Mostrando entradas con la etiqueta Manili. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manili. Mostrar todas las entradas

jueves, febrero 09, 2012

La hora de los valientes (Mariano Pascal)

Escribe Mariano Pascal en ferideltoro.net. Les enlazo y copio el final:
Sería deseable, que, antes de Sanfermines, llamen a la puerta nuevos toreros “en ascenso”. No hablamos de matadores estetas, ni artistas de cimbreante cadera. Hablamos de diestros capaces con las corridas duras. Matadores corajudos que ocupen el sitio libre y que, si se tercia, puedan darse una vuelta a España sin ocupar portadas de suplementos. Lo que ahora es ficción, dentro de seis meses puede ser un hecho. No olvidemos aquel año de Manili, no fue hace tanto.
Nota:
-les enlazo a una crónica de Joaquín Vidal sobre una corrida de Miura en Las Ventas 
-Les enlazo a una crónica de Joaquín Vidal sobre una corrida de Miura en Bilbao, en la que podemos leer sobre Manili el siguiente texto:
triunfó con todo derecho. Y, de paso, pudo enseñar al público la diferencia abismal que hay entre torear un toro y pegarle pases a un borrego.

miércoles, febrero 11, 2009

Los Pablo Romero salieron mansos pero eran toros de lidia (Joaquín Vidal)

Publicado en el PAÍS / Sevilla - 1.5.1982
Los Pablo Romero salieron mansos pero eran toros de lidia
JOAQUIN VIDAL

Llevábamos una racha descorazonadora y preocupante de reses inútiles, descastadas y sin temperamento, cuando el toro de lidia ha vuelto a La Maestranza, con el hierro de Pablo Romero.Y además, apenas puede creerse, en corrida televisada, lo cual, ya se sabe, es garantía de aburrimiento. Bien venida sea la excepción. Pues es el caso que los Pablo Romero, sin ser bravos, e incluso con abrumadora mayoría de mansos, tenían el comportamiento propio del toro con casta, que ofrece pelea, plantea problemas, soporta los tercios de la lidia. Con toros hay emoción, hay interés, y naturalmente, todo esto, y más, proporcionaron los Pablo Romero de ayer. Lo cual consignamos con particular satisfacción, ya que esta es una divisa cargada de historia, aderezada de leyenda, que había entrado en decadencia. Corridas de Pablo Romero, a salvo escasas excepciones, transcurrían últimamente con fracaso estrepitoso. Unas veces, porque las reses se caían; otras, por su descastado comportamiento; en ocasiones, por ambos motivos a la vez. Los Pablo Romero de ayer, que tenían ese aparatoso trapío propio de la casa, ofrecieron juego variado, desde el boyante comportamiento del tercero a la mansedumbre declarada de los dos últimos.
El toro manso, lo hemos repetido insistentemente durante la feria, admite un toreo de recursos al margen de los dos pases que ha impuesto la rutina, y además tiene emoción y belleza. Manili no lo supo aplicar al manso jugada en quinto lugar, quizá pues él, y casi, todo el escalafón, lo desconoce. Por ejecutar esos dos pases, hubo de perseguir a la fiera por medio ruedo y no consiguió lucimiento. Los dos primeros toros de la corrida resultaron broncos, y tanto Ruiz Miguel como Manili, en sus respectivos turnos, estuvieron con ellos valientes y corajudos; aguantaron parones, sortearon tarascadas y una vez librado el derrote volvían a pisar el peligroso terreno del animal. Sus faenas transmitieron la lógica emoción y el público las aplaudió con justicia. El tercero tenía menos agresividad y fuerza, pero embistió con nobleza y la supo aprovechar Pepe Luis Vargas en una faena muy bien construida en su primera mitad, valerosa y pulcra. La inició con ayudados por alto, ganando terreno, y continuó con series en redondo con la suerte cargada, muy bien rematadas, con cambios de mano que ligaba con el de pecho. Luego dejó que el toro se le fuera a tablas, y fue un error, pues no pudo instrumentar el toreo al natural, ya que el Pablo Romero se le escapaba siempre a su querencia. Mató defectuosamente Vargas y perdió la oreja; no el calor del público, que le aplaudió con fuerza en la vuelta al ruedo. El sexto tomó con gran estilo y poder el primer puyazo, en el que llegó a derribar, pero a continuación cantó su mansedumbre con despavoridas carreras cuando sentía el castigo. Ruiz Miguel, asumiendo su papel de director de lidia, bregó mucho y bien para llevarlo al caballo. El presidente cambié precipitadamente el tercio, por lo que el toro se quedó sin picar y en banderillas era un vendaval. Ante la sorpresa general, Pepe Luis Vargas brindó al público. No era, evidentemente, toro de lucimiento. No pudo fijarlo en las dobladas, y cuando intentó redondos y naturales, muy sereno siempre, el manso se le iba suelto. La voluntad de agradar, sin embargo, fue evidente y muy meritoria.
Hasta el sobrero se comportó como toro e incluso parecía más toro aún, a pesar de su bronquedad y mansedumbre. Demostró poder en varas y a la muleta llegó probón e incierto. Ruiz Miguel repitió su habilidad para librar tarascadas y lo liquidó con brevedad.
El espectáculo no se puede decir que ofreciese resultados brillantes, pero fue, de principio a fin, lo que habíamos ido a ver: una auténtica corrida de toros con todos sus méritos y virtudes
Nota: el artículo, como la foto de Belmonte con un ejemplar de Pablo Romero, nos la remitido el amigo Pgmacías
Nota1: Enlazo a la página de la Asociación el Toro de Madrid . "Homenaje a Joaquín Vidal"

miércoles, febrero 27, 2008

Sobre Manili (Lupimon)

Copio el comentario de Lupimon:
Otro de los grandes … pero para los aficionados. Los taurinos no hicieron más que ponerle zancadillas y echarle a los leones, debido, precisamente, a su pundonor, entrega, torería y VALOR.
Aunque cortó una oreja el día de su alternativa en Sevilla el 24/abril/76 y ocho días después desorejó a dos miuras en la misma plaza, no confirmó hasta dos años más tarde (18 de mayo, dos vueltas al ruedo en el de confirmación) y tuvo que esperar hasta el 88 para ser reconocido como el gran torero que fue. Ese año organizó auténticos líos con los miuras en Sevilla (oreja el 24/4), Madrid (17/5, dos orejas y Puerta Grande), Pamplona (14/7, tres orejas y Puerta Grande) … . y no sólo con miuras que en Madrid, ese año, también salió por la Puerta Grande con los del Puerto de Pan Lorenzo (5 de Junio) y ¡ojo al parche! para que se compare con los festejos de ahora en verano: después de salir a hombros dos tardes en San Isidro, se anuncia ¡ahí queda eso! con Antoñete y Curro Romero el ¡3 de Julio! (Antoñete y Manili , una oreja).
En fin, habría mucho que hablar de este torero y comparar con los figurines actuales, pero no me resisto a decir que, de Miura, mató unas 30 corridas y todas o casi todas en plazas de responsabilidad … 4 en el 88 (entre ellas Sevilla, Madrid y Pamplona), 7 en el 89 (Sevilla, Pamplona, Bilbao …), igual en el 90 y también esas tres plazas, 5 en el 91 (Sevilla, Madrid, Pamplona …), 2 en el 92 y el 93 (Sevilla, Madrid …) ¿comprenden ustedes por qué le llamaban El Tigre de Cantillana? Y, aburrido y desilusionado, se tuvo que marchar en el 95 ¡que injusticias!LUPIMON

martes, febrero 26, 2008

Una entrevista a Manili- Joaquín Vidal- (el papa negro)

Manili: "Mi ambición es tener cartel de hombre"
"Muchas noches dormía en el peto de un caballo de picar"
JOAQUIN VIDAL - Valencia - 15/08/1988
Es torero de vocación, pero le gusta más ser hombre de campo, en el que empezó a trabajar de muy niño, y aún sigue. Manuel Ruiz Manili, figura del toreo desde hace sólo un par de meses, al tiempo que satisface su vocación torera y se emborracha de gloria, guarda las ganancias como una hormiguita para resolver su futuro y quedarse siempre en el sevillano pueblo de Cantillana, que le vio nacer, crecer, vivir, sufrir, triunfar, y donde quiere morir. "Yo me tengo que morir en Cantillana", dice Manili y, dicho, un pensamiento fugaz le turba, porque es consustancial al torero la incertidumbre de la muerte. Desde que tenía 20 años lucha por el éxito, y han tenido que pasar 16 para que le llegue, acompañado de fama y dinero millonario cada tarde que se viste de luces. Temporadas atrás apenas tenía contratos. Ahora los elige, y puede decirle "no" al empresario de la Maestranza, que en la feria de abril solía "echarle a los leones" o, sencillamente, le dejaba en la calle.
Muchos días con sus noches ha pasado Manili trabajando los campos de la vega de Cantillana, por ganar dinero, y ahora que el dinero le viene abundante de la liturgia torera que abrazó con fervor catecúmeno, se da cuenta de que no sólo era por eso, pues el campo es su vida. Tenía nueve años cuando hacía oficio de la guarda de cochinos, y a pocos más ya era destripaterrones, peón, pastor, campirano, vaquerizo... No hay oficio de ganadería y cultivo que no haya practicado. "Habré yo echao algodón en esta vida?", resume Manili sus trabajos en las ricas tierras cantillaneras. Y no lo dice ni con ironía ni con rencor, pues si pudiera, allí estaría cada día, con los animales de labor y los aperos, sin manijero ni apenas cuadrilla siquiera, para escallar, acaballonar, ahijar, herrar; y la cosecha, y la crianza. Y en los pocos ratos libres, subir a la sierra, vista de lince, parada la escopeta, suficiente el morral, a por el venado. Pero no puede, ha de torear, su otra vocación y su mística. Ha de torear sin pausa, pues le viene la gloria y le llegaron los contratos millonarios.
Pregunta. Las salidas a hombros por la puerta grande de Las Ventas, el pasado mes de mayo, le convirtieron a usted en figura y se supone que, como cualquier torero en su caso, exigió una subida sustancial en sus honorarios.
Respuesta. Algo así, claro, pero sin abusar. El dinero es necesario y para ganarlo nos jugamos la vida, aunque no sólo es eso. ¿Quiere usted creer que me han criticado por lo contrario? Después de aquellos éxitos fui a la feria de Badajoz y teniendo el máximo cartel, era el torero que menos cobraba. Me aconsejaban: pide más o no vayas. Y eso no es así: la corrida de Badajoz la apalabré antes de lo de Madrid, y yo no iba a faltar a mi palabra. Porque el cartel de torero es importantísimo, pero aún es más importante el cartel de hombre. Desde que tuve uso de razón, me fijé tres o cuatro ambiciones y una de ellas es esa. Quien no tiene palabra, no es hombre. Y siempre he cumplido mi palabra, igual en esta época que cuando era peón.
P. ¿Pasó estrecheces en su juventud?
R. Estrecheces, sí; necesidad o hambre, nunca. Éramos una familla de trabajadores del campo, y cada día nos ganábamos el sustento y un modesto bienestar. Nunca nos faltó de nada, porque mi padre trabajaba mucho, mi madre era una mujer extraordinaria llevando la casa y cuidándonos a todos, y los chicos enseguida nos pusimos a echar una mano.
P. Se supone, entonces, que hubo de dejar pronto los estudios.
R. ¿Dejarlos? La verdad es que casi ni empecé. Mi madre me acompañaba hasta la puerta del colegio, que se llama Los Escolares, y yo entraba, pero salía por una ventana de atrás. A veces, en el poco rato que estaba dentro, no dejaba bombilla viva.
P. ¿Rompía bombillas? ¿Por qué?
R. No sé; me gustaba hacer puntería con los cantos y oirlas estallar de la pedrada. Reconozco que era un travieso de aúpa. El maestro le decía a mi madre: 'Carmen, yo no puedo con Manili; a ver si lo domas tu'. Y ella respondía: '¿Qué quieres que haga, que lo mate?'. Así que ni estudios ni nada. Lo que sé, lo he aprendido en la vida, de ver y escuchar. De leer, menos, aunque últimamente le estoy cogiendo gusto.
P. Se hizo torero a los 20 años, pero han pasado 16 sin que pudiera vivir del oficio. ¿Cómo se las ha arreglado todo ese tiempo?
R. No he tenido problema. Soy muy trabajador y muy ambicioso. Trabajar no me cansa y además me gusta, qué quiere que le diga. Creo que es preciso ganar dinero, y donde veo un duro, allá voy. Cuando trabajaba en la finca del ganadero Martín Berrocal, hacía dos peonás: terminado el tajo, cogía el tractor y me ponía a empacar alfalfa, y al mismo tiempo tendía cepos para conejos, que luego vendía a los restaurantes de Cantillana. El jornal se lo entregaba, íntegro, a mi madre; los extras, me los quedaba yo. Así que, dale que te pego hasta una de la madrugada, no me merecía la pena ir a casa, que está lejos de la finca, para volver de amanecida. De manera que me echaba a dormir en la alquería sobre un peto de los caballos de picar, que hay allí para los tentaderos. Lo mismo he ido a coger maíz con el cogollo en pie, a pleno sol del verano y luego a echar el remolque, que a la aceituna en invierno, que a sembrar patata o apartar toros. Hace cuatro años compré un terreno cerca de Cantillana, y yo mismo, con estas manos, lo limpié de hierba y forraje, roturé, sembré, y me da cosecha. También metí vacas que compré a Martín Berrocal. Y, además, trataba ganado, toreaba lo que podía, organizaba festivalitos.
P. Con tanta actividad, llegaría, incluso, a tener ahorros.
R. Sí, dentro de lo que cabe. Soy previsor, por lo que pueda pasar. ¿Y qué puede pasar? Pues, por ejemplo, mi hermano mayor me dijo que quería casarse pero necesitaba una vivienda. Y yo voy, hago así, y digo: toma el dinero que vale. Cuando se casó mi hermana, más pequeña, le hice un gran regalo. Somos una familia muy unida. Falta mi madre, que murió hace años, y la echo mucho de menos. Qué cosa más grande es una madre ¿verdad? Mi hermana, que es un monstruo, de puro buena y hacendosa, me cuida como si fuera su hijo. Este cariño que nos tenemos, es lo más maravilloso del mundo.
P. Y ahora, el triunfo y los contratos millonarios, ¿le harán cambiar de vida?.
R. Qué va. Mire, no quiero, de momento, ni mersede, ni finca de recreo, ni lujos. Voy a comprar cosas productivas, hasta que con ellas resuelva mi vida. Entonces viviré, como ahora, en Cantillana, trabajando el campo, criando ganado, y allí es donde voy a morir. ¿Divertirme? Bueno, como todo el mundo, pero sin chulería. Siempre he sido una persona sencilla y tranquila, y no voy a cambiar. Lo que más me gusta es conversar de toros sosegadamente, con gente que sabe de esto; principalmente con los maestros Marcial Lalanda, Pepe Luis Vázquez o Pepín Martín Vázquez. E ir de cacería. Por cierto: el único capricho que he comprado es lo último en fusiles: dispara unas balas como para matar elefantes.
P. ¿Hay muchos elefantes en Cantillana, Manili?
R.Pues así, de momento, aún no he visto yo ninguno por allí.

viernes, febrero 22, 2008

Todos los honores para el gran Manili (Joaquín Vidal)

Este es otro de los artículos que nos manda el papa negro.
Todos los honores para el gran Manili
JOAQUIN VIDAL
- Madrid - 18/05/1988

Ya habían encendido los faroles en la explanada de Las Ventas del Espíritu Santo cuando la puerta grande de la plaza de toros Monumental empezó a vomitar una multitud estremecida. Hombres, mujeres, niños y militares sin graduación salían en procesión, enfervorizados, mirando con ojos crepusculares a lo alto, donde llevaban en volandas, con todos los honores, ¿a Santa María de la Cabeza? ¿a San Isidro Labrador?, no, a Manili, a Manili llevaban en volandas, al nuncio de la nueva era taurómaca, trompeta matutina de otro orden torero, precursor de la redención de la fiesta.
San Manili, hasta anteayer legionario del toreo, modesto tumbatoros, modesto, desde ayer figura, símbolo, mito, a quien los sacerdotes ya hacen sitio en el altar de tauro entre otros vencedores del dragón y restantes fuerzas del mal, uno de ellos El león de la Isla.
Hubo dos fuerzas del mal, Miuras, que quisieron someter a martirio a Manili, seguramente abrirlo en canal, y Manili se descubrió el pecho, las retó, "¡No me causan pavor vuestros semblantes esquivos!," y sin dejarse arredrar por los guadañazos de sus astas, obligó, sometió, apabulló; una vez y otra, por la astas derechas, por las izquierdas, arrogante entrambas. Al final, cuando el último Miura ya se volvía loco de perseguir y no hallar mártir, y los fieles del templo-catedral se sentían abatir por la angustia, de los retos hizo alarde Manili y obligaba al Miura a pasar, a girar, a volver, por donde quiso, cuantas veces quiso, hasta rendirlo. Y lo que se temió holocausto hubo de ser triunfo, y ya el beaterío se afana en renovar ramos, planchar holandas, poner palomillas en aceite para que esté hermoso el hueco que le reservan a san Manili en el altar de tauro.
Ruiz Miguel, león de la Isla, pasó similares trances y también alcanzó la victoria. Su primer Miura parecía imposible, pero no lo era para el corazón y la sabiduría de Ruiz Miguel, que se jugó la vida, hasta obrar el prodigio de que ese Miura perverso acudiera donde, como, cuando imponía sumando. Con el otro Miura aún arriesgó mucho más, porque se frenaba en la suerte, iba al bulto, no paró de derrotar su cornalona cabezota. Tanto exponer y sufrir, Ruiz Miguel, león de la Isla, se ganó el cielo, y naturalmente nadie le va a mover la peana del altar que tiene ocupado por derecho propio.
Lo de Miura cayó a los infiernos por manso, por descastado, por peligroso, a salvo el bravo y el noble. Cuán distinto este acíbar de ayer, para modestos y mártires, a la bombonería que envió en la Maestranza -otro templo votivo- para Espartaco, figura egregia. Claro que la Virgen lo ve todo y a quienes se midieron con lo infernal en Las Ventas la afición los llama toreros con todos los honores, mientras al privilegiado, ya se verá."
Nota: La fotografía, está tomada de Campos y Ruedos.

jueves, febrero 21, 2008

Románticos anónimos (II): Manili (el papa negro)

¡Aúpa, Manili!
FERIA DE BILBAO
JOAQUIN VIDAL - Bilbao - 23/08/1987
Aguirre / Ruiz Miguel, Ortega, Manili
El público, harto de toros inválidos, de lidia ridícula, de toreros cursis, estaba con Manili. "¡Aúpa, Manili!", le animaba, cuando salió a medirse con el sexto de la tarde, el más grande de la corrida, el único que no se cayó, el único que recibió tres puyazos en regla, el único que embestía. El toro era manso pero Manili es bravo y salió a los medios con el grande-fuerte-manso-embestidor toro, se cruzó y se embraguetó, mandó en los redondos, ciñó los de pecho. Por unos instantes, Manili mandaba en la situación y en el toreo y no se habría cambiado por el emperador de la China."¡Aúpa, Manili!", aclamaba el público y lo mismo habría podido aclamar "¡Aúpa la fiesta!", esa, la del sexto toro, único toro con el único torero de la tarde. Manili, despertado en Las Ventas de un largo letargo, víctima del injustificado olvido de las empresas, había llegado a la feria bilbaína por la puerta falsa, de sustituto, a pechar con el lote de más trapío de la corrida. Y como es torero, allá penas si no tan artista como otros, allá penas si ajeno a politiqueos de despacho y remilgos, triunfó con todo derecho. Y, de paso, pudo enseñar al público la diferencia abismal que hay entre torear un toro y pegarle pases a un borrego.

martes, julio 10, 2007

De cuentos chinos, Manilis, Rafaelillos y artistas

Escribe Antonio José. Copio una lineas:
Los cuentos chinos son variados y todos graves en la corriente de opinión taurina actual: toreros artistas, toros colaboradores, toros a contraestilo, toreros honestos, torismo, torerismo, grandes ideas abstractas y generales con una cosa en común: son falsas y están haciendo mucho daño.(...)