Rafael Cabrera (Aquí la crónica completa)Los veraguas de Prieto de la Cal tuvieron notables y muy diferentes matices; alguno flojeó en exceso -fue devuelto el primero, un bonito castaño que apenas se tenía en pie, y quizá pudo haber seguido el mismo camino el siguiente, un feo novillote de 526 kilos, que no mostró poder alguno-, pero también los hubo encastados y con juego en el último tercio, desmintiendo el tópico de que los veraguas sólo desarrollan en el primero, viniéndose abajo en lo sucesivo. Fueron los tres de capas claras, los que estaban más en el tipo de la tradicional vacada, preciosos de lámina y con cuajo suficiente, aunque no fueran ni descomunales, ni con el peso que se acostumbra en este coso.
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martes, septiembre 17, 2013
Sobre la novillada de Tomás Prieto de la Cal en Las Ventas
viernes, septiembre 13, 2013
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