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miércoles, mayo 04, 2016

¿Goya antitaurino? Una manipulación más (Andrés Amorós)


Goya y Picasso han dedicado a los toros una parte importante de su obra. ¿Sorprenderá a alguien que esto resulte muy doloroso para los que odian la Tauromaquia? Pero, ¿qué pueden hacer ante un hecho que no les conviene? Sencillamente, negarlo; mejor, intentar darle la vuelta: en realidad ?pueden decir?, Goya y Picasso odiaban los toros, los pintaban justamente para demostrar que eran algo bárbaro, cruel y salvaje. Si cuela, cuela...
Ése es el sentido que tiene la exposición que, con motivo de los doscientos años de la «Tauromaquia» de Goya, acoge ahora la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: se mezclan los grabados de Goya con fotos del Ku-Klus-Klan, un vídeo de cornadas de toreros («La venganza del toro»), la tumba de seis toros «asesinados», un vÍdeo en que un cantaor pide perdón a un toro y otras obras antitaurinas. (Aunque la entrada es libre, he visitado la exposición yo solo). En la presentación, se han dado titulares nada sutiles: «Los toreros son psicópatas», «Goya es el primer antitaurino»...
Leamos a don Enrique Lafuente Ferrari, uno de los más grandes historiadores del arte español, que fue académico y delegado de esa misma Calcografía: «Los toros cobran en la total obra de Goya una tal importancia que no cabe explicarla por ninguna circunstancia histórica, sino por pura inclinación personal» (Cossío: «Los toros», II, p. 738). Lo corrobora Álvaro Martínez Novillo: «Lafuente Ferrari, en su magnífico y documentado trabajo... dejaba definitivamente estudiada la Tauromaquia de Goya» («Los toros», VII, p. 338).
Resulta que no... Las obras de arte no son teoremas matemáticos, cada uno puede interpretarlas como desee. Pero quedan los testimonios biográficos.

Testimonios

En una carta de 1827, escribe Leandro Moratín: «Goya dice que él ha toreado, en su tiempo, y que, con la espada en la mano, a nadie teme. Dentro de unos meses, va a cumplir ochenta años». (Puede leerse ahora en la edición de René Andioc del «Epistolario» de Moratín, publicada por Castalia).
Ocho años después, escribe Valentín Carderera: «Goya se transformaba, los días de toros, con su gran sombrero, su chupa y capa terciada, y, con su espada debajo del brazo... entablaba relaciones con los toreros de más nombradía, injeríase, identificábase con aquellas interioridades que más perfectamente revelan el carácter de sus héroes». Es exactamente lo mismo que ha contado Pierre Cabanne de Picasso: ¡cuánto debieron de «sufrir» Goya y Picasso, por ir a los toros!
Carta de Goya a su amigo Martín Zapater don de se demuestra su afición a los torosCarta de Goya a su amigo Martín Zapater don de se demuestra su afición a los toros
Conocemos la intimidad de Goya por el epistolario con su amigo Martín Zapater (editado por Xavier de Salas, que fue Director de esta misma Academia). En 1784, al enterarse de que había estado enfermo, le aconseja Goya: «Tienes muchos asuntos y te pide el cuerpo venir a Madrid, lo dejas todo y te vienes a ver cuatro fiestas de toros y comedias y te ríes muy bien de todo...» Es el mismo consuelo que él buscará, diez años después: «Yo estoy lo mismo, en cuanto a mi salud; unos ratos, rabiando, que yo mismo no me puedo aguantar... El lunes, si Dios quiere, iré a ver los toros».
En realidad, la Fiesta supuso siempre, para Goya, la conexión sentimental con la España popular, profunda, con sus luces y sombras, más allá de Fernando VII. (Lo mismo que le sucedió a Picasso, en época de Franco). Por eso, seguirá firmando sus cartas como «don Francisco, el de los toros». Es lo más lógico, en un terrible «antitaurino»...

Capital Animal

Ha organizado esta exposición Capital Animal, que habla de Madrid como un «espacio relacional». Uno de sus directivos denuncia que los activistas que saltaron al ruedo de Las Ventas el 4 de mayo de 2008 «fueron arrastrados por el albero impregnado de la sangre del primer toro asesinado y de la orina de los caballos»: ¡terrible tortura para un animalista!
El vídeo del cantaor lo ha patrocinado la Fundación Franz Weber, suiza, que ha asesorado aPodemos en su intento de prohibir los toros en Baleares. Su «director para el Sur de Europa y Latinoamérica» es el argentino Leonardo Anselmi, que se declara activista antitaurino «a tiempo completo». Han premiado a un pueblo de Valladolid, Trigueros del Valle, por declarar «vecinos no humanos, con igualdad de derechos, a perros y gatos»...
Así son algunos antitaurinos, ya lo sabemos. ¿Por qué no van a intentar cambiar la imagen de Goya? De una obra de arte se puede decir casi todo. Quizás alguien opine que Fra Angelico no era creyente o que Sorolla pintaba niños desnudos, en las playas valencianas, para denunciar la falta de higiene... ¿Goya antitaurino? Una manipulación más. Lo lamentable es que una institución tan respetable como la Real Academia de Bellas Artes se haya prestado a acoger algo en lo que no importa el arte sino el discurso más sectario.

Nota: Artículo pulicado en ABC
Nota 2.  El Ministerio de la Verdad es una institución ficticia ideada por George Orwell para su novela 1984, y es uno de los cuatro ministerios con los que "El Partido", el Ingsoc, ejercía el gobierno en esa novela. Los nombres de los ministerios en 1984 se refieren al "doblepensar", de modo tal que la principal función del ministerio de la verdad es la reescritura de la historia y el falseo de ésta.

jueves, abril 28, 2016

El tonto no descansa: ahora, por Goya

José Ramón Márquez

Ahora el revuelo es con Goya. El tonto antitaurino (antibostaurus sempervirens) siempre está a la gresca con su denodada lucha y una de las cosas que más puede fastidiarle en el plano artístico es la indubitable afición del genio de Fuendetodos a la tauromaquia. Es que aquí no hablamos de un artistucho de cuarta categoría que pintó cuadros para iglesias a tanto alzado, sino de una de las más fascinantes personalidades artísticas de los últimos dos siglos, explorador de caminos, iniciador de estilos, de un pintor genial en el sentido antiguo y respetable del término, cuando éste se aplicaba a los genios de verdad y no a un tío que tira las cañas de maravilla, tal y como ocurre en nuestros días.

Al antitaurino, que profesa por lo que él denomina “cultura” la misma veneración laica que por ella sentían los nazis aquellos que se solazaban escuchando la impresionante 9ª Sinfonía deBrückner a escasos metros del lugar donde se estaba gaseando a los hebreos, le estorba enormemente en su dibujo infantiloide/interesado la presencia de un auténtico genio de talla universal colocado del lado de la, para él, nefanda tauromaquia. Imaginan a un Goya devorando tofu y alimentos orgánicos que le asemeje a su ridícula concepción de un mundo basado en el principio de «viva la gente / la hay donde quiera que vas».

El animalismo va por su lado, pero tampoco podemos dejar de lado la perenne búsqueda de la novedad de los nuevos profesores, tesinandos, gentes de la Universidad. Debemos aceptar que su camino es altamente arduo, si su vocación les lleva al estudio de grandes genios. La capacidad de innovar en caminos que han sido trillados por mentes de gran altura intelectual, y citemos aLafuente Ferrari en Goya como incontrovertible autoridad, lleva en muchas ocasiones a los investigadores a hacer el ridículo sólo por su afán en buscar novedosos enfoques, ángulos nunca vislumbrados, perspectivas novísimas. Los pobres también tienen que ganarse las habichuelas, y es justo que traten de vender sus burras a quien las quiera comprar: en este caso al estamento antitaurino tan bien engrasado con dineros de ignota procedencia internacional. En este caso lo que más puede llegar a chocar es que instituciones a las que supone cierta seriedad tales como el Museo del Prado, que es quien abrió la veda, o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, avalen memeces de tipo coyuntural tan alejadas de la realidad, piruetas teóricas que no sólo no vienen avaladas en modo alguno por evidencias científicas, sino que son desmontadas por la pura evidencia de ver los retratos cuidadosos con los que Goya pinta a sus ídolos, al torero Pedro Romero, al ganadero  Duque de Osuna, al encierro de los toros en (acaso) La Muñoza, junto a los lances de las corridas, el desparpajo de las banderillas, la luminosidad del arrastre del toro con la plaza llena de público sin recrearse en los cadáveres de los pencos corneados que quedan en el redondel. Goya exprime la vida y exprime la tauromaquia en su obra como expresión del jolgorio en el que lo elitista y lo popular se unen en un espectáculo festivo y luminoso.

Y si alguien quiere buscar, hurgando en la serie de La Tauromaquia y juzgando con honestidad a Francisco de Goya, lo que hallará es un aficionado ya mayor y desencantado. No con la tauromaquia en sí misma, sino con la fantasmagoría de la época que le tocó vivir. Les pasa -nos pasa- a todos los aficionados. ¿Cómo comparar a Pedro Romero con la actual decadencia?, diría el aragonés. ¿Cómo comparar nosotros a Antonio Bienvenidacon lo que hoy se ve en cualquier plaza de toros?, diríamos hoy. Goya es un aficionado que reniega de las formas que toma el toreo cuando él es ya viejo, como hacemos casi todos, y  reniega, como renegamos, de la deriva del arte de torear en épocas que no nos pertenecen. Diríamos hoy: ¿qué comparación es posible en los modos de torear entre uno del montón de los años setenta con el mejor de hoy día?

 Goya no está interesado en el toreo que se produce en sus días al final de su vida, como les pasa a tantísimos aficionados -mismamente mi abuelo o a Edgar Neville se me vienen a la cabeza-, porque eso ya no es su fiesta, su gente, su estilo, su época. Por eso es que se pone a retratar lo extraordinario: la cogida del alcalde de Torrejón o la de HilloJuanito Apiñániz, el diestrísimo estudiante de  Falces, la plaza partida… Los toros en sí, su fascinación juvenil  y enamorada por ellos ya está plasmada en otros sitios: en esa escena de capea del toro del aguardiente en Carabanchel Alto. Viejo y desencantado, sólo le quedan los recuerdos más fuertes que son los que plasma de manera magistral en su tauromaquia. Y esa visión descarnada y ruda, brutal y llena de fuerza es la que completa de manera perfecta su círculo como aficionado, por más que se empeñen los ignorantes en no entender su peripecia.

Nota: Este artículo se publicó el pasado día 26 en “Salmonetes ya no nos quedan “



martes, abril 26, 2016

Sobre la exposición "Otras tauromaquias En el 200 aniversario de la Tauromaquia de Goya" (Juansintierra)

El poderoso y bien financiado grupo de presión "antitaurino", ha organizado en la sede de la Real Academia de San Fernando, una exposición, donde su comisario el Sr Doctor, llega a defender la tesis de que Goya, Francisco de Goya y Lucientes, fue el primer antitaurino. Afirma desde su magisterio, que esta interpretación es legitima y no por novedosa, menos certera que la habitual. Para defender esta asombrosa conclusión se basa en algunos trabajos realizados por Goya en Burdeos en sus últimos años de vida. Siguiendo esta "moderna" visión expresada por este señor, podriamos llegar a la conclusión de que Joselíto el Gallo fue corneado en Talavera, porque morir en los cuernos de un toro era su manera de expresar que él también era un antitaurino.
Vivimos instalados en el "todo vale". El loby antitaurino, es capaz de cualquier desatino con tal de estar siempre en el candelero y llamar la atención de los medios. Como decía Elias Caneti: "¡Que bien suena la mala música cuando acompaña el cadáver de un enemigo". Por cierto, ¿quién paga la "mala música" de los antitaurínos? . ¿De dónde sale esa generosa financiación que les permite la organización, en sitio tan `preeminente" de esta exposición?.
JUANSINTIERRA


lunes, julio 06, 2009

Aquelarre (el papa negro)




Javier: Esta mañana he asociado un cuadro de Turner ("La mañana después del diluvio") con un par de obras de Goya y un retumbo de lejano concierto rockero. Poco o nada tiene que ver esto con la afición que nos une. (Tampoco el asunto del "Minotauro").



sábado, mayo 03, 2008

Los desastres de la guerra -crónica de la goyesca- (el capitán alatriste)


LOS DESASTRES DE LA GUERRA
A las nueve y media de la mañana, Antonio García Barbeito diseccionó el 2 de mayo con el punzante escalpelo de su voz, augurando que si Goya tuviera que plasmar la España de hoy, rompería los pinceles. Doce horas después, amplío la conjetura de Barbeito aseverando que el genio zaragozano, gran aficionado a los toros, hubiera ingerido medio litro de aguafuerte antes que cincelar un solo grabado de la corrida de esta tarde.
Los “valdefresnos”, seis toros de mansedumbre histórica, corrieron hacia los chiqueros como un ejército en retirada. Ni siquiera el repliegue francés en Waterloo resultó tan descorazonador. Uceda comenzó su primera faena en el tendido 8 y la terminó en la trinchera del 3. Fue un inquietante vaticinio.
El segundo toro se dejó caer al callejón como una granada de mano. Afortunadamente, no llegó a estallar; y en venganza, “Alcalareño” le puso las banderillas a la virulé. El Cid, que se las vio con un ejército inválido y volvió a ser el pincha-uvas de tiempos pasados, estuvo sublime en un quite por verónicas al que abrió plaza, cuando todavía fulguraba un rescoldo de esperanza en el ambiente.
Al tercer choto de capea, cuando el rescoldo de esperanza ya era una montaña de cenizas, la plaza despertó y acusó al Presidente de “afrancesado sinvergüenza”. Durante la alharaca, también se mentó a la madre de Napoleón. Y coincidiendo con la pañolada verde, se escuchó: “¡Que estamos en Madrid, coooño!”. Castella no apaciguó los ánimos, y anduvo espeso, encimista y fuera de cacho con el sobrero de Alcurrucén y el sexto de Valdefresno. La lidia de este último, por cierto, fue criminal.
Los cabestros de Florito y Curro Molina recibieron las dos únicas ovaciones del aciago 2-M. En tardes como ésta lo mejor es sacar bandera blanca, y que cada uno tire pa´su casa (o para “El Puerta Grande”, como fue mi caso).
Nota: Siento publicar este post con retraso...pero acabo de encender el ordenador.
Foto: Juan Pelegrín

sábado, diciembre 15, 2007

Goya: ¿Ya enticipó lo que nos esperaba? (Alma)



GOYA: ¿YA ANTICIPÓ LO QUE NOS ESPERABA?
Últimamente hemos visto en el blog alguna que otra imagen de distinas escenas de Tauromaquia realizadas por diversos artistas. Pero hoy volveré a centrarme sobre quien cosidero que es uno de los mejores artistas, tanto a nivel nacional como internacional. Personalmente me gusta su obra final y sobre todo la obra de los Grabados, su obra más íntima y personal.
No quiero hacer de esto solamente un análisis artístico, sino también una reflexión, a través de una metáfora comparativa con dos obras goyescas.
Como bien se ha dicho y ya se ha mostrado en el blog, Goya realizó los grabados titulados "Tauromaquia" (1816). En esta obra se ven diversas escenas del mundo taurino, y en ellas Goya nos muestra diversos aspectos del toro, entre ellos la bravura y la potencia del toro, y en la mayor parte de las escena nos dan esa sensación de dramatismo, como bien nos mostró Javier en el grabado de "La desgraciada muerte de Pepe Hillo"
Pero no me quería detener ahí, sino en otra escena "El toro mariposa", perteneciente al conocido "Album G" realizado en Burdeos entre 1824 y 1828, durante el exilio del aragonés (por si os interesa, este dibujo se expone actualmente en el Museo del Prado). En esta escena Goya nos representa algo que no pertenece al mundo taurino real, sino que nos muestra un toro con las patas abiertas de manera inestable, dotado de unas alas de mariposa. Mientras el toro permanece en el aire es observado por unos rostros caricaturescos, que también tienen alas de mariposa, y se ríen de él, por su ridícula condición. El vuelo del toro se puede interpretar como una metáfora de la inestabilidad y la irrealidad.
He querido analizar un poco estas obras, no con la intención de aburriros, sino para poder compararlas un poco, porque como vemos Goya nos presenta dos mundos taurinos distintos. Y aquí llega mi reflexión, mis preguntas o como lo quieran llamar: ¿Estaría Goya anticipándonos un cambio en la tauromaquia? ¿Nos estaría anticipando lo que nosotros estaríamos destinados a presenciar? ¿Nos estaba enseñando lo que sería el "futuro" de la Fiesta? ¿Quizá somos nosotros, (este pequeño grupo de grandes aficionados que pedimos la integridad de la fiesta) ese híbrido de toro alado, y esas caricaturas camufladas en las alas de las mariposas podrían ser esos taurinos que sólo miran por sus beneficios y se rien de nosotros?
Para acabar el post, que se ha alargado más de lo que pensaba, me quiero quedar con una frase del pintor. Una frase de un Goya anciano, de unos 8o años y exiliado Burdeos y con unas condiciones difíciles, tanto económica como personalmente. En Burdeos realizó sus últimas obras, entre ellas este "Toro mariposa" y de sus últimas obras dijo que habían sido creadas cuando "ni vista ni tintero me falta y sólo la voluntad me sobra". Vemos como Goya, aún en su difícil situación, sigue teniendo esperanza y voluntad. Y con esa frase me quiero quedar. Quizá debemos hacerla algo nuestra y tomarla a la hora de luchar contre el mundillo de taurinos que nos rodea y que intenta manejarnos a su antojo y a los que les molesta que luchemos.
Así que nada, compañeros, no os aburro más con el post, pero recordad otra última cosa, a nosotros, los del autobus, "la voluntad nos sobra" para luchar contra lo que consideramos nuestro y defendemos: Una fiesta íntegra y justa.

Goya y Carnicero: Las Tauromaquias (el papa negro)



GOYA Y CARNICERO: LAS TAUROMAQUIAS
MUSEO DE ARTE ABSTRACTO ESPAÑOL

Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, 1746 – Burdeos, 1828) y Antonio Carnicero (Salamanca, 1748 – Madrid, 1814).
Ambos, cada uno dentro de su estilo y de acuerdo con su tiempo, deciden, en su madurez, hacer una serie de grabados sobre un tema tan español como es el arte de la lidia.
Goya realiza La Tauromaquia, una serie de 40 aguafuertes, entre 1814 y 1816. Las primeras estampas son ilustraciones de un texto de Nicolás Fernández de Moratín, la Carta Histórica sobre el origen y progresos de las Fiestas de Toros en España, publicado en 1777. En el resto de los grabados, Goya se desvincula de los textos y se basa en su experiencia personal: recuerdos de lidiadores que conoció en su juventud (Martincho, Juanito Apiñani o la Pajuelera), la muerte de Pepe Illo, o simplemente, con su magistral capacidad para captar el movimiento, anota las suertes del toreo.
Carnicero dibujó y grabó la Colección de las principales suertes de una corrida de toros entre 1787 y 1791. Esta serie de 13 estampas ilustra los diferentes lances de una corrida, desde la suerte de varas hasta el arrastre. Publicada unos 25 años antes que la de Goya, la serie de Carnicero tuvo sin duda una gran influencia en las futuras representaciones del arte de la tauromaquia, incluso en la del propio Goya.
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) La Tauromaquia, 1814-16 Grabados al aguafuerte, aguatinta bruñida y punta seca sobre papel; 7ª edición, 1937 38 x 57 cm Fundación Juan March
Antonio Carnicero (1748-1814) Colección de las principales suertes de una corrida de toros, 1787–91 Grabados al aguafuerte, estampas iluminadas sobre papel verjurado 17 x 27 cm Colección privada.

viernes, diciembre 14, 2007

"Lluvia de toros"

Goya

Carnicero y Goya (el papa negro)





Aunque coetáneos creo que la visión de la Tauromaquia de estos pintores es muy diferente. Carnicero era un castizo costumbrista y Goya era un genio trágico.
(En el Lázaro Galdiano hay estampas de la Tauromaquia de Carnicero: Poco que ver con el monstruo aragonés.)
Incluyo la estampa goyesca de “la desgraciada muerte de Pepe Hillo (1801)” de terrible patetismo.

viernes, noviembre 16, 2007

El eje de la lidia VII- El puyazo ha de ser delantero-



El puyazo ha de ser, siempre, delantero. Veáse la Turomaquia de Goya, cronista taurino de la época primigenia de la fiesta: todo puyazo que Goya pinta es en el morrillo. Ahí, en ese queso-bola que dicen los castizos, sangra el toro sin que le hiera las zonas vitales; y pues el queso-bola corona la tabla del cuello, se descuelga-que dirían los taurinos del tiempo presente-, se ahorman -que dirían los clásicos-. Descolgado o ahormado el toro, humillará sin que haya perdido la fuerza esencial. De su correcta factura devienen esas faenas de muleta hondas, si el torero es experto y valiente o, si inexperto y medroso, no tanto, pero siempre emocionantes, pues la emoción la pone el empuje del toro, suficiente para liberar cuanta casta brava lleva dentro.
Joaquín Vidal ("El Toreo es Grandeza")