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sábado, mayo 17, 2014

El desencanto de los tendidos (Rogelio Reyes)


         El pobre balance artístico de las corridas de Feria de este año en la plaza de Sevilla invita a algunas reflexiones que afectan a la esencia misma de la fiesta, a su inmediato futuro y a su pervivencia en el tiempo tal como hoy la entendemos quienes pugnamos por evitar la progresiva desnaturalización de un ritual antropológico y cultural de tanta grandeza. Y también claro está, por asegurar la seriedad y el prestigio de una ciudad como Sevilla, referencia angular en la génesis y evolución del arte taurino y hoy por desgracia en trance de erosionar frívolamente tan alto patrimonio.
         Las exigencias de unos  y los intereses de otros, la contumancia de éstos y las torpezas o inhíbiciones de aquellos han hecho imposible, contra toda lógica, la solución a un problema -el desacuerdo entre la empresa y cinco de las primeras figuras- que debería haberse resuelto con altura de miras, evitando el deterioro de una plaza, una afición y una ciudad en fiestas que no merecían tan desatento y al mismo tiempo tan suicida desenlace.
         Una muestra más en mi opinión, de la perdida de pulso y de la desalentadora inconsciencia con que la Sevilla de hoy se revela, tanto en este como en otros aspectos de su perfil social, incapaz de situarse al nivel de su categoría historica y de su probervial sentido del decoro.
         Que un lugar donde la tauromaquia nunca ha sido un aderezo intrascendente sino un rasgo central central de su identidad no haya logrado evitar tan desafortunado final, no hace sino confirmar los augurios mas pesimistas sobre la escasa entidad de su sociedad civil y de sus mismas instituciones.
         La drásctica reducción de los abonos, la triste visión de los graderios semidesierto y la falta de ilusión del público han hecho un flaco favor a la imagen del toreo y han generado en la afición un desencanto de consecuencias nada propicias al arraigo social de la corrida.
         Y ello en el momento más inoportuno, cuando la fiesta de los toros, además de hacer frente a los envites foráneos de la sensiblería animalista y del sectarismo político, se ve paradojicamente obligada a defenderse también de los propios adversarios internos que parecen ignorar que solo en la autenticidad tiene garantizada la supervivencia.
         Sería un error sin embargo, atribuir en exclusiva el corto resultado de este año a la ausencia coyuntural de esos cinco matadores. Su vacío se ha dejado sentir en la desatención del público, en su aburrido talante, en el escepticismo con el que ha acudido a la plaza y en su falta de fe en el torero o aún muy bisoños e inexpertos o, salvo algún noble gesto de pundonor bastante mermados de ánimo.
         Es obvio que, de haber estado los cinco en los carteles, el balance de la lidia hubiera sido menos desolador de lo que ha sido. Pero no hasta el punto, en mi opinión, de hacernos olvidar el mal que con más fuerza contribuye al desánimo del aficionado y a la irritante frustración con que, al borde del abandono, viene asistiendo desde hace ya algunos años, una tarde tras otra, al reiterado episodio de la degradación del toro de lidia.
         Se pulsa en los tendidos el progresivo desaliento de una afición que sostiene a la fiesta y que pacientemente soporta hasta la náusea un intolerable ritual de monotonía. Monotonía en la factura técnica de los nuevos toreros, contagiados de un sobreactuado manierismo de escuela que enmascara su genuina personalidad. Monotonía en la elección de los lances, más sujetos a modas que adecuados a las axigencias de la lidia. Y monotonía -y esto es lo más grave de todo en la escasa fortaleza del ganado, tal vez más “noble” y “bonancible” que nunca, acometiendo en el mejor de los casos, una y otra vez a la muleta con la regularidad de un autómata pero con la flojedad y cansina embestida de un animal prematuramente rendido.
         No sabría decir si es o no verdad, como muchos afirman, que hoy se torea mejor que nunca. Sí desde luego más ceñido, con más ligazón y más voluntad estética que antaño, lo que parece reclamar un arquetipo de toro que posibilite faenas largas y repetitivas, con más desmesura numérica que condensación técnica y con más belleza formal que efectividad lidiadora en sentido estricto.
         Nada habría que objetar a la legitimidad de ese canon, producto al fin y al cabo, como en todas las expresiones artísticas de la natural evolución de los gustos, si la obsesiva búsqueda de ese toro ideal no hubiese derivado en la cansada uniformidad de hoy y en el aburrimiento que suscita la alarmante proporción de reses sin fuerzas, al borde de la caida o faltas de movilidad, como salen por los chiqueros de nuestras plazas. Que hacen del todo imposible la práctica del toreo al faltar la emoción, piedra angular de la tensión dramática que exige la fiesta.
         Bienvenidas sean, por supuesto, las campañas destinadas a ponderar el enorme peso cultural y artístico de la fiesta de toros, su profundo sentido antropológico y su significación simbólica como metáfora de la condición humana. Y también, naturalmente, las iniciativas que busquen el acercamiento de nuestra juventud a tan rico y hermoso patrimonio del todo ausente, de manera incomprensible, de nuestro sistema escolar.
         Gestos todos ellos encomiables para neutralizar toda una desafección a las corridas que por lo general procede más del desconocimiento que de la inquina de sus detractores. Pero antes habrá que asegurarse de que es en el mismo ámbito taurino donde primero se propugna la verdad de la fiesta, no sea que alanceando solo a los peligros externos y condescendientes con los propios nos encontremos un buen día con los tendidos despoblados de aficionados repletos de desencanto.

ROGELIO REYES
Real Academia Sevillana de Buenas Letras

Nota Artículo publicado en Abc de Sevilla el pasado día 15 y que nos lo remiten los amigos de la UTAA-Sevilla


domingo, diciembre 16, 2012

¿Toro bravo o animal de granja? (François Zumbiehl)



En el argumentario presentado para la inscripción de la corrida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de Francia, el tema ecológico ha tenido un impacto importante. Se ha insistido en el hecho de que el toro bravo vive en libertad durante cuatro años, bajo una mínima vigilancia del hombre, en espacios extensivos que preservan la fauna y la flor salvajes, que él mismo es un compendio casi perfecto de la alianza entre naturaleza y cultura, y que la Fiesta está basada en el respeto y el mantenimiento a toda costa de su condición de animal bravo, es decir de origen salvaje.
Pues bien, viendo los resultados de la última temporada, donde en demasiadas ocasiones los toros de las figuras, en el mejor de los casos, «se dejan», uno se pregunta dónde va a parar la pérdida de casta. Uno se pregunta además si las condiciones de cría de este ganado corresponden a lo que ha sido mencionado en la ficha francesa, o si ya se trata de una presentación idílica de la realidad, salvo muy honrosas excepciones.
Es obvio que cada vez más vivimos en una sociedad donde impera la rentabilidad, donde también la apariencia a los ojos del consumidor prima sobre el fondo. Como los melocotones con sus colores relucientes, los toros tienen que impresionar por su tamaño, su peso – lo que descarta muchos encastes antiguos - y sus pitones astifinos. Luego vienela incógnita del sabor para los unos, y de la casta para los otros. La rentabilidad se impone asimismo al espectador y al torero, por lo menos al que se encuentra en condiciones de hacer prevalecer su criterio, y eso exige que el toro colabore inmediatamente, que no ofrezca casi resistencia, que no haga perder tiempo con los tanteos de la lidia, y que permita el número suficiente de pases como para cortar orejas, lo cual da fe al público-consumidor que no ha perdido el dinero de la entrada.
La rentabilidad también se impone al final a muchos ganaderos y les lleva a reservar para su ganado cercados cada vez más reducidos, ahorrando de esta manera espacios para actividades más productivas que el pasto, y por supuesto a colocar fundas a los toros para que no se estropeen los pitones y no se pierdan animales por ser heridos o muertos en las peleas del campo.
¿Cuál es el resultado de todas estas manipulaciones, que se juntan con las que imponen los reglamentos sanitarios exigidos por Europa, y con las que sirven para fortalecer las patas de los animales debilitados por no tener ya la posibilidad de recorrer a su aire amplios espacios? Pues que el toro bravo, por su imagen – ¡nada más feo y contraproducente para el significado de la Fiesta y su valor ecológico que ver a estos animales enfundados y acorralados! –, por su convivencia acentuada con el hombre y me temo que por su comportamiento, está cada vez más cerca del animal de granja que del animal salvaje.
Si de verdad queremos preservar el equilibrio fundamental de la tauromaquia y defender la idea que constituye, más allá de las consideraciones económicas, un auténtico patrimonio cultural, todos tenemos nuestra responsabilidad. Los toreros tienen que considerar el medio y no sólo el corto plazo en sus exigencias en cuanto al ganado.¿Vale la pena acumular tantas tardes grises con toros descafeinados, sobre todo cuando uno es torero de poder y podría triunfar clamorosamente con animales más encastados? A los aficionados conviene aprender o reaprender a asumir las incertidumbres inherentes a la Fiesta, saber aplaudir a los toreros que lidian de forma decorosa incluso cuando el toro no les permite estar lucidos.
Tienen que aceptar también que los pitones estén a veces astillados o ligeramente estropeados precisamente porque están intactos y porque estos defectos se deben únicamente - ¡no seamos mal pensados! - a las vicisitudes naturales del campo. ¡Un cuerno astifino puede ser tan artificial como las uñas largas y puntiagudas de algunas señoras!
Pero la responsabilidad mayor incumbe sin lugar a dudas a los ganaderos. Merecen el respeto de los otros profesionales, de los aficionados, y la protección al mismo tiempo que la vigilancia de las autoridades autonómicas y estatales. Y ahí se me ocurre que hay que marcar una clara diferencia entre los que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible latradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado. Este precio debería, en particular, integrar elporcentaje de pérdidas de animales en el campo, del mismo modo que la venta del pescado fresco – por eso es más caro que el congelado – integra el porcentaje de pescados que resultan inaptos para el consumo.
Por supuesto, estos no son más que los principios de base para preservar, como lo he dicho antes, el imprescindible equilibrio entre naturaleza y cultura, fundamento a mi modo de ver de la cría del toro bravo. Luego viene todo el trabajo de selección y de determinación de los criterios por parte del ganadero. A este respecto sueño con una Fiesta en la que el toro vuelva a ser el protagonista, con ferias en las que el empresario elija las ganaderías ateniéndose a las exigencias de los públicos y después contacte con los toreros interesados en matarlas…
Estas propuestas pueden ser tachadas de ingenuas o utópicas, molestar a algunos profesionales, bien lo sé. ¡Ojalá estimulen otras propuestas mejores aún! En los toros, como en la vida, hay que arrimarse y adelantar la pierna para tener futuro.
François Zumbiehl en abc

Nota: En este post me he saltado dos normas, la primera es la de no publicar fotos de toros  con las siniestras fundas y la segunda la de no copiar un artículo completo. 



sábado, noviembre 17, 2012

Habla Victorino Martín

—El toro tiene que ser fiero y no eso de «toreable»...(...)El problema es que han inventado el toro fácil, sin emoción. Y eso no es la Fiesta...
De una entrevista en ABC de Valerio Merino a Victorino Martín 
Foto: Juan Pelegrín

ABC premia a uno de los nuestros

Por primera vez, el Premio Taurino de ABC se concede a un ganadero, Victorino Martín. Además de los méritos indudables que el premiado posee, el hecho me parece importante y significativo. Al elegirlo, el Jurado ha apostado por lo que constituye el fundamento esencial de la Fiesta: el toro encastado, íntegro, fiero; el toro que asusta y emociona al público. En momentos tan difíciles como los que vive hoy la Tauromaquia, es evidente la oportunidad de insistir en la importancia decisiva del toro.
(...)
 Sobre todo, Victorino logró convertirse en santo y seña del toro auténtico, el predilecto de los aficionados más exigentes, frente a la decadencia de la casta, en tantas ganaderías de las llamadas «comerciales»... Por eso, distinguir a Victorino significa, en definitiva, un premio al toro bravo.
Andrés Amorós (en abc el 17/11/2012

foto: Juan Pelegrín

lunes, octubre 29, 2012

De una entrevista a Emilio Muñoz

 "¿es que los toreros actuales torean mejor que Camino, El Viti, Ordóñez, Puerta, Luis Miguel, Miguelín y que tantos y tantos? Yo no digo que Morante no toree muy bien, que José Tomás no sea el adalid del valor… pero las posturas o las colocaciones me parecen que son diferentes».
En el toreo de Juan Belmonte, si recordamos por lo leído, su máxima era que el toro tenía que girar alrededor de él, y que había líneas curvas, no paralelas. Eso se basaba en que las puntas de los pies tenían que mirar a las puntas de los pitones y ahora eso no es así. Sobre todo en el segundo y en el tercer muletazo».
  «Es que el toreo que yo he conocido eran veinte o veinticinco pases. Las faenas eran más cortas pero más intensas. Hablo de los conceptos. Sinceramente, me molesta que haya quien diga, con todos mis respetos y mi admiración a todos los toreros que hay, que hoy se torea mejor que nunca. Que hoy se le hacen al toro más cosas que nunca, por supuesto que sí porque también el toro lo permite. Se ha llegado a una “perfección” de la embestida del toro. Hemos buscado una toreabilidad tan grande que quizá el toro haya perdido esa agresividad, que era lo que hacía que pudieses intentar quebrar a ese toro. Quebrar rompiéndolo, obligándolo».
 ¿Y hoy se puede formar un lío gordo con 25 muletazos? Nueva sentencia del trianero. «El único que puede hacerlo se llama Morante de la Puebla. Y tiene la obligación de torear mejor. Lo argumento: no torea igual con el capote que con la muleta. ¿Por qué? La colocación. Se coloca mucho mejor con el capote, le da más el pecho a los toros con el capote que con la muleta. Y voy a ser claro y directo: hoy se da un paso atrás en descargar la suerte, y paso que da uno atrás es paso que da adelante el toro».
De una entrevista de Fernando Carrasco a Emilio Muñoz en ABC

miércoles, junio 02, 2010

Baroja, Belmonte y "El Gallo" (Antonio Diaz Cabañete)


Hoy, mientras leía el artículo de Rosa Jiménez Cano sobre el "nuevo entrenamiento de los toreros", me ha venido a la memoria la pregunta de Pío Baroja a Rafael "El Gallo". Copio:
-¿Y hacen ustedes mucho ejercicio físico?
-Ninguno-contesta rápido Rafael-; yo me he entrenado toda mi vida fumando puros.
Nota: "pinchar" sobre la imagen para ampliarla. Es un artículo de Diaz Cabañete en donde relata el encuentro entre Baroja, Belmonte y Rafael "El Gallo" . De este artículo he copiado la pregunta y respuesta.
Nota al papa negro: ¿Qué no hubiésemos dado por estar ahí?

sábado, abril 17, 2010

Paco Camino habla con Andrés Amorós (el papa negro)



PACO CAMINO a ANDRÉS AMORÓS:

-Tú le has dado más importancia a las distancias que al temple.
-Todo es importante, delante del toro. Pero el temple, casi siempre, lo da el toro, tanto o más que el torero. Y depende, en gran medida, del número y la forma de los puyazos

Aquí :
http://www.abc.es/20100417/toros-toros/zapatero-primer-culpable-intento-20100417.html

domingo, febrero 07, 2010

"Un decálogo Taurino" (Andrés Amorós)



3 - La Tauromaquia es la Fiesta del toro bravo: sin el toro, simplemente, no existiría. Como afirma Sáenz Egaña, el toro bravo es «la máxima aportación española a la zootecnia universal». Este hermosísimo animal no es «naturaleza» sino «cultura»: el fruto de un delicadísimo proceso de selección, una creación humana. La desaparición de la Fiesta supondría la extinción de este hermosísimo animal.
(...)
En una fotografía de Cano se ve a dos personajes toreando, al alimón, una vaquilla. Cada uno sostiene el capote por un extremo. Uno de ellos es don José Ortega y Gasset; el otro, don Domingo Ortega. No cabe mejor símbolo de la unión de nuestra cultura con la Tauromaquia.

domingo, diciembre 20, 2009

Los enemigos del toro (Manuel Martín Ferrand)

Hoy en abc. Enlazo copio el último párrafo:
El peligro para los toros no está en quienes los aborrecen, sean cuales fueren sus razones, incluso las antiespañolas que cabe sospechar en Cataluña; sino en los taurófilos de oficio y beneficio, en los criadores de animales sin casta y bravura, en los toreros sin arte, en las transferencias autonómicas que disminuyen la condición nacional del espectáculo y, sobre todo, en el matonismo de la Administración y de los empresarios taurinos que, en feliz compaña, abusan de los taurófilos.