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martes, septiembre 09, 2014

Sobre La Huerta del Algarrobo


Urbanizada hoy en su totalidad, la Huerta del Algarrobo, en el número 2 de la antigua calle de La Fuente, en Gelves, fue el primer escenario donde se coció la Edad de Oro. Allí, a seis kilómetros de Sevilla y a unos 12 de La Puebla, vivió la familia de Fernando El Gallo, a quien la casa de Alba le había concedido un puesto de guardia para que pudiera mantener a su familia. Se le consideraba uno de los primeros toreros con sello artístico, de mucho repertorio y grandes conocimientos, y tuvo en su cuadrilla, nada menos, que a Rafael Guerra “Guerrita”. Pero, una vez retirado, la economía familiar no estaba para tirar cohetes. Cuando su hijo mayor, Rafael, cumplió seis años, don Fernando mandó construir una placita de toros a la vera de su casa para enseñarle todo lo que él sabía. Y mientras crecía Rafael, fueron uniéndose a las clases su hermano Fernando, y hasta el pequeño José, que con dos añitos ya estoqueaba a sus hermanos bajo la mirada del padre, que falleció ese mismo año. Con trece años, Rafael encabezó una cuadrilla de niños toreros donde ingresó un muchacho cordobés anunciado como “Reondo”, el futuro “Machaquito”. Para la gitanería de la huerta de Gelves, Rafael tenía un destino marcado: sacar a todos los Gallos de la penuria donde sobrevivían con desenvoltura. Justo antes de fallecer, en agosto de 1897, Fernando el Gallo llamó a una de sus hijas, le pidió papel y pluma, y trazó las siguientes líneas: “A mi compadre Guerrita. En la hora de mi muerte que no deje sin pan a mis hijos. Se lo pide moribundo su compadre”.

Tierras Taurinas . Opus 28 "Viaje a la marisma del Guadalquivir"

Foto: Vista de Gelves en 1899. En primer plano, Joselito -entre sus hermanosFernando y Rafael- frente a la entrada de la Huerta del Algarrobo, donde vivía con su familia. ( La razón incorpórea)
Foto: Joselito entrando a matar con su hermano mayor, Fernando
bajo la atenta mirada de su padre 

jueves, marzo 27, 2014

Armonías de Werckmeister

El ataque a los principios del tercio de varas y la diversidad de encastes, debe entenderse como una defraudación incondicional de los valores de la tauromaquia. El incruentismo y el monoencaste son atentados contra la Fiesta, ergo, son antitaurinos. Hay que tener el coraje para reconocer esta nociva y vergonzante infección, pero mucho más para denunciarla como tal.

El toreo perdurará en el tiempo no como una industria del entretenimiento. ¿Quién no ve en este argumento de la mayoría, un discurso que no resiste la menor prueba? El Cordobés actual, parodia de su padre, es capaz de llenar las plazas ternado con otros toreros de su mismo corte. ¿Alguien lo imagina también capaz de sostener socialmente a la tauromaquia, solo porque llena las plazas? ¿Qué es una plaza llena de todo, menos de los valores esenciales de la Fiesta, sino una concurrida reunión, dispuesta con tanta facilidad al olvido como las puertas grandes de Manzanares o Luque en Valencia? La voluntad del matadero, el mismo sentido de vacío y memoria.

Sin toro, nada.


Descabellos en su su post "Armonías de Werckmeister"

Foto: Machaquito. Vía Iván Colomer


domingo, febrero 23, 2014

Machaquito

"Y ahora tenemos el toro más grande y con más trapío de la historia y bla. bla, bla, "
Foto vía. Haroldo Izquierdo / José Olid

jueves, diciembre 19, 2013

Cuando la empresa de Madrid rompió relaciones con Machaquito y Bombita

En el año 1910, el empresario de la Plaza de Toros de Madrid, a la sazón don Indalecio Mosquera, rompió sus relaciones con Ricardo Torres Bombita y con Rafael González Machaquito por no avenirse aquél a ceder ante las imposiciones y exigencias de los toreros. Esa feliz circunstancia fue la que sirvió para abrir las puertas de Madrid a Vicente Pastor y a Rafael el Gallo, a quienes las intrigas de la política taurina tenían relegados.

(José Ramón Márquez en "Salmonetes ya no nos quedan)


Foto: El papa Negro,El Gallo y Vicente Pastor