de la estocada, su casta le aferraba a la vida, pugnaba por embestir. Antonio Rojas, que ya tenía ganado el triunfo, permanecía arrogante, junto a aquella cabeza de exposición, dos guadañas aceradas, que había sabido salvar en 30 pases de escalofrío. Entre la ovación restallante, surgió entonces de los magníficos aficionados de la andanada del 8 el clamor que ponía en lo alto la bandera de la verdad de esta fiesta y magnificaba el triunfo del torero: «iEso es un toro, eso es un toro!». Al instante, toda la plaza, ¡toda!, repetía el grito: «¡Eso es un toro, eso es un toro!». Tres matadores modestos, tres matadores que no tienen ni oportunidad de vestirse de luces, le echaron ayer el valor de salir al ruedo de Las Ventas a ponerse delante de una corrida de toros muy seria, tanto como se ha venido pidiendo; una de esas corridas de toros que, según dicen los del «bunker», no existe; una corrida de toros que ni por casualidad remota ha pasado por los corrales de la plaza en esos desfiles de reses a docenas que intentan trampear las figuras para sorprender la buena fe de aficionados, veterinarios y autoridad.
Joaquín Vidal ( de la crónica de la corrida celebrada en Las ventas el 27/5/1976. Toros de Luciano Cobaleda para Dámaso Gómez, El Puno y Antonio Rojas)
Foto: Toro de Luciano Cobaleda de 1979 (vía Recortes y Galleos)
A esta crónica también se hace referencia en el Opus 17 de Tierras Taurinas dedicado al encaste Vega-Villar

lunes, octubre 22, 2012

César Rincón ante un toro de Murteira

"En una época en la que a cualquier cosa se le llama torear, cuando aparece un torero y se lleva el toro al platillo, y le da distancia al objeto de que desarrolle la combatividad propia de su casta brava, y le adelanta la muleta, y el toro de casta brava, al verla allí, descarada y retadora, se tira a matarla, y el torero para la fogosa embestida templándola, y obliga al toro a que se reboce en la pañosa conduciéndolo en derredor de su cintura, y remata dejando adelante otra vez la muletilla para que el toro desahogue su codicia y continúe embistiendo sin solución de continuidad, al público que contempla sernejantes lances le hace el efecto de que son magia pura, y se asombra, se enardece salta de sus asientos, corea oles, pierde la noción del tiempo y del espacio, conmocionado por extrañas sensaciones. Es lo que sucede siempre que un torero torea un toro y exactamente todo eso es lo que sucedió en la faena de César Rincón al sexto de la tarde”.
Joaquín Vidal  (en la crónica de la corrida  22 de mayo de 1991 en Las ventas)

La muleta "planchá" (Joaquín Vidal)


Le pidieron a Antoñete que pusiese la muleta planchá, para que se viera. No es que Antoñete la fuese a poner arrugá sino que su forma de torear, al ortodoxo estilo -que demanda muleta planchá, ofrecer el medio pecho, cargar la suerte- - es lo que esperaba del veterano maestro la afición. "¡Ponga la muleta planchá, rnaestro!", se oyó gritar en el tendido. Y fue el maestro y la puso como para perpetuarla en bronce.

Nota: Añado esta cita de Alfonso Navalón:
"Para torear bien lo más importante es la colocación». Mientras Antoñete y Rincón hacían estas cosas tan sencillas y tan verdaderas, una falsa generación de figuras jóvenes inventaron el citar al hilo del pitón o, para colmo de la mentira, con la muleta y la pierna retrasadas." 

miércoles, mayo 30, 2012

Sobre el tercer puyazo (Joaquín Vidal)


Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no.
-En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina - se suele decir.
De manera que siendo fundamental el tercio de varas, los tres puyazos son imprescindibles para conocer la bravura del toro y para que el ganadero pueda efectuar su selección con suficiente conocimiento de causa
Joaquín Vidal

jueves, abril 12, 2012

Sobre Joaquín Vidal

Escribe de Purísima y Oro. Les copio el inicio (bueno, casi todo el post)
He conocido críticos. Mitos aparte (Alfonso Navalón y otros). Casi todos hacían gimnasia de barra de bar, malabar con la cartera, genuflexión, lametazo y glorificación del postulante. Jamás les vi pagar una entrada. Matan por un callejón y su segundo de gloria. Juntar las letras o poner la voz en cualquier garito para hacer gratis el deporte de ir de plaza en plaza. Ninguno espléndido. Muchos roedores de burladero y manguito, empequeñeciendo a la fiesta. Joaquín Vidal era literatura. Dominaba el periodismo taurino desde una tribuna literaria y profunda. Dominaba primero el lenguaje. Escribía. Dominaba la materia. Y era honrado con todos los haces de luz capotera que atravesaban sus cuadriculadas lentes de pasta. La muleta planchá fue un poemario.  Leerla hoy resucita a Antonio Chenel Antoñete y la magia de aquel día.  (  Sigue...)

martes, abril 10, 2012

La afición conspicua recuerda a Joaquín Vidal (Paz Domingo)

Les enlazo y copio el inicio post de Paz Domingo:
A mi maestro
Después de diez años de la ausencia de Joaquín Vidal nos queda la pura nostalgia. Es un momento triste, es cierto, pero el recordatorio al maestro de la crítica taurina sigue intacto en nuestra afición, trasformando nuestro desconsuelo en inmensa gratitud. Seguimos siendo leales a Joaquín Vidal, a la verdad de los toros que transcribió en magia, circunstancia que fue entendida a la perfección por la afición conspicua –como él definió en una genialidad de las suyas- y tan denostada por un luctuoso estamento taurino. (Sigue)
Foto: Gilles Gall