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viernes, abril 29, 2016

" El único insulto para el toro es la compasión"

"El único insulto para el toro es la compasión."
José Bergamín

Otro deber que tenemos para con los animales es el de respetar su propia naturaleza: considerar al gato como un animal afectuoso, al perro como un compañero fiel, y al toro bravo como un ser …bravo, es decir como un ser que debe vivir libremente y morir combatiendo porque es naturalmente agresivo e indomable. La ética a la que responde la muerte del toro bravo se resume en la fórmula: “más vale morir luchando que vivir de rodillas”

Francis Wolff

miércoles, julio 01, 2015

¿SON TORTURA LAS CORRIDAS DE TOROS? -Francis Wolff -


 Calificar las corridas de toros como “tortura” se ha convertido en un eslogan corriente para los militantes de la causa antitaurina. Todo detractor serio de la fiesta de los toros tendría que avergonzarse de semejante ofensa. Salvo que se acepte traicionar el significado de las palabras. ¿Qué es torturar? Es hacer sufrir voluntariamente a un ser humano indefenso, ya sea por puro placer (cruel o sádico), ya sea para obtener algún beneficio como contraprestación de ese sufrimiento (una confesión, una información, etc.). Por estas cinco razones, las corridas de toros se oponen radicalmente a la tortura.
 [1] Las corridas de toros no tienen como objetivo hacer sufrir a un animal La tortura tiene como objetivo hacer sufrir. Que las corridas de toros impliquen la muerte del toro y consecuentemente sus heridas forma parte innegablemente de su definición. Pero eso no significa que el sufrimiento del toro sea el objetivo – de hecho no más que la pesca con caña, la caza deportiva, el consumo de langosta, el sacrificio del cordero en la fiesta grande musulmana o en cualquier otro rito religioso. Estas prácticas no tienen como objetivo hacer sufrir a un animal, aunque puedan tener ese efecto. Si se prohibieran todas las actividades humanas que pudieran tener como efecto el sufrimiento de un animal, habría que prohibir un importante número de ritos religiosos, de actividades de ocio, y hasta de prácticas gastronómicas, incluyendo el consumo normal de pescado y carne, que implica generalmente estrés, dolor e incomodidad para las especies afectadas. Las corridas de toros no son más tortura que la pesca con caña. Se pescan los peces por desafío, diversión, pasión y para comérselos. Se torean los toros por desafío, diversión, pasión y para comérselos.
 [2] Las corridas no tendrían ningún sentido sin la pelea del toro 
Torturar a un hombre, e incluso a un animal, es hacerlo sobre un ser con las manos y los pies atados, y, en cualquier caso, privado de la posibilidad de defenderse. Y eso, no solo no sucede en la lidia sino que además sería contrario a su sentido, su esencia y sus valores. La palabra corrida procede de correr: es el toro el que debe correr, atacar y por tanto pelear. Lo que interesa a los aficionados es, primero, y para muchos sobre todo, la pelea del toro. Lo que da sentido a la lidia es la acometividad del animal, su peculiar manera de embestir, de atacar o defenderse, es decir su personalidad combativa. Sin la lucha del toro, su muerte y las diferentes suertes del toreo carecerían de valor. Si el toro fuera pasivo o estuviera desarmado, la lidia no tendría ningún sentido. De hecho, no sería una corrida sino una vulgar carnicería (y por tanto no habría razón alguna para hacer de ella un “espectáculo”). Por ejemplo, las reglas de la ejecución de la suerte de varas tienen como principio director que el toro acometa al picador y vuelva a hacerlo, motu proprio. Debe embestir una y otra vez sobre su adversario alejándose de su propio “terreno” natural, que es el lugar donde se siente más seguro porque nada le amenaza. Durante toda la suerte debe tener la posibilidad de “escoger” entre la huída o la pelea. Por decirlo de manera más directa, la ejecución de la suerte de varas tiene como principio que la herida del animal sea el efecto de su instinto combativo y la consecuencia de su propia pelea. ¡Esto es justamente lo contrario de la tortura!
 [3] Las corridas de toros no tendrían ningún sentido sin el riesgo de la muerte del torero
Torturar a un hombre, e incluso a un animal, no es únicamente hacerlo sobre un ser sin posibilidad de defenderse, es hacerlo con total tranquilidad y sin asumir el más mínimo riesgo. ¿Somos capaces de imaginar un torturador herido o matado por su torturado? Evidentemente, no. Entonces el sentido, la esencia y el valor de la corrida descansan sobre dos pilares: el primero es la lucha del toro que no debe morir sin haber podido expresar, de la mejor manera, sus facultades ofensivas o defensivas (argumento [2]); el segundo pilar, simétrico del primero, es el compromiso del torero, el cual no puede afrontar a su adversario sin jugarse la vida. Ninguna corrida tendría interés sin ese permanente riesgo de muerte del torero. ¡De nuevo, esto es justamente lo contrario de la tortura!
 [4] ¡Si un toro fuera torturado huiría! 
 La lidia no pretende torturar a un animal indefenso, sino más bien al contrario consiste en hacer pelear a un animal naturalmente predispuesto para la lucha (de ahí el nombre de toro de lidia, ver argumento [7]). Tenemos dos comprobaciones empíricas evidentes: si se le hiciera la prueba del puyazo a cualquier otro animal (un buey o un lobo), huiría inmediatamente, puesto que la fuga es la reacción inmediata de cualquier mamífero ante una agresión. Sin embargo, el toro de lidia, lejos de huir, redobla sus acometidas. Segunda comprobación: cuando se le hace sufrir a un toro de lidia una verdadera “tortura” (por ejemplo, una descarga eléctrica como es el caso de algunas vallas electrificadas), se escapa y huye. Este comportamiento es justamente el contrario al de su reacción normal durante la pelea en el ruedo.
 [5] Hablar de tortura ¿no es confundir al hombre con el animal?
La tortura es una de las más abominables prácticas del mundo. Sea cual sea su finalidad, no puede ser nunca justificada. Llamar a cualquier cosa tortura, y especialmente hacerlo con las corridas de toros, ¿no es más bien banalizar el uso de la palabra y así atenuar la condena sin remisión de esta innoble práctica? (Y eso por no referirnos a todos aquellos que se rebajan a aludir al nazismo,… ¿no estaríamos cerca de una forma de negacionismo?). Queriendo agravar el supuesto maltrato del toro que pelea, recurriendo a una palabra destinada a impactar en la imaginación ¿no están corriendo el riesgo de hacer más benigna la verdadera tortura? Sería tanto como decir que la insoportable e interminable tortura del impotente prisionero político que se halla en el fondo de una celda, es lo mismo que la pelea de un animal bravo en el ruedo. ¿No constituye esto un auténtico insulto a todos los torturados del mundo?
Francis Wolff

Nota: Ayer mismo Pilar Rahola nos llamaba "amantes de la tortura", de ahí que suba hoy estas lineas


miércoles, junio 24, 2015

Sobre el ritual en las corridas de toros

La corrida de toros no sería nada sin su ritual. Desde el paseíllo inicial hasta las mulillas que arrastran el cadáver del toro, todos los actos, todos los gestos, todas las actitudes de los actores intervinientes están ritualizados y tienen su sentido.
Francis Wolff - 50 razones para defender la corrida de toros -

lunes, septiembre 26, 2011

miércoles, febrero 24, 2010

viernes, julio 18, 2008

Raúl Aranda

Escribe Francis Wolff:
Pero uno de los gestos más toreros tal vez sea el de Raúl Aranda en 1974 en Bilbao. En 1973, había sido cogido por su primer toro en el primer capotazo de recibo, uno de esos lances de rodillas un poco gratuitos y ridículos: el toro de Osborne lo había cogido de frente, había vuelto a cogerlo en el suelo, lo había lanzado por el aire como un pelele en dos ocasiones y lo había dejado inanimado en el otro extremo del ruedo, cuarenta metros más lejos. Lo habían dado por muerto, pero sólo estaba gravemente herido. Se había restablecido mal que bien y había vuelto a tomar la espada unos meses después. Volvió a ser contratado el año siguiente en la misma plaza y con su primer toro se puso de rodillas en el mismo lugardel ruedo y por fin dio enteramente el lance que o había podido acabar el año anterior. Pues bien, ¡eso es ser torero!
Francis Wolff (Filosofía de las corridas de toros)
Foto: Lucien Clergue
NOTA AÑADIDA: enlazo al post "Estoicismo" de Sol y Moscas. (gracias Ludo)

Filosofía de las corridas de toros (Francis Wolff)

Sólo decir que recomiendo su lectura.

jueves, marzo 06, 2008

"La corrida y nuestros deberes hacia los animales "( Francis Wolff )


Vale. Vale que a uno no le guste la corrida, vale que prefiera la vida de un cerdo a la de un toro bravo, y la muerte de un ternero en el silencio del matadero a la de un toro en la luz de un último combate. Vale, es la decisión y el derecho de cada cual. Pero que se atrevan a calificar de “tortura” el peligroso enfrentamiento en el ruedo es un insulto a todos los torturados del planeta. También es un flaco favor a los defensores de la condición animal que luchan contra ciertas formas de experimentación llevadas a cabo sobre bestias impotentes. Y es, finalmente, una piedra en el zapato de los ecologistas: porque pronto habría que, si se atendiera a los prohibicionistas, contar al toro bravo dentro de las especies en peligro de extinción y sustituir las inmensas dehesas donde son criados, salvajes e indómitos, por instalaciones de ganadería industrial. Si la corrida fuera algún día prohibida donde hoy está autorizada, sería ceder a un peligroso empobrecimiento del razonamiento moral: por reducción de todas las especies animales al “Animal” reducción de la animalidad a su disneylandialización, reducción de la “naturaleza” al reino de la armonía entre los pueblos y la tranquilidad burguesa, reducción de los sentimientos morales a la compasión, reducción del valor de la vida para el vivo a la ausencia de dolor, asimilación del dolor del animal –esencial para su supervivencia- al sufrimiento humano y al mal absoluto en la naturaleza.
Y sin embargo, si, claro que si que tenemos deberes para con las especies animales, y en primer lugar el de no confundirlas bajo el tapa-vergüenzas nombre de animal, que lo único que consigue es mantener la confusión: ¿quién querría tratar a su perro como a una víbora?, ¿quién querría reservar a los delfines el mismo destino que se intenta dar a los grillos peregrinos que asolan las cosechas africanas? ¿quién querría que tratemos a los toros bravos como a los pacíficos rumiantes que pueblan nuestros prados? Pero además tenemos otros deberes para con los animales, y la corrida, en lugar de transgredirlos, es en ella misma su demostración por excelencia. El primero es respetarlos como “el otro” del hombre pero no como su igual. La corrida muestra al toro como un ser al que se honra combatiéndolo y no como un ser al que se envilece abatiéndolo; pero al mismo tiempo no trata al toro como igual al hombre y es por ello que el hombre debe triunfar. Otro deber que tenemos para con los animales es el de respetar su propia naturaleza: considerar al gato como un animal afectuoso, al perro como un compañero fiel, y al toro bravo como un ser …bravo, es decir como un ser que debe vivir libremente y morir combatiendo porque es naturalmente agresivo e indomable. La ética a la que responde la muerte del toro bravo se resume en la fórmula: “más vale morir luchando que vivir de rodillas”. Es la fórmula de la bravura –la del toro en definitiva, incluso si es también de una cierta manera la que el torero tiene que hacer suya para tener el derecho de enfrentarse al toro. El tercer deber es el de respetar las relaciones afectivas y contractuales que el hombre tiene hacia las diferentes especies. Cuando no hay relaciones (en el caso de las especies “salvajes”) tenemos entonces un deber de protección de las especies en peligro, en el respeto del equilibrio ecológico. Cuando hay (en el caso de las especies “domésticas”) debemos respetar de manera leal esas relaciones, por ejemplo en el caso del perro respetar “al mejor amigo del hombre” o en el caso de la oveja la relación de intercambio, pastos contra lana, o comida hoy contra comida mañana. La especie toro de lidia no es ni doméstica ni salvaje, pero la criamos en una especie de “hostilidad familiar”. Ni amigo puesto que le combatimos ni enemigo ya que el hombre se mide con él: es el adversario. Esta ambigüedad de la personalidad del toro bravo hacia el hombre revela el doble sentido de la ética de la corrida: por un lado lucha trágica con el antagonista, por el otro lúdico duelo con el contrincante.
Porque, en definitiva, los autoproclamados defensores de los animales se compadecen de lo sufrimientos de algunos, pero ¿aman realmente lo que los animales son, lo que hacen, lo que encarnan? El que ama a los perros sabe que no les gusta la libertad individual, en el sentido humano del término, sino que prefieren la obediencia a un dueño. El que ama a los toros de lidia sabe que no les gusta nada que se les mime como animales de compañía; sabe también que para ellos el dolor que es anestesiado por la lidia y transformado en combatividad: el soldado –o ¡el torero!- olvida sus heridas en el fragor de la batalla, son absorbidas por la acción y transformadas en actos. Y como quiera que, defensores o adversarios de la corrida, tenemos que extraer nuestra argumentación en nuestra identificación con el toro, hagamos juntos la siguiente pregunta: ¿Qué preferimos? ¿Una vida encadenada de buey de labor que termina de manera pasiva en el matadero o una vida libre de toro que se prolonga en veinte minutos de valiente combate? Quizás pueda usted estar dudando… Pero si es así, si hay una sombra de duda no arroje el oprobio sobre los que prefieren la vida, el combate y la muerte del toro bravo, los que piensan que el toro tiene una de las suertes más envidiables de todas las especies animales de las que el hombre se ha apropiado para servir sus fines y que pueblan su imaginación. ¡No maten la corrida ni los toros de lidia, y respeten a los que los amamos!"
Francis Wolff, profesor de filosofía en la ENS de la Universidad de la Sorbona en París
NOTA: este texto, ahora versionado y traducido, apareció el verano pasado en el periódico francés Libération, en plena campaña antitaurina y esboza la ponencia presentada por este miembro del grupo de Notables de la Plataforma en el II Congreso Toros en el siglo XXI celebrado en el Palacio de Vistalegre.
Nota: la traducción del artículo se ha publicado en 6toros6, yo lo he copiado de la página de la Plataforma para la Defensa de la Fiesta

viernes, diciembre 28, 2007

Sobre los toros y la filosofía

Copio unas declaraciones de Francis Wolff publicadas en la Voz de Almería el 1 de septiembre del 2001

"La ética del torero Toros y filosofía.

Wolff se da un tiempo para pensar: "Son dos aspectos de mi vida distintos.Es cierto que están relacionados por lo mediterráneo; la ética del torero tiene que ver con la ética de lo antiguo, no sólo por la glorificación del valor, de la heroicidad, por la idea del hombre excepcional, sino porque, al contrario de las éticas religiosas o laicas, la ética del torero consiste en conseguir ser únicamente lo que se es.El torero está completamente unido a su oficio.Su deber máximo y su máxima cualidad es ser torero.Estamos ante un oficio que se define a partir de las esencias del propio oficio, y no al contrario.Esta ética está enraizada en la ética griega: no se trata de qué ser o hacer, sino de quién ser.Además, está la relación entre las dos caras del toreo: exponer su cuerpo al toro y su persona al público.Se trata de la ética de la exterioridad.Las plazas de toros, al ser redondas, no permiten esconder ni una parte del cuerpo.Todo está expuesto en una plaza, al igual que en los teatros de la antigüedad: exposición al público, al sol, a la herida, a la muerte.Un torero le ofrece con riesgo su alma al público y con riesgo también su cuerpo a la naturaleza, al toro".

Principio 1º: mínimo de causas para el máximo de efectos

Francis Wolff procuraba responder en un artículo a la pregunta de "¿Qué es lo que , en el toreo crea la belleza?". En ese estudio marca unos principios, en sentido descriptivo, y de ellos copio parte de lo escrito del principio "Mínimo de causas para el máximo de efectos"
"Este principio que se puede denominar principio de lo óptimo, se enuncia así: cuantos más efectos consigue el hombre, el torero, sobre el animal, el toro, y cuantos menos medios utiliza para ello, tanto más bello es el toreo resultante. Este principio se constata a todos los niveles del toreo:
1) Por lo que respeta al hombre a lo largo del desarrollo del combate:
Una parte considerable de la lidia consiste en la simple brega, o en los desplazamientos del toro necesarios para la conducción del combate: puestas en suerte, tirones, quites. Estas fases, cualquiera que sea su interés, son poco brillantes por lo general; pero a veces, inesperadamente, surge aquí un estallido de belleza, tanto más emocionante cuanto que se circunscribe a este fondo ingrato. Cuando en una sola larga por ejemplo, dada con negligencia y sin aparente esfuerzo, el torero consigue desplazar al toro quince metros y colocarlo rigurosamente frente al caballo, cuando de una simple afarolada roba al animal de la pica, como se lo hemos visto hacer a Paquirri, entonces a la eficacia de la lidia se une la belleza del toreo: no es que el gesto sea bello en sí mismo ( pues ante el espejo sería un gesto vacío), no es ni siquiera la precisión del efecto obtenido lo que genera belleza (pues podría haberse alcanzado por distintas vías), sino que se trata de la elegancia de los medios puestos en escena, elegancia que ha de ser tomada aquí en el sentido de la elegancia de una demostración matemática (el camino más corto) o de un problema de ajedrez (el simple avance de un peón que produce el mate); o, en pocas palabras, en el sentido con que se habla del desplazamiento elegante de un torero que, como Paco Ojeda, está siempre allí donde tiene que estar sin dar nunca la impresión de que allí se encuentra"
Foto: Botán.( Miguelañez a una mano en Las Ventas)