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lunes, marzo 24, 2014

Sobre unas palabras de Gerardo Ortega en Tierras Taurinas

"Estamos locos: todo el mundo echando herbicidas en los cercados para quitar la hierba. Pero queda el herbicida. No puede ser. Te quieren obligar a tenerlos en un cercado pequeño, estabulado , para que se pongan gordos. Y así los ves, metidos en el fango en una cerca de una hectárea. No hacen más que comer. Se parecen a los cebaderos de mansos. Por eso han inventado los gimnasios...corren hasta a los erales. Sólo falta enseñarles a hacer pesas. Y que no falten anabolizantes y demás inventos...Si les mandan mear antes de subir a la pasarela, habría sorpresas(...)
El ganado manso, al no ser autóctono, no ataca al monte. (...) El bravo si que ayuda a la limpieza del monte y, en cuanto a un árbol le quitas toda la maleza, le das más vida.(..)
Pero mira, Este año no hay hierba en ningún lado, pero yo tengo bellotas. Y has visto el cuajo que tienen los utreros, y no han olido ni un kilo de pienso desde que los herré, hace año y medio. Están en una cerca de 130 hectáreas para 30. Y los ves comiendo aceitunas, bellota o monte en la otra punta. Continuamente están andando."

Gerardo Ortega en el último Tierras Taurinas , "Viaje a la Sierra de Aracena"

Nota: Me viene a la memoria estas lineas de François Zumbiehl en abc "¿Toro bravo o animal de granja?"
 hay que marcar una clara diferencia entre los ganaderos que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible la tradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos ganaderos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado.

Foto: Gerardo Ortega