Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Vicent. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Vicent. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 13, 2013

El Toreo (Manuel Vicent)

 Antes la lidia de toros pertenecía al Ministerio de la Gobernación por motivos de orden público; ahora en plena decadencia ha pasado al Departamento de Cultura donde semejante brutalidad se codea con la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado. Incluso puede haber algún ministro del ramo que considere que hay más estética en un buen puyazo con sangre hasta la pezuña que en un verso de Machado o de Juan Ramón.
Manuel Vicent (Aquí el artículo completo

Ilustración: El Roto

Nota: El clásico artículo antitaurino de Manuel Vicent al comenzar San Isidro creo que tiene más lectores entre aficionados que entre "antis"

domingo, mayo 08, 2011

El Clarín ( Manuel Vicent)

Hoy se publica en El País la ya clásica columna antitaurina de Manuel Vicent. Copio el inicio:

Si las batallas de la cultura se ganan y se pierden primero en el campo de la estética, antes que en terreno de la moral, es evidente que la fiesta nacional, compuesta por un jolgorio alrededor del sacrificio público del toro, estéticamente ya ha perdido la batalla. Frente a la modernidad este espectáculo no aporta más que un residuo de caspa histórica, como única baza en espadas.

domingo, mayo 10, 2009

"Toreros" (Manuel Vicent)

Hoy se publica la ya clásica columna de Manuel Vicent contraria a las corridas de toros . La de este año se titula "Toreros". Copio el principio:
El arte consiste en representar plásticamente en un cuadro, como lo hizo Goya, ese momento en que el toro entra al caballo y el picador escarba con la puya en el morrillo para inferirle una herida cuya sangre le llegará a la pezuña. El arte consiste en pintar esa brutalidad, pero no en realizarla.
Nota: Creo que a la fiesta le faltan "enemigos" como Manuel Vicent y le sobran muchos, pero que muchos, "amigos"

domingo, noviembre 25, 2007

Modernos Inquisidores (el papa negro)



MANUEL VICENT :
La lidia
En una cafetería de Alexanderplatz de Berlín estoy hojeando el diario EL PAÍS. Leo en la sección de cultura la última exposición de pintura en el Guggenheim, una entrevista con Woody Allen, el éxito de un concierto de rock de los ACDC. Estas noticias encajan a la perfección con esta ciudad y con los seres que tengo alrededor, chicas galácticas, ejecutivos globalizados y marcianos con crestas de gallo. Me creo un tipo moderno con un periódico moderno en las manos que está en sintonía con los edificios alucinantes que han levantado aquí los arquitectos más modernos.
Pero, de pronto, al pasar una página me encuentro en medio de Berlín con la imagen de un toro ensangrentado, traspasado por varios hierros, con la lengua fuera, agonizando a los pies de un extraño matarife recubierto de lentejuelas y remachado en oro falso. La sensación cutre que se deriva de la sección taurina de este diario la he experimentado algunas veces en París, en Estocolmo, en Roma, en cualquier ciudad del extranjero donde esta matanza abyecta de toros en público está fuera de contexto y se atribuye a un espectáculo propio de un mundo perro.
Ahora que nos ha dejado nuestro cronista taurino Joaquín Vidal, cuya excelente literatura siempre era el mejor lance de la corrida, que en el fondo abominaba, puesto que siempre parecía pasarlo muy mal en el tendido; habiendo desaparecido también la insigne figura del fundador de este periódico, José Ortega Spottorno, que tal vez vivió encandilado por el naipe amarillo de toreros antiguos, uno se atrevería a soñar que ha llegado el momento de erradicar de las páginas de EL PAÍS, de una vez para siempre, la sección de la lidia para que el lector sensible no tenga que pasar por la humillación de contemplar, entre una sinfonía dirigida por Claudio Abbado y una conferencia de Steiner, esa morcilla acribillada y sangrante que un día fue en el campo un bello animal. Después de todo, Goya acaba de ser asignado al bando de los enemigos de la fiesta.
Por fin alguien inteligente ha montado en el Museo del Prado una exposición de su Tauromaquia con una lectura rigurosa. Goya expresó con todo su genio aquella España negra de las corridas sin ahorrar ninguna víscera, ningún vómito, ninguna crueldad, como un desastre o un aquelarre más de un país de faca y alpargata que lo aventó al exilio. En los cristales de esta cafetería de Berlín se reflejan los seres más bellos del planeta. ¿Por qué entre ellos este diario me sirve un toro ensangrentado?


CODA: ¿Porqué, si soy moderno?. ¿Porqué si se ha muerto Vidal, un taurino “malgré lui?. ¿Porqué si también ha palmado el hijo del filósofo que escribía sobre estas inmundicias?. ¿Porqué si otros finos estetas de mi cuerda han decretado a Don Paco Goya ferviente antitaurino?... ¿Hasta cuando “Catilina torero” abusaras de nuestra moderna paciencia?.
Ha llegado la hora de erradicar, de que los aficionados a la fiesta bárbara luzcan “el sambenito” y de arrojarlos del templo de la modernidad que representa este periódico.
YO, EL MODERNO INQUISIDOR: Manuel Vicent